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18/6/17

Procesión del Corpus Christi

El próximo sábado 24 de junio después de la celebración de la Santa Misa a las 20.00 h (se adelanta una hora este día) se realizará una procesión del Corpus Christi por las calles de nuestro barrio a la que estamos todos invitados a participar.

Los días previos (21, 22 y 23 de junio a las 21:00h) se celebrará un Solemne Triduo en honor al Santísimo Sacramento.

30/5/16

Triduo a Jesús Sacramentado y Procesión de la Octava del Corpus


Durante los próximos días 1, 2 y 3 de Junio a partir de las 21'00 h,, organizado por la Hermandad de la Sagrada Cena, se celebrará en nuestra parroquia un Triduo a Jesús Sacramentado.

El sábado, como colofón a estos días eminentemente eucarísticos, tras la Santa Misa, que se celebrará a las 20'00 h., saldrá por las calles de nuestra feligresía la procesión de la Octava del Corpus a la que invitamos a participar a todos los fieles.

19/6/14

Celebración del Corpus Christi 2014 en nuestra Parroquia

Complementariamente a la celebración del Corpus Christi en la Catedral el próximo 22 de junio a las 19:00 h y luego la tradicional procesión,

como viene siendo habitual en los últimos años en nuestra parroquia celebramos la octava del Corpus Christi con el siguiente calendario:

Triduo en Honor de Jesús Sacramentado (Santa Misa y después Exposición del Santísimo)

  • 25 de junio, miercoles a las 21'00 h,
  • 26 de junio, jueves a las 21'00 h.
  • y 27 de junio, viernes a las 21'00 h.

Misa solemne de la Octava del Corpus Christi
  • 28 de junio, sábado, a las 20'00 h celebrándose a continuación la procesión con Jesús Sacramentado por las calles de nuestro barrio.

El recorrido de la procesión será el siguiente: Salida del templo, Avda. de Guerrita, Manuel Fuentes "Bocanegra", Manuel Calero "Calerito", Avda. de Lagartijo, Avda. de Guerrita, Manuel Fuentes "Bocanegra", Manuel Cano "El Pireo", José Mª. Martorell, Francisco González Panchón, José Dámaso "Pepete", Avda. de Guerrita y retorno al templo.

28/5/13

Prevista adoración única de la Iglesia universal al Santísimo Sacramento el 2 de junio

La Iglesia universal realizará un gesto único el 2 de junio, día de Corpus Christi, de 17:00 a 18:00 (hora española) por el Año de la Fe, hora a la que en nuestra diocesis, el Obispo Demetrio, en comunión con el Papa Francisco, presidirá dicha adoración Eucarística.

«El papa Francisco, con motivo del Año de la Fe, ha convocado a toda la Iglesia a un gesto único: que en la tarde del domingo 2 de junio, día en que la mayor parte de la Iglesia Católica celebra la solemnidad del Corpus Christi, y a la misma hora, todos los católicos del mundo nos unamos en un gesto unánime de comunión con el Señor, y también de comunión con el Vicario de Cristo, con todo el Colegio Episcopal, y con toda la Iglesia extendida por toda la tierra, en una hora de adoración al Santísimo Sacramento»

12/6/12

Celebración del Corpus Christi 2012 en nuestra Parroquia, balconeras del Corpus y próximas Confirmaciones

Como viene siendo habitual en los últimos años en nuestra parroquia celebramos la octava del Corpus Christi con el siguiente calendario:

Triduo en Honor al Santísimo Sacramento (Santa Misa y después Exposición del Santísimo)
  • 13 de junio, miercoles a las 21'00 h,
  • 14 de junio, jueves a las 21'00 h.
  • y 15 de junio, viernes a las 21'00 h.

Misa solemne de la Octava del Corpus Christi
  • 16 de junio, sábado, a las 20'00 h celebrándose a continuación la procesión con Jesús Sacramentado por las calles de nuestro barrio. El recorrido de la procesión será el siguiente: Salida del templo, Avda. de Guerrita, Manuel Fuentes "Bocanegra", Manuel Calero "Calerito", Avda. de Lagartijo, Avda. de Guerrita, Manuel Fuentes "Bocanegra", Manuel Cano "El Pireo", José Mª. Martorell, Francisco González Panchón, José Dámaso "Pepete", Avda. de Guerrita y retorno al templo.
Balconeras del Corpus, a la venta en la Parroquia
  • Están puestas a la venta en la Parroquia colgaduras del Corpus para engalanar los balcones. Precio 10€.
Próximas Confirmaciones
  • El próximo sábado 30 de junio la misa será a las 21h y tendrán lugar las Confirmaciones.

10/6/12

«Tomad, esto es mi cuerpo»

SANTÍSIMO CUERPO Y SANGRE DE CRISTO

Lecturas: Exodo 24,3-8 // Salmo 116(115) // Hebreos 9,11-15 // Marcos 14,12-16.22-26

“Danos hoy nuestro pan de cada día”(Mt. 6, 11), pedimos en el Padre Nuestro. Sin embargo, ese alimento diario, que pedimos y que Dios nos proporciona a través de su Divina Providencia, no es sólo el pan material, sino también -muy especialmente- el Pan Espiritual, el Pan de Vida.

No podemos estar pendientes solamente del alimento material. El pan material es necesario para la vida del cuerpo, pero el Pan Espiritual es indispensable para la vida del alma. Dios nos provee ambos.

Jesucristo murió, resucitó y subió a los Cielos, y está sentado a la derecha de Dios Padre. Pero también permanece en la Hostia Consagrada, en todos los sagrarios del mundo. Y allí está vivo, en Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad; es decir: con todo su ser de Hombre y todo su Ser de Dios, para ser ese alimento que nuestra vida espiritual requiere. Es este gran misterio lo que conmemoramos en la Fiesta de Corpus Christi.

El Jueves Santo Jesucristo instituyó el Sacramento de la Eucaristía, pero la alegría de este Regalo tan inmenso que nos dejó el Señor antes de partir, se ve opacada por tantos otros sucesos de ese día, por los mensajes importantísimos que nos dejó en su Cena de despedida, y sobre todo, por la tristeza de su inminente Pasión y Muerte.

Por eso la Iglesia, con gran sabiduría, ha instituido esta festividad en esta época en que ya hemos superado la tristeza de su Pasión y Muerte, hemos disfrutado la alegría de su Resurrección, hemos también sentido la nostalgia de su Ascensión al Cielo y posteriormente hemos sido consolados y fortalecidos con la Venida del Espíritu Santo en Pentecostés.

Efectos del Sacramento de la Eucaristía
- nutre al alma,
- aumenta la Gracia y

Adicionalmente:

- borra los pecados veniales,
- nos da gracias para cumplir la Voluntad Divina,
- nos fortalece en las tentaciones,
- efectúa “comunión” del comulgante con Cristo y con el prójimo,

LA EUCARISTIA, ALIMENTO “ESPECIAL”

que nos une Cristo

“El que come mi carne y bebe mi sangre permanece en Mí y Yo en él” (Jn. 6, 56)

y nos conduce a la Vida Eterna

“Yo soy el Pan Vivo bajado del Cielo: El que come este Pan vivirá para siempre … Quien come mi Cuerpo y bebe mi Sangre, tendrá Vida Eterna y Yo lo resucitaré en el último día” (Jn.6, 52 y 54)

El Sacramento del Cuerpo y la Sangre de Cristo, lo llamamos también Eucaristía o Comunión.

Pero … ¿SIEMPRE SE REALIZA LA “COMUNIÓN”?

La unión con Cristo o Comunión es posible sólo si al recibirlo lo hacemos con las debidas disposiciones.

Si no tenemos las actitudes correctas de fe y de deseo de imitar a Cristo en todo, no se realiza la “Comunión”.

Recibimos a Cristo con nuestra boca. Pero eso no basta, pues tenemos que unirnos a El en el pensamiento, en el sentir, en la voluntad; con nuestro cuerpo, con nuestra alma (entendimiento y voluntad) y con nuestro corazón.

Bien claro pone esto la Liturgia de la Iglesia en la oración después de la Comunión el Domingo 24 del Tiempo Ordinario:

“La gracia de esta comunión, Señor, penetre en nuestro cuerpo y en nuestro espíritu, para que sea su fuerza, no nuestro sentimiento, lo que mueva nuestra vida”.

Siendo así, nuestra vida humana podrá entonces participar de su Vida Divina, de manera que sea El y no nuestro “yo” el principio que guíe nuestra existencia y nos conduzca por la travesía que nos lleva a la Vida Eterna.

Dos elementos siempre unidos:
- Unión con Cristo (su Vida en nosotros)
- Vida Eterna (viaje a la eternidad: jornada a la Casa del Padre)

No en vano dice el Sacerdote antes de tomar el Pan y el Vino consagrados y de repartirlo a los comulgantes: “El Cuerpo y la Sangre de nuestro Señor Jesucristo guarde nuestras almas para la Vida Eterna”.

CONDICIONES PARA RECIBIR LAS GRACIAS EUCARISTICAS

Hay condiciones preparatorias a la recepción de la Eucaristía que conocemos por exigencia de la Iglesia: no estar en pecado mortal, guardar el ayuno requerido, estar debidamente vestido, etc.

Pero hay otras condiciones interiores, profundas, que están sobreentendidas y que a veces pasamos por alto:
- FE en la presencia real de Cristo en la Eucaristía
- CONFIANZA plena en Dios

La consecuencia de la Fe es la confianza. Fe y confianza en Dios son como dos caras de una misma moneda: no hay fe sin confianza y viceversa.

- ABANDONO Y ENTREGA TOTAL A DIOS
Al tener plena confianza en Cristo, podemos entregarnos a El sin reservas, totalmente, a todo lo que El tenga dispuesto.

Estas disposiciones fundamentales de parte nuestra permiten que haya “común-unión” o Comunión: unión de Cristo con nosotros, de nosotros con Cristo y unión entre nosotros en Cristo.

Pero cuando no hay estas debidas disposiciones, no sucede así. De allí que haya muchas almas que, aun comulgando frecuentemente, progresen tan poco en santidad. Al no encontrar Cristo la docilidad espiritual requerida, no puede derramar todas las gracias dispuestas en el Sacramento de la Eucaristía.

PREPARACION REMOTA:
Es así como, para prepararnos debidamente a la recepción de la Sagrada Eucaristía, es necesario estar pendiente en el tiempo que pase entre Comunión y Comunión, de entregarnos confiadamente a todo lo que vayamos sabiendo es la Voluntad de Dios para nuestra vida.

