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29/6/08

«¡Dichoso tú, Simón, hijo de Jonás!»

Domingo 13 del Tiempo Ordinario. Ciclo A. 29 de Junio.
Solemnidad de San Pedro y San Pablo

Lecturas: Hech. 12, 1-11 // 2Tim. 4,6-8. 17-18 // Mt. 16,13-19

Pedro y Pablo son los pilares de la Iglesia. Ellos fueron hombres normales, con sus debilidades y pecados, que sin embargo se entregaron totalmente y confiadamente en las manos de Cristo.

San Pedro, negó a Jesús el Jueves Santo. El sintió el miedo de profesar la fe en Cristo y saber que podía ser ejecutado. Su debilidad le llevó a negar al Señor. Todo su buen ánimo se vino abajo y sucumbió a la negación. El señor lo miró apenado pero misericordiosamente. Pedro después de la Resurrección afirmó tres veces a Cristo. Confirmó su amor, su entrega y arrepentido le dijo: “Tu sabes que te quiero”.

Nosotros muchas veces también experimentamos la debilidad, negamos a Cristo con nuestras palabras y con nuestros pecados. Pero Él nos mira como a Pedro, con misericordia. Ojalá ante esa mirada nosotros, como Pedro, le digamos de nuevo que lo queremos y retomemos con ánimo nuestra vida cristiana.

San Pablo pasó de perseguir a ser perseguido, de matar cristianos a ser decapitado por serlo. Su conversión fue radical, se encontró con Cristo resucitado camino de Damasco. Se humilló y se convirtió. Cristo lo constituyó apóstol de los gentiles.

Este año celebramos el 2000 aniversario del nacimiento de Pablo de Tarso. Pedimos a Dios que seamos capaces de conocer, leer y vivir a San Pablo. Nos acerquemos a conocer su vida, a leer sus cartas en el Nuevo Testamento. Pero sobre todo, que imitemos su cambio radical de vida, dejemos la tibieza de la nuestra y nos entreguemos totalmente a la vida en Cristo Jesús.

Tomás Pajuelo Romero. Párroco.

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