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23/2/13

«Maestro, que bien se está aquí...»

II DOMINGO DE CUARESMA

Lecturas: Génesis 15, 5-12. 17-18 // Salmo 128 // Filipenses 3,17-4, 1 // Lucas 9, 28-36.

Queridos hermanos y hermanas:

Icono. Transfiguración del SeñorLa Liturgia de este Domingo nos habla de la Transfiguración del Señor. Nos habla de cómo serán nuestros cuerpos cuando seamos resucitados al final de los tiempos y al comienzo de la eternidad, porque en ese momento maravilloso seremos transformados, seremos también transfigurados.

Es lo que nos dice San Pablo en la Segunda Lectura (Flp. 3,17 - 4,1). Nos habla del momento de cuando vuelva Jesús del Cielo, en que “transformará nuestro cuerpo miserable en un cuerpo glorioso, semejante al suyo”.

Y ¿cómo es ese cuerpo glorioso de Jesús? El momento en que pudo verse mejor esa gloria divina en Jesús fue en el Monte Tabor cuando, en virtud de su poder, se transfiguró ante Pedro, Santiago y Juan.

Entonces ¿dónde podemos saber cómo seremos al ser resucitados? Entre otros pasajes de la Escritura, lo sabemos por boca ellos tres, que fueron los testigos de ese milagro maravilloso: la Transfiguración del Señor. Ese milagro fue preludio de la Resurrección de Cristo y es a la vez anuncio de nuestra propia resurrección.
Nos cuenta el Evangelio (Lc. 9, 28-36) que Jesús se llevó a esos tres discípulos al Monte Tabor. Allí se puso a orar y, estando en oración, sucedió ese milagro de su gloria: “su rostro resplandeció como el sol y sus vestiduras se hicieron blancas y fulgurantes”. Se entreabrió -por así decirlo- la cortina del Cielo y se nos mostró algo del esplendor de la gloria divina, la cual conocemos por el testimonio de los allí presentes.

Y decimos que se vio “algo” del esplendor de Dios, pues ningún ser humano hubiera podido soportar la visión completa de Dios.

Recordemos una de las experiencias de Moisés en el Monte Sinaí (Ex. 33, 7-11 y 18-23; Dt. 5, 22-27). Moisés le pidió a Dios que quería ver su gloria y Yahvé le contestó: “Mi cara no la podrás ver, porque no puede verme el hombre y seguir viviendo... tú, entonces, verás mis espaldas, pero mi cara no se puede ver”.

Ahora bien, Jesús invitó a Pedro, Santiago y Juan a subir con El al monte porque días antes les había hecho el anuncio de su próximo juicio, Pasión, Muerte y posterior Resurrección. Era necesario, entonces, reforzar la fe de sus más allegados, mostrándoles el fulgor y el poder de su gloria divina. Era necesario reforzar la fe en la próxima Resurrección de Cristo y la fe en la futura resurrección de los seres humanos, fe que los Apóstoles transmitirían en sus enseñanzas.

Ciertamente, seremos resucitados. Pero para ser así transformados, el camino es el mismo de Cristo, el que El comunicó a los Apóstoles con la Transfiguración y con el anuncio previo de su Pasión y Muerte: primero la cruz y luego la resurrección. Calvario y Tabor van juntos. Rostro herido y desfigurado por la Pasión, y rostro refulgente en la Transfiguración. Cuerpo ensangrentado y desangrado en la Cruz, y cuerpo cuya luz transforma su rostro y traspasa sus vestiduras en la Transfiguración.

Todos nosotros estamos llamados como los apóstoles a contemplar la gloria de dios pero el Señor nos recuerda en este tiempo de cuaresma que debemos abrazar con amor nuestra cruz. La cruz es el único camino para subir a nuestro monte Tabor.