FORMA DE ORAR COMO PREPARACION INMEDIATA:

- ORACION DE FE: Creo en tu Presencia Viva: aumenta mi Fe.
- ORACION DE CONFIANZA: Como creo, confío en Ti, en tus designios para mí.
- ORACION DE ABANDONO: Me entrego totalmente a Ti, deseo tu Voluntad, me uno a tu Voluntad

ACCION DE GRACIAS:

Además del recogimiento conveniente enseguida de la comunión para agradecer a Dios este regalo de la Comunión con El en el Sacramento de Cuerpo y la Sangre de Cristo, la acción de gracias debe prolongarse entre Comunión y Comunión, tratando de permanecer en Cristo para que El permanezca en nosotros.

En el tiempo posterior a la recepción de la Eucaristía no podemos dejar, entonces, que las tendencias que se oponen a nuestra unión con Dios puedan disminuir o interrumpir esta comunión: actitudes en contra de la Voluntad Divina, faltas de Fe y confianza en Dios, pecados mortales o veniales, etc.

Por el contrario, debemos acrecentar la vida de Dios en nosotros y aumentar esta comunión e identificación con Cristo, mediante la oración, las buenas obras, la penitencia, aceptación de la Voluntad de Dios y colaboración activa en sus designios, el ejercicio de las virtudes, etc

Tomás Pajuelo. Párroco.

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9/7/11

Hagan Esto en Conmemoración Mía

Carta Pastoral de Mons. Alberto Sanguinetti Montero, Obispo de Canelones (Uruguay), en la Solemnidad de Corpus Christi, el 26 de junio de 2011.

"A toda la Iglesia de Dios que peregrina en Canelones, abundancia de luz del Espíritu de la verdad, que nos lleva la verdad plena.

En este Año Jubilar Diocesano, que vamos transitando, me veo urgido por la caridad de Cristo a invitar a todos para que dirijamos nuestra mirada, nuestra mente, nuestros afectos y nuestro propio cuerpo a lo que constituye la realidad más maravillosa de la Iglesia: la Santísima Eucaristía, la Santa Misa.

Me parece oportuno recordar algunos puntos que puedan ayudar a nuestra Iglesia canaria, a las diferentes comunidades y a cada uno en particular, a ahondar en la fe católica respecto a la Santa Misa, para celebrarla y vivirla con una participación más consciente y piadosa, para que nos acerquemos más al fin de la Iglesia, de su Liturgia y especialmente de la Santa Misa: que Dios sea glorificado y que nosotros seamos santificados.

1. La Eucaristía: obra y acción de Jesucristo vivo y presente

Antes que nada es bueno que pensemos en la Eucaristía como don de Jesucristo. Nuestro Señor Jesucristo instituyó el memorial de su pasión en la noche de su entrega, como sacrificio perpetuo, y lo dio a la Iglesia como don y como mandato: Hagan esto en conmemoración mía. Así, pues, recibimos a la Santa Misa, como el don, el regalo supremo de Cristo, que recibimos con amor y gratitud y también como orden suya que la Iglesia cuida y obedece.

Para captar la grandeza de la Santa Misa, debemos renovar nuestra fe firme en que la Eucaristía es ahora, cada vez que se celebra, una acción del mismo Jesucristo, Hijo de Dios, verdadero Dios y verdadero hombre, que ascendió a los cielos y está vivo glorioso junto al Padre. Él intercede continuamente por nosotros. Él se ofrece como víctima por nuestros pecados en el santuario del cielo. Él, en el Santo Sacrificio de la Misa, une a la Iglesia con su propio sacrificio.

Cristo, que está glorioso junto al Padre, se hace presente y actúa de diversas formas en la Santa Misa (cf. SC.7). Él está presente cuando se proclama la Palabra de Dios, porque es él mismo quien habla. Él está presente en la Iglesia que Él mismo reúne como su cuerpo, su pueblo, su Esposa, que por él suplica y canta salmos, alaba y adora a Dios.

Está presente en la persona del ministro, “ofreciéndose ahora por ministerio de los sacerdotes el mismo que entonces se ofreció en la cruz”.

En los signos del pan y del vino, sobre los que se dice la Plegaria Eucarística, Cristo mismo, vivo y glorioso, está presente de manera real y substancial, con su cuerpo, su sangre, su alma y su divinidad.

La Eucaristía es Cristo, presente de forma sacramental. Así, pues, la Santa Misa es la máxima presencia y la acción más propia de Jesucristo en este mundo. Por esta realidad de ser don, mandato y acción de Jesús, la participación en la Santa Misa es antes que nada creer en esa presencia y acción y dejarse unir a ella, por la misma liturgia.

2. La Misa es obra del Espíritu Santo

Jesús, por su pasión y cruz, resucitado y glorificado es mediador de la efusión del Espíritu Santo sobre la Iglesia.

Toda la Misa es obra del Espíritu Santo en la Iglesia. El Espíritu de la Verdad nos enseña y guía por la escucha de la palabra que Él inspiró. El Espíritu da testimonio en nuestros corazones, de tal forma que nosotros hacemos memoria, es decir reconocemos la presencia de Cristo y su acción en la Misa. Oramos movidos por el Espíritu, en la unidad del Espíritu Santo.

En la Misa pedimos al Padre que envíe el Espíritu para que el pan y el vino, se conviertan en el cuerpo y la sangre de Cristo. A su vez, pedimos que gracias al sacrificio de Cristo, se nos dé el Espíritu Santo para que nos haga uno en la unidad de la Santa Iglesia. Así, pues, la Iglesia celebra la Santa Misa en la unidad del Espíritu, movida por él, y recibiendo su presencia y acción para que la santifique, la consagre, la una a Cristo y la vuelva más y más ofrenda agradable al Padre.


3. La Eucaristía don del Padre, ante el Padre y hacia el Padre

En la Santa Misa se hace presente el amor y don del Padre en la entrega de su propio Hijo. La Misa hace presente toda la obra de Dios Padre. De él recibimos el don de Cristo en su Iglesia.
En la Palabra divina el Padre sale al encuentro de sus hijos y con ellos conversa (cf. DV 21).


En la Misa estamos todos vueltos hacia el Padre, hacia quien tenemos levantado el corazón, ya que por Cristo en la Iglesia todos tenemos acceso al Padre en un mismo Espíritu (Ef.2,18). Por eso, en la Misa nos dirigimos siempre a Dios Padre, por Jesucristo, en la unidad del Espíritu.

Unidos con Cristo le ofrecemos al Padre, el sacrificio de acción de gracias, a Él le pedimos, y a Él le damos todo honor, gloria y adoración. Toda la Santa Misa es recibir el don del Padre, unirnos por la obediencia con Cristo y llegar a la meta de glorificar al Padre y entregarnos a Él.

4. Cristo une consigo a la Iglesia en la Misa, sacrificio suyo y de la Iglesia

Jesús encomendó la Santa Misa a la Iglesia. Cristo presente y actuante en la Santa Misa asocia consigo a su amadísima esposa la Iglesia, a todo su cuerpo, que invoca a su Señor y por Él tributa culto al Padre Eterno (SC 7).

Por medio de la Sagrada Eucaristía, Cristo, Dios y Señor, Sumo Sacerdote, Mesías y Cabeza, une a la Iglesia consigo, con su ofrenda al Padre, para la glorificación del Padre, para el perdón de los pecados y para la santificación y divinización de los hombres.

Por eso, la Eucaristía es la mayor manifestación y realización de lo que la Iglesia es como cuerpo de Cristo, templo del Espíritu, pueblo de Dios (SC 41,42). En la Santa Misa, Cristo mismo preside y reúne a su pueblo, por medio del obispo, con los presbíteros, ayudado de los diáconos. Él se hace presente en diversas formas, y toda la Iglesia unificada por el Espíritu da gracias al Padre.


Por cuanto venimos considerando, vemos que la celebración de la Eucaristía, obra de la Trinidad Santísima, presencia sacramental del sacrificio de la cruz, y asociación de la Iglesia con Cristo mismo es acción sagrada por excelencia, a la que no iguala ninguna otra acción, es el culmen al que tiende la actividad de la Iglesia y la fuente de donde mana la gracia por la que se alcanza la santificación de los hombres y la glorificación de Dios, a la cual las demás obras de la Iglesia tienden como a su fin (cf. SC 7,10).

Por eso el Concilio Vaticano II nos invita a la participación consciente, piadosa y activa en la acción sagrada, ofreciéndonos a nosotros mismos al ofrecer la Víctima inmaculada, no sólo por manos del sacerdote, sino juntamente con él, a fin de que así nos perfeccionemos día a día por Cristo Mediador en la unión con Dios y entre nosotros, para que, finalmente Dios sea todo en todos (cf. SC, 48).

5. El cielo en la tierra, la tierra en el cielo

En la Santa Misa ya participamos de las celebraciones y alabanzas del cielo, de la Jerusalén celestial. En la Misa se abre el cielo, estamos con Cristo en la presencia misma del Padre, la gracia del Espíritu Santo desciende, y nosotros ascendemos hasta Dios. La exhortación ‘Levantemos el corazón’ y la respuesta ‘lo tenemos levantado hacia el Señor’ significan que en la Plegaria Eucarística estamos verdaderamente en el cielo ante el Padre, con Jesucristo, por obra del Espíritu Santo. Consagrados en el bautismo y la confirmación ya participamos de la vida eterna.
Por eso, en toda Eucaristía cantamos con los coros angélicos: ‘Santo, Santo, Santo es el Señor del universo. Llenos están el cielo y la tierra de tu gloria’. Asimismo en cada Misa nos unimos a la bienaventurada siempre Virgen María, a los santos apóstoles, a los mártires y a los santos.


Comprendemos el carácter extraordinario de la Santa Misa, y participamos bien de ella por medio de la fe, tomando conciencia de que compartimos la Liturgia celestial. Al mismo tiempo la esperanza nos impulsa a desear y aguardar la gloriosa venida de nuestro Salvador Jesucristo y querer reinar con él. La Misa nos hace entrar en la verdad última, definitiva y grandiosa para la que hemos sido creados y redimidos: la resurrección de la carne y la vida del mundo futuro en el seno de la Trinidad. “Nuestra libertad herida se perdería, si no fuera posible, ya desde ahora, experimentar algo del cumplimiento futuro” (Sacr. Caritatis,30).

6. El banquete de la Sagrada Comunión

La ofrenda de Cristo al Padre, que es él mismo, se nos da en comida y bebida. Esta forma simbólica realiza nuestra unión con Jesús muerto y resucitado. En la Sagrada Comunión, al recibir a Cristo recibimos el fruto de su sacrificio: el Espíritu Santo para el perdón y la santificación. Al comulgar con Cristo, ofrecido a Dios, nos dejamos hacer uno con Él, para que también nosotros con Jesús crucificado nos volvamos ofrenda agradable al Padre.

