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16/11/08

Parábola de los talentos

Domingo XXXIII del tiempo ordinario. 16 de noviembre.

Lecturas: Provervios 31,10-13.19-20.30-31 // Salmo 127 // 1ª Tesalonicenses 5,1-6 // Mateo 25, 14-30

Grabado de 1712 que muestra a los dos siervos fieles rindiendo cuentas ante su señor y al mal siervo escarbando en la tierra en busca de su talento.Siguiendo con la temática de estos últimos domingos del año litúrgico, el evangelio de hoy nos presenta la parábola de los talentos, la realidad del final de los tiempos en el que todos tendremos que dar cuentas de nuestros talentos ante Dios.

Decíamos el domingo pasado que del mismo modo que se acaba el año litúrgico, aunque el civil termina el 31 de diciembre, así también acabará nuestra existencia.

Hoy la parábola del evangelio nos presenta a un señor que reparte el trabajo a tres de sus empleados. Él les encomienda una tarea, los dota de los talentos necesarios para cumplirla y después les pide cuentas. A uno de sus empleados le dejo cinco talentos de plata. Aquel hombre usó su inteligencia, fue diligente en el cumplimiento de su deber y poniendo en juego todo lo que el Señor le había dado consigue duplicar los cinco talentos, ganado así la aprobación del señor y su recompensa. El que recibió dos, según sus posibilidades, también se puso diligentemente a trabajar y consiguió otros dos y la tan deseada recompensa.

El que recibió sólo un talento, según su capacidad, se acobardó, se dedicó a la buena vida, sabía lo exigente que era su señor, pero se contentó con mantener su talento. No se esforzó nada, no se implicó en cumplir su deber. Este recibió el castigo a su inoperancia. Fue vago y desastroso y recibió el castigo adecuado.

Esta parábola la podemos pasar a nuestros días: el señor que reparte talentos es DIOS; los empleados cada UNO de nosotros; los réditos finales cada una de nuestras vidas al final de los tiempos.

Podemos presentar una vida cargada de buenas obras, haciendo que los dones recibidos de Dios sirvan para el bien de muchos hermanos nuestros. Haciendo que nuestra vida sea de una radical entrega a Dios y a los hermanos. Serían estos empleados los santos y santas de Dios, que han llevado hasta la plenitud los dones recibidos.

Podemos ser empleados con menos talentos, los que Dios ha querido darnos, pero muchos o pocos los hacemos rendir en obras de amor al prójimo y a Dios.

Podemos ser empleados holgazanes, hemos recibido los dones de Dios pero no los ponemos a rendir. Nos da lo mismo, nos contentamos con presentarnos ante Dios con lo mismo que nos ha dado, sin ningún fruto, sin haber hecho nada. Él nos lo dio y lo mismo le presentamos. Es la postura cómoda, que Dios lo haga todo, que nos dé talentos, que los haga rendir, que además nos perdone nuestra negligencia y nos dé el premio eterno. Pues la realidad es otra, Dios nuestro Señor nos ha bendecido a todos con infinidad de dones, unos más otros menos, pero todos los necesarios para que según nuestras posibilidades los hagamos rendir. NO tenemos excusa, o lo hacemos o no. El Señor lo dijo bien claro, al siervo vago y negligente será expulsado y arrojado a las tinieblas.

La vida cristiana es vida, no es quedarme sentado esperando que me las den todas. Cristo no hizo eso, se dedicó a predicar, a curar, a enseñar,... y él no tenía obligación. ¿Somos nosotros más que nuestro Señor? Si él lo hizo, ¿qué excusa tenemos nosotros para no hacerlo?

Despertemos de nuestro letargo, hay que ponerse las pilas, que nos estamos jugando la vida eterna.

Los apóstoles, ante la dureza de las exigencias le preguntaron ¿quién puede salvarse? Y Jesús les dijo: ¡Solos, ninguno pero con la Gracia de Dios todos podéis! Con Él todo lo puedo, con Él sí que podemos conseguirlo, ¡ANIMO, ADELANTE!

Tomás Pajuelo. Párroco

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