Es cierto que en nuestros días no está de moda hablar de la cruz, del sacrificio, de la renuncia, de la persecución...pero sería traicionar los cimientos de nuestra fe NO hacerlo. Creo que hacemos un flaco favor cuando NO predicamos y anunciamos la CRUZ, por miedo a desentonar en la sociedad que vivimos. Estaríamos traicionando el mensaje del Evangelio, que es mensaje de PAZ, AMOR, PERDÓN, CRUZ y RESURRECCIÓN.

Pido a Dios todos los días fuerzas para vivir, aceptar y amar la Cruz que me manda y pido por toda la parroquia para que asumamos cada uno la Cruz como camino de la Gloria.

Feliz día del Señor. Tomás Pajuelo Romero. Párroco.

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17/2/13

Pertrechándonos para la lucha espiritual

PRIMER DOMINGO DE CUARESMA

Lecturas: Deuteronomio 26,4-10 // Salmo 91(90) // Carta de San Pablo a los Romanos 10,8-13 // Evangelio según San Lucas 4,1-13

La Cuaresma, que comenzamos con el Miércoles de Ceniza, nos invita a pertrecharnos para la lucha espiritual. ¿Cuáles son nuestras armas? Los medios que nos ofrece la Iglesia en este tiempo cuaresmal son: la oración, la penitencia, los ayunos, las limosnas; medios todos que nos ayudan a la conversión o cambio interior que requerimos para ir ganando este combate.

Los ejercicios del ayuno como respuesta a la sensualidad, de la limosna para atajar la avaricia, y de la oración contra la autosuficiencia, quieren ayudarnos a desprendernos de lo que impide la acción de Dios en nosotros.

La Liturgia de Cuaresma se nos abre precisamente con la batalla espiritual que Cristo libró contra el Demonio después de haber pasado cuarenta días de ayuno y oración en el desierto, en preparación para su vida pública de predicación al pueblo de Israel, entregándose a la Voluntad del Padre, en una misión que en poco tiempo lo llevaría a la muerte.

Y ¿qué es el desierto? Según la Sagrada Escritura, el desierto es el sitio privilegiado para encontrarse con Dios, para dejarse transformar por El. Hacer desierto es hacer silencio, retiro, etc... es buscar elencuentro con Dios.

Tal fue el caso del pueblo de Israel que vivió cuarenta años en el desierto. Y el desierto no sólo fue la travesía para llegar a la tierra prometida, sino también fue el sitio donde Yahvé fue moldeando al pueblo escogido para hacerlo depender sólo de El.

Sin embargo, el desierto, que para nosotros puede significar lugar de retiro, de silencio, de oración, no sólo es lugar de encuentro con Dios, sino también de lucha con el Demonio. Porque, a veces un encuentro privilegiado con Dios puede ir precedido de una lucha fuerte contra el Maligno, que se opone por todos los medios a ese encuentro nuestro con el Señor. Porque cuando estamos en la paz del silencio y de la rertirada del mundo, el demonio sabiendo que nos vamos a acercar más a Dios, nos tentará con fuerza. Nos dirá que la oración es tiempo perdido,que tenemos muchas cosas que hacer, nos vendrán a la mente un montón de cosas que no hemos hecho y que podríamos hacer...etc. Porque el quiere alejarnos del silencio y la oración. Pero no hay que temer. Recordemos: nunca seremos tentados por encima de nuestras fuerzas (cfr. 1 Cor. 10, 13). Jesús, al terminar su retiro, nos dice el Evangelio de hoy, “fue tentado por el Demonio” (Lc. 4, 1-13). Pero no vencido por el demonio.

Allí en el desierto, Jesús hizo que Satanás probara su derrota, derrota que completó con su Cruz y su Resurrección. Y esa derrota será plena y terminante el día de su venida gloriosa, cuando venga a establecer su reinado definitivo y ponga a todos sus enemigos bajo sus pies.