Al recibir a Cristo, inseparablemente somos unidos a todo su cuerpo que es la Iglesia. La Eucaristía realiza la unidad de la Iglesia. Cristo nos da el Espíritu Santo, para que seamos un solo cuerpo y un solo espíritu por la fe y la caridad.

De esta fuente del banquete eucarístico, nace toda la vida cristiana, la santificación en la vida diaria, en la familia, en el trabajo, en el servicio, en la edificación de la sociedad. De aquí también brota la misión de la Iglesia en la tarea de la evangelización, para anunciar a Cristo a todos los hombres.

7. La Misa Dominical

Jesús mandó celebrar el memorial de su pasión hasta su segunda venida. La Iglesia, desde los Santos Apóstoles, entendió que este mandato exigía la celebración semanal y precisamente en el día Domingo. Este es el día en que Jesús crucificado fue resucitado por la gloria del Padre e, instituido como Mesías y Señor, fue glorificado en los cielos. Este es el día de nuestra salvación. A este día la Iglesia apostólica le puso un nombre nuevo, lo llamó ‘del Señor’, lo que en latín se dice ‘dominicus’, de donde viene ‘domingo’: día del Señor, es decir, de Jesús resucitado glorioso y verdadero Dios.

Este mismo día es el primer día de la semana, día de la creación, obra maravillosa de Dios y principio de todo don, y es al mismo tiempo el día octavo, es decir el día sin límites de la eternidad, de la nueva creación y vida sin fin.

La celebración de Misa dominical es parte integral de la fe apostólica, la mayor realización de la Iglesia y centro de la vida nueva, de los que han sido rescatados del pecado y de la muerte y participan de la eternidad. Por esto, participar en la Misa dominical es una preciosa obligación de todo bautizado.

8. Renovar en nosotros la fe y el amor a la Santísima Eucaristía

El Año Jubilar nos llama a renovar la fe en lo que la Iglesia cree y profesa acerca de la Santa Misa. Por eso, invito a que cada uno, cada grupo, cada comunidad, dedique algún tiempo a considerar las distintas dimensiones del misterio eucarístico, para ahondar en lo es bien conocido y para enriquecerse con aquellas dimensiones que se vivan menos. Para ello, además de los pasajes de las Sagradas Escrituras, propongo leer los numerales 279 a 308 del Compendio Jesucristo, camino, verdad y vida. A los que puedan más los exhorto a leer en el Catecismo de la Iglesia Católica, en la segunda parte (la celebración del misterio cristiano), primera sección (la economía sacramental), el capítulo primero, el artículo 1: La Liturgia obra de la Trinidad. Luego en la segunda sección (los siete sacramentos de la Iglesia), el artículo 3: el Sacramento de la Eucaristía. Muy provechosa es la Exhortación apostólica Sacramentum caritatis del Papa Benedicto XVI.

De modo particular sugiero que se mediten y profundicen las palabras de la Plegaria Eucarística (cf. Sacr. Caritatis 13). Esta oración es el corazón de la Misa y, por ello, para participar de ella es necesario dejarse llevar y, al mismo tiempo, apropiarse de esta oración central.

Al mismo tiempo, exhorto a fomentar la adoración del Santísimo Sacramento fuera de la Misa, como alimento de la fe, forma de piedad.

Además creo que puede ser muy positivo recuperar el hábito de un rato de oración en silencio antes de la Misa, para que dejar que el Espíritu Santo nos inicie al misterio.

9. La renovación en la celebración ritual de la Santa Misa

La acción sagrada de Cristo y de la Iglesia en la Santa Misa es también una acción humana que se realiza en el tiempo y se renueva cada vez. La celebración de la Misa se realiza por el rito que la Santa Iglesia tiene para celebrarla, por palabras, acciones, gestos, por la participación de los diversos ministros y del pueblo todo.

Cada celebración humana tiene sus ritos (acciones simbólicas). El rito de la Santa Misa lo fija la Iglesia, que lo recibe de su Tradición ininterrumpida. Ninguna Misa es una celebración privada, ni tampoco de un grupo determinado. Es siempre la Iglesia la que celebra la Eucaristía: cada uno, cada grupo participa dejándose injertar en la Iglesia. El rito, la forma eclesial preestablecida, nos libera de caer en la tentación de hacer de la Misa una obra nuestra, o una manifestación de nuestras ideas o nuestros afectos, y nos introduce en el corazón de lo que la misma Iglesia celebra.

Por eso, se requiere siempre una iniciación a la misma celebración de la Iglesia. En este sentido el Año Jubilar Diocesano es también un llamado a conocer mejor y gustar el mismo rito de la Iglesia, a revisar nuestro modo de celebrar la Santa Misa, y a renovarlo buscando ser más fieles a la Iglesia en el rito, en el corazón, en la vida.

Por mi parte, como obispo, primer dispensador de los misterios de Dios en la Iglesia particular, y moderador y custodio de toda la vida litúrgica (ChD,15), exhorto a la mayor fidelidad al rito de la celebración de la Santa Misa, a corregir lo que no esté de acuerdo con el sentir y la norma de nuestra Santa Madre la Iglesia, a esforzarnos por conocer, amar, vivir y llevar a cabo la Liturgia que la Iglesia quiere celebrar. Para ello hemos de tener en el corazón aquellas disposiciones que brotan de la fe, de la humildad y obediencia, del amor a la Iglesia que todos hemos de cultivar y hacer carne. Es ésta la verdadera libertad cristiana. Dice Benedicto XVI: “Es necesario despertar en nosotros la conciencia del papel decisivo que desempeña el Espíritu Santo en el desarrollo de la forma litúrgica y en la profundización de los divinos misterios” (Sacr. Caritatis 12).

En lo que a mí respecta, en la medida de lo posible, estoy a disposición para brindarme al servicio de una mejor iniciación en la Liturgia de la Misa. El obispo, el sacerdote, cada ministro, los fieles y todos los grupos hemos de reconocernos como servidores de la Sagrada Liturgia, por lo que no nos está permitido en la celebración de la Misa añadir, quitar o cambiar cosa alguna por iniciativa propia (Cf. OGMR, 24, Concilio Vaticano II, SC, 22). Esta fidelidad a la norma litúrgica debe ser para todos un punto de honor.

Como un camino concreto, exhorto a leer la Ordenación General del Misal Romano (cf. Sacr. Carit.40). Sin dudas, en algo encontraremos correcciones a realizar, aspectos a mejorar en el arte de celebrar: esto forma parte de la conversión permanente. Al mismo tiempo, todo cambio para mejor debe hacerse con amor, paciencia, obediencia a la Iglesia, sin divisiones, pero también anteponiendo el rito de la Iglesia a la voluntad propia o de algunos.

Un paso concreto que pido que hagamos todos juntos a lo largo de este año jubilar consiste en atender a la plena fidelidad al rito en el Ordinario de la Misa (las palabras, los signos y gestos fijos de la celebración). Es ahí, en primer lugar, donde debemos decir y hacer lo que la Iglesia quiere decir y hacer, sin cambiar, sin omitir y sin agregar.

Por eso recuerdo que el Gloria, Credo, Santo, Padrenuestro, Cordero, deben rezarse con las palabras expresas del Misal Romano. Por lo tanto se han de ir abandonando todas aquellas versiones que no son las de la Iglesia. Es mejor cantar el texto de la Iglesia siempre con una misma melodía, o simplemente decirlo, que no decir – y hacer decir – lo que la Iglesia no quiere rezar.

10. La sacralidad de la Liturgia

Como sabemos, el carácter sagrado y único de la Santa Misa proviene de ser un acto de Jesucristo, de su Señorío actual sobre toda la creación. Él nos hace creaturas nuevas, nos ha elevado por la gracia al culto del Padre en espíritu y verdad, nos ha hecho partícipes de la vida eterna y nos ha introducido en la Jerusalén del cielo. El fin último de la Misa es la glorificación del Padre: por Cristo, con él y en él, en un mismo Espíritu, damos al Padre todo honor y toda gloria. Hechos libres, no vivimos para nosotros mismos, sino para alabar, servir, adorar a Dios.

Esta novedad de ser y vida que Cristo da a su pueblo, hace que la Iglesia genere para su liturgia su propia cultura, que proviene de las Sagradas Escrituras y de la Tradición. La Iglesia se expresa en las formas propias que va modelando con la inspiración del Espíritu: la música sacra, el espacio eclesial, las posturas religiosas, la dignidad de los gestos, la belleza de su arte, para significar e introducir en la grandeza del misterio y en la realidad de estar en el cielo con el corazón levantado hacia el Señor, para afianzar el sentido religioso del santo temor de Dios y la reverencia ante la Majestad Divina. Por eso dice el Papa: “La belleza de la liturgia es parte de este misterio (el amor de Dios) y, en cierto sentido, un asomarse del Cielo sobre la tierra” (Sacr. Caritatis 35).

En este orden de cosas, también debe apreciarse el valor del canto verdaderamente litúrgico. “Ciertamente no podemos decir que en la liturgia sirva cualquier canto. A este respecto se ha de evitar la fácil improvisación o la introducción de géneros musicales no respetuosos del sentido de la liturgia. Como elemento litúrgico el canto debe estar en consonancia con la identidad propia de la celebración. Por consiguiente, todo – el texto, la melodía, la ejecución – ha de corresponder al sentido del misterio celebrado, a las partes del rito y a los tiempos litúrgicos” (Sacr. Caritatis 42).

Que el mismo Espíritu Santo nos haga más acordes con la Liturgia de la Santa Misa que él ha inspirado a la Iglesia. Que nos dé abundantemente el don de la piedad para acercarnos a este gran misterio y celebrarlo con unción. Que Él, óleo de alegría, nos otorgue la verdadera alegría que Cristo nos ha traído, para que nuestro gozo sea completo. Que el dulce huésped del alma, en este Año Jubilar, nos haga elevar una preciosa acción de gracias por el gran don de la Santa Misa, celebrada desde hace siglos en nuestro suelo y que recibimos de la fe y tradición de nuestros mayores. Que en nuestro recuerdo agradecido estén todos aquellos, obispos y sacerdotes, que ofrecieron el Santo Sacrificio de la Misa durante todos estos años, que estén presentes nuestros padres, catequistas y demás fieles que nos enseñaron a creer y vivir el Misterio de la Fe. Que la Madre de Dios, nos atraiga hacia su Hijo y su sacrificio y hacia el amor del Padre (LG.65). Que su Corazón inmaculado nos modele para recibir incondicionalmente el don de Jesús en la Eucaristía y para unirnos a su ofrenda perfecta.