Nos dice el Catecismo de la Iglesia Católica (394) que el Demonio pretendió desviar a Cristo de su misión. ¡Qué osadía! Y pretendió esto con tres tentaciones: una de poder, otra de gloria y triunfo, y otra de bienestar material.

El Demonio intentará que nosotros también dejemos el plan de Dios pero con la oración, el ayuno, la limosna, la confesión, los sacramentos venceremos y conseguiremos no caer en la tentación.

Que Dios nos conceda a todos vivir la Cuaresma como un tiempo profundo de desierto interior en el que nos encontremos con Dios.

Que Dios os bendiga a todos. Feliz día del Señor.

Tomás Pajuelo Romero. Párroco.

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10/2/13

Avisos - Horarios Miércoles de Cenizas y celebración Solemnidad del Beato Álvaro


  1. El miercoles 13 de Febrero es Miercoles de Cenizas. Habrá misa a las 18h y a las 20h.
  2. Los dias 14, 15 y 16 habrá Triduo en honor al Beato Álvaro con el siguiente horario: Misa las 20h y después Exposición del Santísimo los tres días.
  3. El domingo 17 es la Solemnidad del Beato Álvaro y misa de 12h, a la que estamos todos invitados.

Aunque indignos, fueron escogidos por Dios. Como nosotros

V DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO

Lecturas: Libro de Isaías 6,1-2a.3-8 // Salmo 138(137) // Carta I de San Pablo a los Corintios 15,1-11 // Evangelio según San Lucas 5,1-11

Las tres lecturas de hoy nos presenta a tres hombres: Isaías, Pedro y Pablo. Tres personas ... como cualquiera de nosotros. Escogidos por Dios, llamados por Dios, que supieron responder a Dios.

“Aquí estoy, Señor. Envíame”, le respondió Isaías, a quien vemos en la Primera Lectura (Is. 6, 1-8).

En el Evangelio vemos a Pedro, acompañado de Santiago y Juan. “Desde hoy serás pescador de hombres”, le dijo Jesús a Pedro. Entonces, “llevaron las barcas a tierra, y dejándolo todo, lo siguieron (Pedro, Santiago y Juan)” (Lc. 5, 1-11).

En la Segunda Lectura vemos a Pablo. Y recordamos la lectura del día que celebramos su conversión (25 de enero) cuando, respondiendo a la luz y la voz que oye camino a Damasco, pregunta:“¿Qué debo hacer, Señor?” (Hech. 22, 3-16).

Nos cuenta el Evangelio que Jesús se subió a la barca de Pedro, con quien -por cierto- ya había tenido un contacto previo (cfr. Jn. 1, 35-42), y le pide alejarse un poco de tierra, para predicar desde allí. Al final de la predicación les ordena ir más adentro para pescar.

Pedro, pescador experimentado, dice que no hay pesca, que ya han probado, pero “confiado en tu palabra, Señor, echaré las redes”. Sucedió, entonces, la llamada “pesca milagrosa”: atraparon tantos peces que “las barcas casi se hundían”.

Al ver la manifestación del poder de Dios, a Pedro le sucede como a Isaías: se reconoce pecador e indigno y siente ese temor reverencial, que no es miedo. “¡Apártate de mí, Señor, porque soy un pecador!”. “No temas. Desde ahora serás pescador de hombres”, le dice el Señor. Y nos cuenta el Evangelio que llevaron las barcas a tierra y, dejándolo todo, lo siguieron.

A San Pablo le sucede lo mismo, cuando camino a Damasco para perseguir cristianos, la luz divina lo tumba al suelo y queda enceguecido.

Su sentimiento de indignidad lo resume en una palabra terrible, que nos trae la Segunda Lectura de hoy: “Finalmente se me apareció también a mí, que soy como un aborto. Porque yo perseguí a la Iglesia de Dios y por eso soy el último de los apóstoles e indigno de llamarme apóstol” (1 Cor. 15, 1-11).