+ Alberto, Obispo de Canelones"

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29/6/11

Celebración del Corpus Christi 2011 en Nuestra Parroquia

Como viene siendo habitual en los últimos años en nuestra parroquia celebramos la octava del Corpus Christi con el siguiente calendario:

Triduo en Honor de Jesús Sacramentado (Santa Misa y después Exposición del Santísimo)


  • 29 de junio, miercoles a las 21'00 h,

  • 30 de junio, jueves a las 21'00 h.

  • y 1 de julio, viernes a las 21'00 h.

Misa solemne de la Octava del Corpus Christi

  • 2 de julio, sábado, a las 20'00 h celebrándose a continuación la procesión con Jesús Sacramentado por las calles de nuestro barrio.

El recorrido de la procesión será el siguiente: Salida del templo, Avda. de Guerrita, Manuel Fuentes "Bocanegra", Manuel Calero "Calerito", Avda. de Lagartijo, Avda. de Guerrita, Manuel Fuentes "Bocanegra", Manuel Cano "El Pireo", José Mª. Martorell, Francisco González Panchón, José Dámaso "Pepete", Avda. de Guerrita y retorno al templo.

26/6/11

Oh, Banquete Precioso y Admirable

SANTÍSIMO CUERPO Y SANGRE DE CRISTO

Lecturas: Deuteronomio 8,2-3.14b-16a // Salmo 147 // Carta I de San Pablo a los Corintios 10,16-17 // Juan 6,51-58

Para este día tan importante del Corpus, quiero que no sean mis palabras las que iluminen, quiero que sean las palabras de Santo Tomás de Aquino en el oficio de lectura del Corpus:

SEGUNDA LECTURA
De las Obras de santo Tomás de Aquino, presbítero
(Opúsculo 57, En la fiesta del Cuerpo de Cristo, lect. 1-4)

¡OH BANQUETE PRECIOSO Y ADMIRABLE!

El Hijo único de Dios, queriendo hacernos partícipes de su divinidad, tomó nuestra naturaleza, a fin de que, hecho hombre, divinizase a los hombres.

Además, entregó por nuestra salvación todo cuanto tomó de nosotros. Porque, por nuestra reconciliación, ofreció, sobre el altar de la cruz, su cuerpo como víctima a Dios, su Padre, y derramó su sangre como precio de nuestra libertad y como baño sagrado que nos lava, para que fuésemos liberados de una miserable esclavitud y purificados de todos nuestros pecados.

Pero, a fin de que guardásemos por siempre jamás en nosotros la memoria de tan gran beneficio, dejó a los fieles, bajo la apariencia de pan y de vino, su cuerpo, para que fuese nuestro alimento, y su sangre, para que fuese nuestra bebida.

¡Oh banquete precioso y admirable, banquete saludable y lleno de toda suavidad! ¿Qué puede haber, en efecto, de más precioso que este banquete en el cual no se nos ofrece, para comer, la carne de becerros o de machos cabríos, como se hacía antiguamente, bajo la ley, sino al mismo Cristo, verdadero Dios?

No hay ningún sacramento más saludable que éste, pues por él se borran los pecados, se aumentan las virtudes y se nutre el alma con la abundancia de todos los dones espirituales.

Se ofrece, en la Iglesia, por los vivos y por los difuntos, para que a todos aproveche, ya que ha sido establecido para la salvación de todos.

Finalmente, nadie es capaz de expresar la suavidad de este sacramento, en el cual gustamos la suavidad espiritual en su misma fuente y celebramos la memoria del inmenso y sublime amor que Cristo mostró en su pasión.

Por eso, para que la inmensidad de este amor se imprimiese más profundamente en el corazón de los fieles, en la última cena, cuando después de celebrar la Pascua con sus discípulos iba a pasar de este mundo al Padre, Cristo instituyó este sacramento como el memorial perenne de su pasión, como el cumplimiento de las antiguas figuras y la más maravillosa de sus obras; y lo dejó a los suyos como singular consuelo en las tristezas de su ausencia.

Que estas maravillosas palabras de Santo Tomás de Aquino nos ayuden a vivir profundamente este día tan grande para nosotros. Que Dios os bendiga.

Tomás Pajuelo Romero. Párroco.

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12/6/10

Reflexiones sobre la Eucaristía

XI DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO

Lecturas: 2Sam 12,7-10.13 // Salmo 32 // Gál 2,16.19-21 // Lc 7,36-8,3

Queridos hermanos y hermanas, como os decía el domingo pasado, vamos a seguir en esta celebración de la Octava del Corpus Christi reflexionando sobre la Eucaristía. La reflexión de esta semana parte de varios textos de dos grandes santos: San Juan de Ávila y S. Juan María Vianney. Os iré desgranando algunas reflexiones siguiendo la lectura de una selección de sus textos eucarísticos. Los textos de S. Juan de Ávila y del Santo Cura de Ars aparecen en azul, mis pobres comentarios en negro.



Textos de S. Juan de Ávila:

Cosa nunca oída ni vista, que hallase Dios manera cómo, subiéndose al cielo, se quedase acá su misma persona por presencia real, encerrada y abreviada debajo de unos accidentes de pan y vino; y con inefable amor dio a los sacerdotes ordenados... que, diciendo las palabras que el Señor dijo sobre el pan y vino, hagan cada vez que quisieren lo mismo que el Señor hizo el Jueves Santo (Sermón 35, 217).

Señor... encumbraste tu amor, que no tiene tasa, y ordenaste por modo admirable cómo, aunque te fueses al cielo, estuvieses acá con nosotros; y esto fue dando poder a los sacerdotes para que con las palabras de la consagración te llamen, y vengas tú mismo en persona a las manos de ellos, estés allí realmente presente, para que así seamos participantes en los bienes que con tu Pasión nos ganaste; y le tengamos en nuestra memoria con entrañable agradecimiento y consolación, amando y obedeciendo a quien tal hazaña hizo, que fue dar por nosotros su vida.


S. Juan de Ávila nos hace caer en la cuenta de la grandeza del Sacramento de la Eucaristía, de cómo Jesús, el Hijo de Dios, viene a la humildad de nuestro altar para quedarse en nuestras vidas.

La intención del Señor ésta fue; y la misa representación es de su sagrada pasión de esta manera: que el sacerdote, que en el consagrar y en los vestidos sacerdotales representa al Señor en su Pasión y en su muerte, que le representa también en la mansedumbre con que padeció, en la obediencia, aun hasta la muerte de cruz, en la limpieza de la castidad, en la profundidad de la humildad, en el fuego de la caridad que haga al sacerdote rogar por todos con entrañables gemidos, y ofrecerse a sí mismo a pasión y muerte por el remedio de ellos, si el Señor le quisiere aceptar.

Esta es la representación de la sagrada Pasión que en la misa se hace; y esto significa tender los brazos en cruz al sacerdote, el subirlos y bajarlos, sus vestiduras, y todo lo demás. Y con este representación, el Eterno Padre es muy agradado, el Hijo de Dios bien tratado y servido (Tratado del Sacerdocio, 25-26).

Cristo esta como “encerrado en un sagrario y encarcelado... por el grande amor que nos tiene. El mismo se deja prender... en cárcel de amor. Quítale el amor con que allá está, y verás que es incomportable estar donde está (Sermón 43, 383).

Encarcelado por amor en nuestros corazones, ¿podemos pedir más a nuestro Dios y Señor, Jesucristo? Encarcelado por amor en nuestras vidas, en nuestros problemas, en nuestras alegrías….

La mejor prenda que tenía te dejó cuando subió allá, que fue el palio de su carne preciosa en memoria de su amor (Tratado del Amor de Dios, 14, 544).

Encerró Dios en ese Sacramento santísimo todas sus maravillas pasadas... Pues aquí en el Sacramento hallaréis todo eso que ha ya tantos años que pasó; pues ésa es la virtud que tiene este santísimo Sacramento, como la que tenía el maná que cayó del cielo (Sermón 41, 215).

Y ofreciéndote a si de esta manera, haces al Señor más señalados servicios en esto que si mil mundos le dieses ... Él mismo se ofrece a Dios en recompensa de que el mismo Dios se da a Él (Sermón 43, 677 ss).

¿Quién vio, quién oyó que Dios se diese en manjar a los hombres y que el Criador sea manjar de su criatura? ¿Quién oyó que Dios se ofreciese a ser deshonrado y atormentado hasta morir por amor de los hombres, ofendedores de El? (Sermón 33, 20)

Manso va el Señor y callado como un cordero, y con entrañas encendidas de amor para darnos lo que nos cumple; y todo lo que allí se ve y se cree nos convida a que nos lleguemos a El, a recebir de su mano el perdón y la gracia (Sermón 36, 213ss).

Pues ¿qué gracias te daré, Señor? ¿Cómo te alabaré por tal dádiva como ésta? ¿Dónde merecí yo tal honra? ¿Dónde me vino tal dignidad que quieras tú, Dios mío hacerme participante de ti? ¿Cuál de tus beneficios se puede igualar a éste? Grandísimo es el beneficio de tu encarnación, en el cual tuviste por bien de tomar mi humanidad en ti; mas aquí dasme la humanidad junto con la divinidad, para que, recibiéndola y encorporándola conmigo, venga a hacerme una cosa contigo (Meditación del beneficio que nos hizo el Señor).

Sacramento de amor y unión, porque por amor es dado, amor representa y amor obra en nuestras entrañas ... todo este negocio es amor (Sermón 51, 759).

¿Qué cosa es una hostia consagrada sino una Virgen que trae encerrado en sí a Dios? (Sermón 4, 329)

Y así hay semejanza entre la santa encarnación y este sacro misterio; que allí se abaja Dios a ser hombre, y aquí Dios humanado se baja a estar entre nosotros los hombres; allí en el vientre virginal, aquí debajo de la hostia; allí en los brazos de la Virgen, aquí en las manos del sacerdote (Sermón 55, 235/Carta 122)

¡Oh maravilloso trueco el que con nosotros, Señor, heciste! Tomaste de nosotros nuestra flaca y mortal humanidad, dístenos en su lugar tu admirable y excelentísima dignidad. Verdaderamente todo el tesoro de tu gracias derramaste sobre nosotros, y abierto el corazón que tenías de padre, rompiste las venas de tu excelentísima caridad y dejástelas correr sobre nosotros (Meditación del beneficio que nos hizo el Señor).

¿Con qué agradecimiento serviremos a Dios esta merced? ¡Cuán grande ha de ser nuestra santidad y pureza para tratar a Jesucristo, que quiere ser tratado de brazos y corazones limpios, y por eso se puso en los brazos de la Virgen, y José fue también virgen limpísimo, para dar a entender que quiere ser tratado de vírgenes (Sermón 4, 338/Carta 6, 88).

¡Oh manjar divino, por quien los hijos de los hombres se hacen hijos de Dios y por quién vuestra humanidad se mortifica para que Dios en el ánima permanezca! ¡Oh pan dulcísimo, digno de ser adorado y deseado, que mantienes el ánima y no el vientre; confortas el corazón del hombre y no le cargas el cuerpo; alegras el espíritu y no embotas el entendimiento; con cuya virtud muere nuestra sensualidad, y la voluntad propia es degollada, para que tenga lugar la voluntad divina y pueda obrar en nosotros sin impedimento! ¡ Oh maravillosa bondad que tales mercedes quiso hacer a tan viles gusanillos! ¡Oh maravilloso poder de Dios, que así puso, debajo de especie de pan, su divinidad y humanidad y partirse él en tantas partes, sin padecer él detrimento en sí! ¡ Oh maravilloso saber de Dios, que tan conviniente y tan saludable medio halló para nuestra salud! Convenía, sin duda, que por una comida habíamos perdido la vida, por otra la cobrásemos, y que así como el fructo de un árbol nos destruyó a todos, así el fructo de otro árbol precioso nos reparase a todos. Venid, pues, los amadores de Dios y asentaos a esta mesa (Meditación del beneficio que nos hizo el Señor).

Textos de S. Juan María Vianney, el Santo Cura de Ars:

Si tuviéramos fe seríamos capaces de ver a Jesucristo en el Santísimo Sacramento como los ángeles lo ven en el cielo. El está ahí. Nos espera.

"Si uno tuviera suficiente fe, vería a Dios escondido en el sacerdote como una luz tras su fanal, como un vino mezclado con el agua”.

Aconsejaba comenzar todos los días haciendo un sencillo ofrecimiento de todo el día a Dios: “Hay que actuar por Dios, poner nuestras obras en sus manos. Hay que decir al despertarse: Quiero trabajar por Ti, Dios mío. ¡Me someteré a todo lo que me envíes! Me ofreceré en sacrificio. Pero, Señor, no puedo hacer nada sin Ti, ¡ayúdame! Oh, en el momento de la muerte nos arrepentiremos del tiempo que hemos dado a los placeres, a las conversaciones inútiles, al reposo, en vez de haberlo empleado a la mortificación, al rezo, a las buenas obras, a pensar en la miseria, a llorar los propios pecados. ¡Entonces veremos que no hemos hecho nada por el cielo! Hijos míos, ¡qué triste sería llegar a esa situación!”

y Para llevar una buena vida cristiana, nunca es tarde: sea cual fuese nuestro pasado, nuestra edad, nuestros defectos…: “Los santos, no todos han empezado bien, pero todos han sabido terminar bien. Si hemos empezado mal, procuremos terminar bien e iremos al cielo junto con ellos”.

La gente dice que es demasiado difícil alcanzar la salvación. No hay, sin embargo, nada más fácil: observar los mandamientos de Dios y de la Iglesia, y evitar los siete pecados capitales; es decir, hacer el bien y evitar el mal; ¡no hay más que eso!”

ue mir“El corazón se dilata, se baña en amor divino. El pez no se queja nunca de tener mucha agua: el buen cristiano no se queja nunca por estar mucho tiempo con Dios. Hay quienes encuentran la religión aburrida, es porque no tienen al Espíritu Santo”.

San Juan María Vianney había comprendido igualmente que «el sacerdote ante todo ha de ser hombre de oración»[46]. Todos conocen las largas noches de adoración que, siendo joven cura de una aldea, entonces poco cristiana, pasaba ante el Santísimo Sacramento.

El tabernáculo de su Iglesia se convirtió muy pronto en el foco de su vida personal y de su apostolado, de tal suerte que no sería posible recordar mejor la parroquia de Ars, en los tiempos del Santo, que con estas palabras de Pío XII sobre la parroquia cristiana: «El centro es la iglesia, y en la iglesia el tabernáculo, y a su lado el confesionario: allí las almas muertas retornan a la vida y las enfermas recobran la salud»[47].

A los sacerdotes de hoy, tan fácilmente atraídos por la eficacia de la acción y tan fácilmente tentados por un peligroso activismo, ¡cuán saludable es este modelo de asidua oración en una vida íntegramente consagrada a las necesidades de las almas! «Lo que nos impide a los sacerdotes —decía— ser santos es la falta de reflexión; no entra uno en sí mismo; no se sabe lo que se hace; necesitamos la reflexión, la oración, la unión con Dios?». Y él mismo —afirma uno de sus contemporáneos— se hallaba en estado de continua oración, sin que de él lo distrajeran ni la pesada fatiga de las confesiones ni las demás obligaciones pastorales. «Conservaba una unión constante con Dios en medio de una vida excesivamente ocupada» [48].

Escuchémoslo aún. Inagotable es cuando habla de las alegrías y de los beneficios de la oración. «El hombre es un pobre que tiene necesidad de pedirlo todo a Dios»[49]. «¡Cuántas almas podríamos convertir con nuestras oraciones!» [50]. Y repetía: «La oración, esa es la felicidad del hombre sobre la tierra»[51]. Felicidad ésta que el mismo gustaba abundantemente, mientras su mirada iluminada por la fe contemplaba los misterios divinos y, con la adoración del Verbo encarnado, elevaba su alma sencilla y pura hacia la Santísima Trinidad, objeto supremo de su amor. Y los peregrinos que llenaban la iglesia de Ars comprendían que el humilde sacerdote les manifestaba algo del secreto de su vida interior en aquella frecuente exclamación, que le era tan familiar: «Ser amado por Dios, estar unido a Dios, vivir en la presencia de Dios, vivir para Dios: ¡cuán hermosa vida, cuán bella muerte!»[52].

Nos quisiéramos, Venerables Hermanos, que todos los sacerdotes de vuestras diócesis se dejaran convencer por el testimonio del Santo Cura de Ars, de la necesidad de ser hombres de oración y de la posibilidad de serlo, por grande que sea el peso, a veces agobiante, de las ocupaciones ministeriales. Mas se necesita una fe viva, como la que animaba a Juan María Vianney y que le llevaba a hacer maravillas: «¡Qué fe! —exclamaba uno de sus compañeros—, con ella bastaría para enriquecer a toda una diócesis»[53].

Esta fidelidad a la oración es, por lo demás, para el sacerdote un deber de piedad personal, donde la sabiduría de la Iglesia ha precisado algunos puntos importantes, como la oración mental cotidiana, la visita al Santísimo Sacramento, el Rosario y el examen de conciencia [54]. Y es también una estricta obligación contraída con la Iglesia, la tocante al rezo cotidiano del Oficio divino [55]. Tal vez por haber descuidado algunas de estas prescripciones, algunos miembros del Clero poco a poco se han visto víctimas de la inestabilidad exterior, del empobrecimiento interior y expuestos un día, sin defensa, a las tentaciones de la vida. Por lo contrario, «trabajando continuamente por el bien de las almas, Vianney no olvidaba la suya. Se santificaba a sí mismo, para mejor poder santificar a los demás»[56].

Con San Pío X «tenemos, pues, que estar persuadidos de que el sacerdote, para poder estar a la altura de su dignidad y de su deber, necesita darse de lleno a la oración... Mucho más que nadie, debe obedecer al precepto de Cristo: Es preciso orar siempre, precepto del que San Pablo se hace eco con tanta insistencia: Perseverar en la oración, velando en ella con acción de gracias. Orad sin cesar»[57]. Y de buen grado, como para concluir este punto, hacemos Nuestra la consigna que Nuestro inmediato Predecesor Pío XII, ya en el alba de su Pontificado, daba a los sacerdotes: «¡Orad, orad más y más, orad con mayor insistencia»[58].

La oración del Cura de Ars que pasó, digámoslo así, los últimos treinta años de su vida en su iglesia, donde le retenían sus innumerables, penitentes, era, sobre todo, una oración eucarística. Su devoción a nuestro Señor, presente en el Santísimo Sacramento del altar, era verdaderamente extraordinaria: «Allí está —decía— Aquel que tanto nos ama; ¿por qué no habremos de amarle nosotros?» [59]. Y ciertamente que él le amaba y se sentía irresistiblemente atraído hacia el Sagrario: «No es necesario hablar mucho para orar bien —así explicaba a sus parroquianos—. Sabemos que el buen Dios está allí, en el santo Tabernáculo: abrámosle el corazón, alegrémonos de su presencia. Esta es la mejor oración»[60]. En todo momento inculcaba él a los fieles el respeto y el amor a la divina presencia eucarística, invitándoles a acercarse con frecuencia a la santa mesa, y él mismo les daba ejemplo de esta tan profunda piedad: «Para convencerse de ello —refieren los testigos— bastaba verle celebrar la santa Misa, y verle cómo se arrodillaba cuando pasaba ante el Tabernáculo»[61].

«El admirable ejemplo del Santo Cura de Ars conserva también hoy todo su valor», afirma Pío XII [62]. En la vida de un sacerdote, nada puede sustituir a la oración silenciosa y prolongada ante el altar. La adoración de Jesús, nuestro Dios; la acción de gracias, la reparación por nuestras culpas y por las de los hombres, la súplica por tantas intenciones que le están encomendadas, elevan sucesivamente al sacerdote a un mayor amor hacia el Divino Maestro, al que se ha entregado, y hacia los hombres que esperan su ministerio sacerdotal. Con la práctica de este culto, iluminado y ferviente, a la Eucaristía, el sacerdote aumenta su vida espiritual, y así se reparan las energías misioneras de los apóstoles más valerosos.

Es preciso añadir el provecho que de ahí resulta para los fieles, testigos de esta piedad de sus sacerdotes y atraídos por su ejemplo. «Si queréis que los fieles oren con devoción —decía Pío XII al clero de Roma— dadles personalmente el primer ejemplo, en la iglesia, orando ante ellos. Un sacerdote arrodillado ante el tabernáculo, en actitud digna, en un profundo recogimiento, es para el pueblo ejemplo de edificación, una advertencia, una invitación para que el pueblo le imite»[63]. La oración fue, por excelencia, el arma apostólica del joven Cura de Ars. No dudemos de su eficacia en todo momento.

Mas no podemos olvidar que la oración eucarística, en el pleno significado de la palabra, es el Santo Sacrificio de la Misa. Conviene insistir, Venerables Hermanos, especialmente sobre este punto, porque toca a uno de los aspectos esenciales de la vida sacerdotal.