Aunque indignos, fueron escogidos por Dios. Ahora bien ... ¡todos somos indignos, todos somos incapaces! Pero cuando Dios llama, purifica, prepara y equipa al escogido para la misión que le encomienda.

Dios nos llama a TODOS a una vocación común: "LA SANTIDAD". Seamos lo que seamos, curas, obispos, Papa, seglares, monjes, monjas, misioneros, colaboradores...lo que sea...TODOS tenemos que ser SANTOS. Tenemos que vivir plenamente según nuestro estado y condición, el evangelio, los mandamientos, la oración, la caridad...

Feliz domingo. Que Dios os bendiga a todos.

Tomás Pajuelo Romero. Párroco.

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8/2/13

Miércoles de Cenizas y Propósitos para Cuaresma

Con la imposición de las cenizas, se inicia una estación espiritual particularmente relevante para todo cristiano que quiera prepararse dignamente para la vivir el Misterio Pascual, es decir, la Pasión, Muerte y Resurrección del Señor Jesús.

Este tiempo vigoroso del Año Litúrgico se caracteriza por el mensaje bíblico que puede ser resumido en una sola palabra: "metanoeiete", es decir "Convertíos". Este imperativo es propuesto a la mente de los fieles mediante el rito austero de la imposición de ceniza, el cual, con las palabras "Convertíos y creed en el Evangelio" y con la expresión "Acuérdate que eres polvo y al polvo volverás", invita a todos a reflexionar acerca del deber de la conversión, recordando la inexorable caducidad y efímera fragilidad de la vida humana, sujeta a la muerte.

La sugestiva ceremonia de la ceniza eleva nuestras mentes a la realidad eterna que no pasa jamás, a Dios; principio y fin, alfa y omega de nuestra existencia. La conversión no es, en efecto, sino un volver a Dios, valorando las realidades terrenales bajo la luz indefectible de su verdad. Una valoración que implica una conciencia cada vez más diáfana del hecho de que estamos de paso en este fatigoso itinerario sobre la tierra, y que nos impulsa y estimula a trabajar hasta el final, a fin de que el Reino de Dios se instaure dentro de nosotros y triunfe su justicia.

Sinónimo de "conversión" es así mismo la palabra "penitencia"... Penitencia como cambio de mentalidad. Penitencia como expresión de libre y positivo esfuerzo en el seguimiento de Cristo.

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Propósitos para cuaresma:

  • Miércoles de Ceniza: Asistiré con toda mi familia a la iglesia para recibir la ceniza.
  • Jueves después de Ceniza: Leeré un pasaje del evangelio sobre la Pasión de Jesús para conocer más de Él.
  • Viernes después de Ceniza: Haré un sacrificio en la comida por amor a Jesús.
  • Sábado después de Ceniza: Rezaré un misterio del Rosario por todos los que están alejados de Jesús.
  • 1er Domingo de Cuaresma: Me confesaré con mucha devoción para renovar mi amistad con Jesús.
  • Lunes I semana de Cuaresma: Cumpliré con mis responsabilidades con alegría y sin quejarme.
  • Martes I semana de Cuaresma: Haré un acto de caridad con alguien más sin que nadie se de cuenta.
  • Miércoles I semana de Cuaresma: Hablaré sólo cosas buenas y positivas de los demás.
  • Jueves I semana de Cuaresma: Rezaré un Padrenuestro con toda mi familia antes de comer pidiendo por las familias que no están unidas.
  • Viernes I semana de Cuaresma: Haré un sacrificio por amor a Jesús.
  • Sábado I semana de Cuaresma: Rezaré un misterio del Rosario ofreciéndolo por los que están en pecado mortal.