Y no es que tengamos intención de repetir aquí la exposición de la doctrina tradicional de la Iglesia sobre el sacerdocio y el sacrificio eucarístico; Nuestros Predecesores, de f.m., Pío XI y Pío XII en magistrales documentos, han recordado con tanta claridad esta enseñanza que no Nos resta sino exhortaros a que los hagáis conocer ampliamente a los sacerdotes y fieles que os están confiados. Así es como se disiparán las incertidumbres y audacias de pensamiento que aquí y allá, se han manifestado a este propósito.

Mas conviene mostrar en esta Encíclica el sentido profundo con que, el Santo Cura de Ars, heroicamente fiel a los deberes de su ministerio, mereció en verdad ser propuesto a los pastores de almas como ejemplo suyo, y ser proclamado su celestial Patrono. Porque si es cierto que el sacerdote ha recibido el carácter del Orden para servir al altar y si ha comenzado el ejercicio de su sacerdocio con el sacrificio eucarístico, éste no cesará, en todo el decurso de su vida, de ser la fuente de su actividad apostólica y de su personal santificación. Y tal fue precisamente el caso de San Juan María Vianney.

De hecho, ¿cuál es el apostolado del sacerdote, considerado en su acción esencial, sino el de realizar, doquier que vive la Iglesia, la reunión, en torno al altar, de un pueblo unido por la fe, regenerado y purificado? Precisamente entonces es cuando el sacerdote en virtud de los poderes que sólo él ha recibido, ofrece el divino sacrificio en el que Jesús mismo renueva la única inmolación realizada sobre el Calvario para la redención del mundo y para la glorificación de su Padre. Allí es donde reunidos ofrecen al Padre celestial la Víctima divina por medio del sacerdote y aprenden a inmolarse ellos mismos como «hostias vivas, santas, gratas a Dios» [64]. Allí es donde el pueblo de Dios, iluminado por la predicación de la fe, alimentado por el cuerpo de Cristo, encuentra su vida, su crecimiento y, sí es necesario, refuerza su unidad. Allí es, en una palabra, donde por generaciones y generaciones, en todas las tierras del mundo, se construye en la caridad el Cuerpo Místico de Cristo, que es la Iglesia.

A este propósito, puesto que el Santo Cura de Ars cada día estuvo más exclusivamente entregado a la enseñanza de la fe y a la purificación de las conciencias, y porque todos los actos de su ministerio convergían hacia el altar, su vida debe ser proclamada como eminentemente sacerdotal y pastoral. Verdad les que en Ars los pecadores afluían espontáneamente a la iglesia, atraídos por la fama espiritual del pastor, mientras otros sacerdotes han de emplear esfuerzos muy largos y laboriosos para reunir a su grey; verdad es también que otros tienen un cometido más misionero, y se encuentran apenas en el primer anuncio de la buena nueva del Salvador; mas estos trabajos apostólicos y, a veces, tan difíciles no pueden hacer olvidar a los apóstoles el fin al que deben tender y al que llegaba el Cura de Ars cuando en su humilde iglesia rural se consagraba a las tareas esenciales de la acción pastoral.

Más aún. Toda la santificación personal del sacerdote ha de modelarse sobre el sacrificio que celebra, según la invitación del Pontifical Romano: «Conoced lo que hacéis; imitad lo que tratáis». Mas cedamos aquí la palabra a Nuestro, inolvidable Predecesor en su exhortación Menti Nostrae: «Como toda la vida del Salvador estuvo orientada al sacrificio de sí mismo, así también la vida del sacerdote —que debe reproducir en sí mismo la imagen de Cristo—, debe ser con El, por El y en El un sacrificio aceptable... Por lo tanto, no se contentará con celebrar la Santa Misa, sino que la vivirá íntimamente; sólo de esta manera podrá alcanzar la fuerza sobrenatural que le transformará y le hará participar en cierto modo de la vida de expiación del mismo Divino Redentor»[65]. Y el mismo Pontífice concluía así: «El sacerdote debe tratar de reproducir en su alma todo lo que ocurre sobre el altar. Así como Jesucristo se inmola a sí mismo, su ministro debe inmolarse con El; así como Jesús expía los pecados de los hombres, también él, siguiendo el arduo camino de la ascética cristiana, debe trabajar por la propia y por la ajena purificación»[66].

La Iglesia tiene presente esta elevada doctrina cuando invita a sus ministros a una vida de ascesis y les recomienda que celebren con profunda piedad el sacrificio eucarístico. Y ¿no es tal vez por no haber comprendido bastante bien el estrecho nexo, y casi reciprocidad que une el don cotidiano de sí mismo con la obligación de la Misa por lo que algunos sacerdotes poco a poco han llegado a perder la prima caritas de la Ordenación? Tal era la experiencia del Cura de Ar. «La causa —decía— de la tibieza en el sacerdocio es que no se pone atención a la Misa». Y el Santo, que, tenía esta «costumbre de ofrecerse en sacrificio por los pecadores»[67], derramaba abundantes lágrimas «pensando en la desgracia de los sacerdotes que no corresponden a la santidad de su vocación»[68].

Sólo unas breves palabras: La imagen que usa el santo cura de Ars para referirse al Amor de Dios, es sencillamente magnifica: “un pez no se cansa nunca de estar rodeado de mucho agua”. Un cristianos nunca puede cansarse de estar rodeado de la Gracia de Dios en la Oración. Cuando un pez se le saca del agua entonces es cuando muere. Cuando un cristiano deja su vida de oración, entonces es cuando muere su vida de fe. Un activismo sin fe y oración es nada. Ya decía S. Pablo:”Puedo dejarme quemar vivo, si no tengo amor no me sirve de nada”. Podemos hacer las obras más grandes de misericordia, pero si las hacemos sin Amor de Dios y amor de corazón, no sirven de nada.

En la Eucaristía nos sumergimos en el AMOR INFINITO de Dios y esto es lo que nos procurará llenar de amor a los que nos rodean.

Es cierto que este domingo las páginas de reflexión son más largas que de costumbre. Creo sinceramente que pueden ser unos textos estupendos para imprimirlos y durante las largas tardes de verano y calor, meditarlas en la presencia de Dios en la oración.

Que Dios os bendiga.

Tomás Pajuelo. Párroco


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9/6/10

Novedades en nuestra Procesión del Corpus 2010

Conforme hemos informado con anterioridad en esta web, este próximo sábado, día 12, después de celebrar el miércoles, jueves y viernes el triduo en honor del Santísimo Sacramento, y celebrar a las 20:00 h. la Fiesta de Regla de la Hermandad de la Sagrada Cena, saldrá en procesión el Santísimo Sacramento por las calles de nuestra feligresía.

Según nos informa Paco Román, Diputado Mayor de Gobierno de la Hermandad de la Sagrada Cena, este año habrá dos novedades importantes:

El Grupo Joven de la Hermandad ha realizado un paso en el que procesionará la Inmaculada Concepción, habiendo configurado una cuadrilla con 33 jóvenes costaleros, que el viernes día 11 realizarán una ofrenda floral -claveles blancos- con el fin de componer el exorno floral del mismo.

La segunda novedad es el dorado de la peana del paso del Corpus, finalizando de este modo el conjunto. Este trabajo, como todos los que ha llevado a cabo esta hermandad hasta el día de la fecha, ha sido realizado en los talleres de Ángel Mª. Varo Pineda.

Por último, indicar que el recorrido será el siguiente: Salida del templo, Avda. de Guerrita, Manuel Fuentes "Bocanegra", Manuel Calero "Calerito", Avda. de Lagartijo, Avda. de Guerrita, Manuel Fuentes "Bocanegra", Manuel Cano "El Pireo", José Mª. Martorell, Francisco González Panchón, José Dámaso "Pepete", Avda. de Guerrita y retorno al templo.

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7/6/10

Celebración del Corpus Christi 2010 en nuestra Parroquia

La celebración del Corpus Christi en nuestra Parroquia tendrá el siguiente calendario:

Triduo en Honor de Jesús Sacramentado (Santa Misa y después Exposición del Santísimo)
  • 9 de junio, miercoles a las 21'00 h,
  • 10 de junio, jueves a las 21'00 h.
  • y 11 de junio, viernes a las 21'00 h.
Misa solemne de la Octava del Corpus Christi
  • 12 de junio, sábado, a las 20'00 h celebrándose a continuación la procesión con Jesús Sacramentado por las calles de nuestro barrio.
Queridos hermanos y hermanas, todos sabéis la importancia de esta solemnidad, me remito a mi homilía de este domingo, colgada en la web. Creo que no podemos crecer en el amor si no lo fomentamos, o lo que es lo mismo: "el roce hace el cariño." No podemos amar a Cristo Eucaristía si no participamos frecuentemente en ella, no podemos adorar los dones Eucarísticos si no pasamos largos ratos delante del Sagrario.

Para que crezca en nosotros el Amor a Cristo Eucaristía en estos días (el 9,10 y 11 de Junio a las 21h) en la parroquia tendremos el Triduo, con la Celebración de la Eucaristía y después un rato de Exposición del Santísimo en la Custodia para que podamos adorarle, quererle, amarle, pedirle...

Os invito fervientemente a participar en el Triduo, la hora en muy buena, no creo que mucha gente tenga que trabajar hasta las 21h de cada día. Podemos hacer un pequeño esfuerzo porque la recompensa será grande.

Os espero a todos, que muchos particípéis de este acontecimiento único y que nos acostumbremos a querer más a Jesús en la Eucaristía.

Tomás Pajuelo. Párroco del Beato Álvaro de Córdoba

5/6/10

CORPUS CHRISTI 2010

SOLEMNIDAD DEL SANTISIMO CUERPO Y SANGRE DE CRISTO

Lecturas: Genesis 14, 18-20 // Salmo 109 // 1Corintios 11, 23-26// Lucas 9, 11b-17

Queridos hermanos y hermanas:

Imagen de la procesión del Corpus del año pasadoCelebramos hoy en la Iglesia Universal la Solemnidad del Corpus Christi. Es lo primero que hoy me gustaría aclarar, la solemnidad del Corpus se celebra hoy domingo en toda la Iglesia, cuando se cambió del jueves al domingo, se concedió un permiso especial a algunas iglesias locales (Toledo, Sevilla, Grananda, Priego de Córdoba) para poder seguir celebrándolo el jueves pero la Solemnidad desde hace casi veinte años se celebra en domingo. Espero que esto sirve de aclaración ante las muchas preguntas que sobre este punto me han hecho algunas personas.

La solemnidad del Corpus Christi, es una llamada a preguntarnos sobre nuestra vivencia y amor de la EUCARISTÍA. Fue el Papa Urbano IV, quién instituyó esta fiesta para hacer caer en la cuenta a todos los fieles, de la presencia real de Cristo en los dones del pan y el vino, transformados verdaderamente en su Cuerpo y en su Sangre. En nuestra tradición católica son muy numerosas y vividas las distintas procesiones. Está muy arraigada en nuestras vidas la costumbre de procesionar las imágenes de Cristo o de la Virgen María. Nos llena el corazón orar y contemplar una de las innumerables y bellísimas imágenes de nuestras parroquias, de nuestras hermandades y cofradias.

Pero si nos paramos friamente, son sólo eso, imágenes. Son una representación artística de un misterio de la vida de Cristo o de la Virgen. Son podríamos decir de algún modo el "video" de la vida de Jesús pasado fotograma a fotograma. Viendo de cerca y pausadamente cada momento de su pasión, muerte y resurrección. Si este ejemplo lo pasásemos a nuestra vida real, las imágenes serían nuestros álbumes de fotos que recogen paso a paso los momentos más importantes de nuestra vida. Siempre nos ayuda a recordar, a rememorar acontecimientos,... el ver y compartir esas fotos.

También en la vida de fe, contemplar las Sagradas Imágenes de la pasión del Señor nos recuerda y nos ayuda a valorar nuestra redención, lo que supuso nuestra Salvación. Pero en este día del Corpus Christi no procesionamos ninguna imagen, no vamos a sacar a la calle ninguna imagen de la pasión de Cristo. En el día del Corpus Christi honramos y veneramos al mismo Jesucristo que con su vedadero Cuerpo y Sangre saldrá por nuestras calles para llevar su Amor a todos. Esta es la profundidad de esta fiesta, Cristo verdaderamente andando por nuestras calles, pudiéndolo ver, mirar cara a cara, pasando a unos pocos metros de nosotros, de nuestras vidas concretas.

Mirad, yo sé que quizás el gran pecado de nuestros días es la falta de fe en la presencia real de Jesucristo en los dones Eucarísticos, que muchas veces oigo despectivamente "esa galleta blanca", "eso es una tonteria", "para que voy a confesar para recibir una galleta"... muchas otras que se me clavan en lo más hondo de mi corazón cuando las oigo.

Queridos hermanos, si hay algo único y verdadero en nuestra religión católica es la adoración y fe de la presencia real de Jesucristo en el Pan y el Vino que son realmente su Cuerpo y su Sangre. Os podría intentar transmitir la certeza de esta realidad con las vivencias personales de cada Eucaristía, de cada misa que he celebrado en mis 18 años de sacerdote. No os lo puedo explicar con palabras, mi pobreza intelectual y mi falta de oratoria me impiden explicaros convenientemente esta realidad pero os aseguro, os prometo que yo siento esa presencia real de Cristo cada vez que celebro la Eucaristía. Os puedo asegurar que siento, que toco, que le puedo hablar, porque realmente Cristo está en la Sagrada Hostía y en el Bendito Cáliz después de las palabras de la Consagración.

Es un experiencia única, es algo indescrptible pero totalmente real. Sé que si cualquiera de vosotros tuvieséis que explicarme con palabras lo que amáis a vuestros hijos o a vuestros padres... la frase que saldría sería: "no tengo palabras..." pero eso no significa que no améis profundamente a vuestros seres queridos. El hecho de que no podáis verbalizar ese sentimiento no significa que no exista. Pues de alguna manera la presencia real de Cristo en la Eucaristía no se puede expresar convenientemente con palabras pero si os aseguro que se siente, que está ahí realmente y que si cualquiera de nosotros le abre un poquito su corazón, pone un poquito de fe, se prepara profundamente limpiando su corazón de pecados en la confesión... os aseguro que sentirá, que vivirá la cercania de Dios que hecho Carne y Sangre por nosotros se queda en nuestras vidas para santificarlas.

Como vuestro párroco y pastor os pido, os ruego, os suplico, que abráis vuestros corazones a la Eucaristía, que no desperdiciéis el amor de Cristo, que en cada misa está aconteciendo lo más grande que puede pasar en el mundo, que Cristo está en el altar y quiere estar en tu interior. Que pena que durante la Eucaristía estemos pensando en el partido que hay ahora después, en dónde voy a ir ahora después con mis amigos, qué comeré mañana... y delante de tus narices está el más grande AMOR, que se entrega por ti para dar sentido pleno a tu vida, a tus problemas, a tus alegrias, a tus necesidades, a... lo que tu quieras.

A veces me pregunto qué pensará el Señor Jesús cuando presente en el altar vea que unos ni le hacen caso, otros está en sus cosas, otros incluso dudando de su presencia... y mi respuesta es siempre la misma: Señor somos así, ya lo experimentastes en la Cruz, ya comprobastes lo que somos, tú que salvastes a tantos enfermos, tú que distes la vista a los ciegos, el alimento a más de 7.000 personas con cinco panes y dos peces... Tú que te quedaste SOLO en la cruz, con tu madre y Juan. Tú que experimentastes en la vía dolorosa el desprecio, la humillación, me imagino que sentiras lo mismo cuando somos tan indiferente y tan fríos a adorarte en la Eucaristía, en tu presencia en el Altar.

Durante las reflexiones de este domingo y el próximo intentaré ayudaros a vivir más sinceramente la Eucaristía, a Amar de corazón el Cuerpo y la Sangre de Jesús. Que Dios os bendiga a todos.

Tomás Pajuelo. Párroco

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2/6/10

El Milagro Eucarístico de Gorcun

Foto de la Sagrada Forma donde se aprecian los tres orificios producidos por la botaCon motivo de la festividad del Corpus Christi traemos a nuestra web la historia de un Milagro Eucarístico del que queda constancia en una Sagrada Forma que se venera en el Escorial.

Sucedió en Gorcun (Holanda) en 1572, en plena guerra de Flandes entre católicos y protestantes, cuando la catedral había sido profanada por un grupo armado de protestantes, llamados "zeeguezen" o "mendigos del mar". Las Sagradas Formas fueron desconsideradamente profanadas, esparcidas y pisoteadas.

Ante el asombro de los soldados, una de las obleas sagradas comenzó a sangrar por los tres orificios que le practicó la suela claveteada tras haber sido aplastada por una bota militar. El soldado quedó confundido y dolido. La recogió con temor, ternura y respeto y se la llevó al dean de la catedral Juan Van der Delpht. Se dice que posteriormente ingresaría como religioso franciscano.

La noticia de este milagroso suceso pronto se extendió por toda Alemania. Tras pasar por diversos dueños, la Sagrada Forma fue trasladada a Viena por Fernando Weidmer, capitán del ejército del emperador Rodolfo II, a través de cuyos descendientes llegó a España regalada a Felipe II.

Todos estos acontecimientos están recogidos en el archivo de Simancas en un documento de 1594.

Hoy en día todavía pueden verse en esta reliquia incorrupta, las marcas de la bota del soldado bordeadas por unas difusas manchas de color rojizo.

Se venera en el Escorial dentro de un precioso ostensorio que se expone a los fieles los días 29 de septiembre (día de San Miguel) y el 28 de octubre (día de San Simón y San Judas).

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9/8/09

«No entristezcáis al Espíritu Santo de Dios»

Domingo XIX del Tiempo Ordinario

Lecturas: 1º Reyes 19,4-8// Salmo 34 // Efesios 4,30-5,2 // Juan 6, 41-52

Procesión del Corpus - Pan Vivo bajado del CieloLa Palabra de Dios en este domingo sigue poniendo frente a nosotros la necesidad de la comunión, de la participación en el banquete de la Eucaristía como algo esencial en la vida de cualquier cristiano. Escuchamos hoy en la primera lectura del primer libro de los Reyes la historia del profeta Elías. El profeta es expulsado por el pueblo al desierto, agotado, extenuado se recuesta bajo una rama y pide a Dios que le envie la muerte, que ya no puede más. El ángel del Señor le muestra el "el Pan que le envía Dios", le dice "Come" y Elías comio de aquel Pan enviado del cielo y aguantó cuarenta días. Aquel alimento bendito le fortaleció en medio de la dificultad para continuar su tarea.

Escuchando este relato casi que nos vemos reflejados: nosotros muchas veces también somos arrojados al desierto de la imcomprensión, la soledad, los problemas, el dolor, la enfermedad, la muerte... y en ese desierto espiritual, cuando nos viene la tentación de dejar todo, de abandonar, escuchamos la voz de Jesús en el evangelio de hoy que nos dice: " Yo soy el Pan de la Vida" "el que como de este pan vivirá para siempre".

Es Cristo Eucaristía el alimento que puede sostener nuestra fe, nuestra vida. En Él encontramos la fuerza para seguir adelante, para vencer fácilmente y vivir el gozo de su presencia. Está claro que la participación en la Eucaristía no es sólo por un cumplimiento, no deberia ser un mero tramite, o una costumbre. La participación en la Eucaristía es retomar fuerza para nuestra vida, retomar la ilusión, retomar con decisión nuestro deseo de felicidad. Es saber y experimentar que con "Cristo todo lo puedo". Que en nuestra vida nos pueden dejar solos, vivir el desierto, pero Cristo no nos abandona, Él se hace realidad en nuestra realidad concreta. Se encarna en nuestro corazón, en nuestras entrañas, se hace realmente uno con nosotros al comer el "Pan vivo bajado del cielo" su Cuerpo y Sangre.

Confiemos en Dios, el nos da su Gracia, nos asiste y alimenta y nos envía su Espíritu Santo. No podemos entristecer al Espíritu Divino, nos lo recuerda S. Pablo en su carta a los Efesios, cuando un cristiano vive profundamente la comunión, se llena del Cuerpo de Cristo, se siente pleno de Gracia, no puede estar triste, amargado, desesperanzado. Un cristiano que tiene a Cristo dentro por comulgar se debe comer el mundo con una alegría desbordante. Si Cristo habita en nosotros por la comunión, no podemos vivir enfadados, peleados unos con otros, con insultos, violencia... Vivir la Coherencia Eucaristíca, como nos recordaba Benedicto XVI en la enciclica "Sacramentum Caritatis" es esencial en nuestros días. Se tiene que notar que comulgamos cada domingo, cada día. Los no creyentes nos lo piden cuando dicen: "¡Mira como actua el que va a misa!". Comulgar a Cristo exige vivir a Cristo. Es verdad que el es el alimento que nos dará fuerza para vivir la felicidad en nuestras vidas pero una felicidad basada en su estilo de vida, en vivir como el vivió.

Tomás Pajuelo. Párroco

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2/7/09

Corpus de Poniente 2009

Para testimoniar la salida procesional de la Hermandad de la Sagrada Cena con motivo de la celebración del Corpus Christi en este año de 2009, reproducimos las crónica que nuestro estimado hermano Paco Román publica en el propio sitio web de la hermandad:

Como viene siendo tradicional desde la fundación de nuestra Hermandad, el pasado domingo, tras la Fiesta de Regla que culmina el triduo que anualmente ofrecemos a Jesús Sacramentado, se celebró la procesión de la Octava del Corpus por las calles de nuestro Barrio que, de nuevo volvió a acoger con cariño y respeto al Amor de los Amores. Un año más el recorrido de la comitiva se vio jalonado con altares callejeros, así como por numerosas colgaduras situadas en los balcones y ventanas ante los que Jesús Sacramentado iba a dejar su estela de vida eterna. También fue numeroso el grupo de niños y niñas que, vistiendo sus galas de primera comunión, quisieron acompañar al Señor por esta zona de Córdoba protegida por la sombra que ofrece el manto de María Santísima de la Esperanza del Valle y la esbeltez del campanario de nuestra iglesia parroquial del Beato Álvaro de Córdoba. En la galería fotográfica ofrecemos un amplio reportaje fotográfico de tan emotivo acontecimiento.
Desde este enlace es posible acceder a la galería fotográfica citada.

17/6/09

Corpus Christi 2009: Actos y Celebraciones en nuestra Parroquia

TRIDUO EUCARÍSTICO:

  • Jueves día 18 a las 21h: Santa Misa predicada. Exposición de Santísimo.
  • Viernes día 19 a las 21h: Santa Misa predicada. Exposición de Santísimo.
  • Sábado día 20 a las 21:30h: Santa Misa predicada. Exposición de Santísimo.
SOLEMNIDAD DE LA OCTAVA DEL CORPUS CHRISTI:
  • Domingo día 21 a las 21h: Santa Misa predicada. Al terminar la misa, Procesión por las calles de nuestro barrio con el Santísimo Sacramento.
Merece la pena recordar un magnífico video con la procesión del Corpus en la ciudad de Nueva York, que el año pasado subtitulamos al español:

14/6/09

Corpus Christi

Solemnidad del Santísimo Cuerpo y Sangre de Cristo

Lecturas: Éxodo 24, 3-8 // Salmo 116 // Hebreos 9, 11-15 // Marcos 14, 12-16.22-26

El Concilio Vaticano II define la Eucaristía como “Centro y Culmen de la vida cristiana”. Verdaderamente para cualquier cristiano la presencia de Cristo en la Eucaristía debe ser el centro, el cimiento de su fe. Y toda la vida debe confluir en el altar como culmen del amor a Dios y a los hermanos.

Hace dos mil años, se produjo el mayor acontecimiento de la historia de la humanidad: Cristo, el Hijo de Dios, la segunda persona de la Santísima Trinidad, se encarnó, se hizo hombre. Sus contemporáneos pudieron oírle, verle, tocarle, contemplar sus milagros y ser objeto de su ayuda y de su amor. Muchos cristianos de hoy día añoran poder vivir esta experiencia, les gustaría haber sido testigos de las maravillas de Jesús como los apóstoles.

Es una añoranza que se puede cumplir cada día. Nosotros podemos vivir también esta experiencia, podemos escuchar su palabra, verle, sentirle, tocarle, saber que nos ayuda, que nos atiende, que nos ama.

Sí, queridos hermanos, Jesús sigue vivo, está realmente presente en nuestro mundo, en la Eucaristía, bajo la apariencia de los dones eucarísticos del Pan y el Vino, su Cuerpo y Sangre.

Hoy que celebramos la Solemnidad del Corpus Christi, celebramos la realidad de Cristo paseando a lo largo y ancho de nuestra geografía diocesana, en cada una de las procesiones. El Señor encarnado en las calles, en los lugares en los que cada día desarrollamos nuestra vida cotidiana. Irá a la casa de los enfermos, pasará por los lugares de trabajo, por los lugares de ocio. Será la contemplación de Cristo en nuestras vidas.

Muchas veces me pregunto si somos totalmente concientes del milagro, de la realidad de la presencia de Cristo en nuestras eucaristías. Creo que por desgracia muchas veces estamos en la Iglesia sin darnos cuenta que Jesús en persona nos está esperando en el Sagrario, en el altar. Nos acercamos a comulgar y olvidamos que recibimos a Cristo. ¡Qué Grandeza! ¡Que regalo! Tiemblo sólo de pensar que es el Señor quien viene a mi vida, que lo tengo en mis manos, en mi boca, en mi corazón. Es sentir lo tremendo y fascinante del misterio de la Encarnación en la realidad de mi vida.

Cuando contemplo al Señor en la Custodia, me doy cuenta que yo también, como los discípulos, puedo hablarle, puedo sentirlo, puedo pedirle, puedo vivir su presencia. Al ver la custodia por nuestras calles revivo en mi la presencia de Dios caminando por las vidas de cada cristiano.

Esa es la realidad de la Eucaristía, esa es la presencia que adoramos en el Santísimo Sacramento del Altar. Es la mejor oración que podemos vivir, la oración de contemplación, de horas de Sagrario. Gracias a mi nombramiento como Director Espiritual Diocesano de Adoración Nocturna masculina y femenina, puedo estar largas horas de la noche en el turno de adoración de mi parroquia. Son horas de “Cenáculo”, de estar en el Señor. Como los discípulos de Emaus lo reconozco al partir el pan. Puedo adorar a Cristo en la custodia. Y no lo hago sólo, hay muchos adoradores y adoradoras que una vez al mes en muchas parroquias de nuestra diócesis adoran a Cristo Eucaristía en una Vigilia de oración en la noche.

Os invito a todos a crecer en nuestra fe, en nuestro amor a Cristo Eucaristía. Debemos amar los Sagrarios de nuestras parroquias. Allí está Jesús vivo esperando nuestra visita, nuestra oración, nuestro diálogo amigo. Son los lugares donde podemos hablar cara a cara con nuestro Dios.

Adoración de Jesús en la Eucaristía, en la Custodia, en la Comunión. Cuando comulgamos estamos tocando con nuestras manos, nuestras bocas, nuestros corazones a Jesús. Realmente recibimos a Cristo.

Pido a Jesús sacramentado que nos haga crecer en el amor eucarístico. Rezo para que valoremos, respetemos cada día más, la presencia real de Dios en la Eucaristía. Que cada vez que estamos en misa, en una boda, en un funeral, en cualquier celebración eucarística, experimentemos que estamos delante de Cristo, realmente presente. Es el mismo Dios el que nos convoca, nos reúne, nos perdona, nos fortalece.

Dios se presenta en medio de nuestra realidad y nosotros, muchas veces, estamos en las nubes, pensando en nuestras cosas y somos incapaces de verle en la Eucaristía.

Si fuésemos concientes de la Presencia de Cristo en los dones eucarísticos, no estaríamos distraídos en la misa, rezaríamos en el Sagrario, desearíamos tener un ratito cada día para estar con el Señor.

Que este gran día del Corpus en nuestra diócesis sea un momento de profundo crecimiento en nuestro Amor a Cristo y a su presencia real en la Eucaristía. Sirva para reavivar en nosotros la fe eucarística.

Que el Señor nos bendiga a todos y de nuestros corazones salga un grito de jubilo: “Viva Jesús Sacramentado” “Alabado sea el Santísimo Sacramento del Altar” “Sea por siempre bendito y Alabado.

Tomás Pajuelo. Párroco

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11/6/09

El Milagro Eucarístico de Guadalupe

Cuadro de Zurbarán en el que se representa el milagroHoy, festividad del Corpus Cristhi, queremos traer a nuestra web el relato de un milagro eucarístico sucedido en el Monasterio de Guadalupe (Cáceres), un lugar al que en numerosas ocasiones han peregrinado fieles de nuestra parroquia.


El protagonista de este suceso fue el venerable padre Cabañuelas, fraile de la Orden de San Jerónimo, quién abrazó, siendo muy joven, la vida religiosa y siempre se distinguió por su profunda devoción a la Sagrada Eucaristía, en cuya contemplación y meditación pasaba muchas horas del día y de la noche.

Permitió el Señor que el Maligno viniera a perturbar su espíritu con terribles dudas sobre la presencia real de Cristo en el Sacramento del Altar, dudas que se acrecentaban hasta producirse tremenda angustia, mientras celebraba el Santo Sacrificio.

El suceso milagroso que disipó todas sus dudas se sitúa cronológicamente hacia 1420, como a los 50 años de su edad. Es él mismo quien lo refiere, aunque de tercera persona en un escrito que de su puño y letra se halló entre sus papeles después de su muerte, y que dice así:

"A un fraile de esta casa, dice que le sucedió que un sábado, celebrando la Santa Misa, después que consagro el Cuerpo de nuestro Señor Jesucristo, vio una cosa como nube que cubrió el ara y el cáliz, de manera que no veía otra cosa sino un poco de la cruz que estaba detrás del ara, lo cual le inculcó gran temor y rogó al Señor con muchas lagrimas, que le tuviera piedad y le manifestara qué cosa era eso y que lo librase de tan gran peligro.

Estando muy atribulado y espantado, poco a poco se fue quitando aquella nube, y cuando se quitó no halló la Hostia consagrada y vio la hijuela que estaba sobre el cáliz, quitada, y al ver el cáliz lo vio vacío. Al ver esto, comenzó a llorar fuertemente, demandando misericordia a Dios y encomendándose devotamente a la Virgen María.

Estando así afligido, vio venir la Hostia consagrada puesta en una patena muy resplandeciente, y se coloco derecho en la boca del cáliz, entonces comenzó a salir de ella gotas de sangre que caían en tanta cantidad en el cáliz que se lleno como antes estaba. Una vez que el cáliz se lleno puso la hijuela encima del cáliz y la Hostia sobre el ara como antes estaba.

El fraile que aun estaba espantado y llorando, oyó una voz que le dijo: Acaba tu oficio, y sea a ti en secreto lo que viste."

El hecho fue pronto conocido y divulgado por todos los ámbitos de la nación, y hasta los mismos reyes de Castilla, don Juan II y su esposa doña María de Aragón, con el príncipe don Enrique, el futuro Enrique IV, acudieron a Guadalupe para conocer y tratar al siervo de Dios, elegido ya como prior del monasterio, quedando tan prendados de su virtud y santidad, que la reina le eligió por su consejero espiritual, y mandó en su testamento que, cuando trajeran sus restos al Santuario, colocaran a su lado los del padre Cabañuelas, como en efecto se hizo.

Aún nos queda un precioso testimonio de la Misa Milagrosa: los corporales y la hijuela, con unas gotas de sangre, usados en la misma. Reconocidos ante el notario apostólico en el siglo XVII, fueron declarados auténticos y son hoy la mas preciada reliquia con que se honra el relicario guadalupense.

El padre Cabañuelas murió el 20 de marzo, de 1441, en olor de santidad, muy querido y venerado de todos.

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