  • II Domingo de Cuaresma: Visitaré a Jesús durante 15 minutos en el sagrario.
  • Lunes II semana de Cuaresma: Daré algo mío a alguien que lo necesite más que yo.
  • Martes II semana de Cuaresma: Cumpliré con mis responsabilidades con alegría y sin quejarme.
  • Miércoles II semana de Cuaresma: Haré un acto de caridad sin que nadie se de cuenta.
  • Jueves II semana de Cuaresma: Leeré un pasaje del evangelio sobre la Pasión de Jesús para conocer más de Él.
  • Viernes II semana de Cuaresma: Rezaré el Vía Crucis.
  • Sábado II semana de Cuaresma: Rezaré un misterio del Rosario por los sacerdotes y misioneros.

  • III Domingo de Cuaresma: Invitaré a misa a algún familiar o amigo que esté alejado de Dios.
  • Lunes III semana de Cuaresma: Ordenaré aquella área de mi casa que tengo más descuidada.
  • Martes III semana de Cuaresma: En la comida platicaremos de las cosas buenas que hemos recibido de Dios.
  • Miércoles III semana de Cuaresma: Haré un acto de caridad por alguien más sin que se den cuenta.
  • Jueves III semana de Cuaresma: Hablaré sólo cosas buenas y positivas de los demás.
  • Viernes III semana de Cuaresma: Perdonaré de corazón a todas las personas con las que pueda estar enojada o alejada.
  • Sábado III semana de Cuaresma: Rezaré un misterio del Rosario ofreciéndolo por todos los que aún no están bautizados.

  • IV Domingo de Cuaresma: Comulgaré con mucha devoción.
  • Lunes IV semana de Cuaresma: Leeré un pasaje del evangelio sobre la Pasión de Jesús para conocer más de Él.
  • Martes IV semana de Cuaresma: Cumpliré con mis responsabilidades con alegría y sin quejarme.
  • Miércoles IV semana de Cuaresma: Daré algo mío a alguien que lo necesite más que yo.
  • Jueves IV semana de Cuaresma: Rezaremos en familia antes de ir a dormir pidiendo por las familias desunidas.
  • Viernes IV semana de Cuaresma: Rezaré el Vía Crucis.Sábado IV semana de Cuaresma: Rezaré un misterio del Rosario ofreciéndolopor los que están en pecado mortal.

  • V Domingo de Cuaresma: Visitaré a Jesús durante 15 minutos en el sagrario.
  • Lunes V semana de Cuaresma: Haré un sacrificio en la comida por amor a Jesús.
  • Martes V semana de Cuaresma: Cumpliré con todas mis responsabilidades con alegría y sin quejarme.
  • Miércoles V semana de Cuaresma: Compartiré un consejo con alguien que lo necesite.
  • Jueves V semana de Cuaresma: Rezaré un Padrenuestro por el Santo Padre.
  • Viernes V semana de Cuaresma: Haré tres sacrificios ofreciéndolos por el arrepentimiento de los pecadores.
  • Sábado V semana de Cuaresma: Rezaré un misterio del Rosario por el arrepentimiento de las personas que ofenden a Dios

  • Domingo de Ramos: Participaré de los oficios del Domingo de Ramos.
  • Lunes Santo: Escribiré una carta para cada uno de los miembros de mi familia agradeciéndoles por su amor.
  • Martes Santo: Haré un sacrificio en la comida por amor a Jesús.
  • Miércoles Santo: Haré un acto de caridad sin que nadie se de cuenta.
  • Jueves Santo: Asistiré a los oficios para agradecer a Jesús que se quedó en la Eucaristía.
  • Viernes Santo: Rezaré el Vía Crucis en una iglesia.
  • Sábado Santo: Rezaré un Rosario para acompañar a María en su dolor.
  • Domingo de Resurrección: ¡ALEGRÍA! Asistiré a misa para celebrar la victoria de Jesús sobre el pecado.

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27/1/13

“El Espíritu del Señor está sobre Mí"

III DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO

Lecturas: Libro de Nehemías 8,2-4a.5-6.8-10. // Salmo 19(18),8.9.10.15. // Carta I de San Pablo a los Corintios 12,12-30. // Evangelio según San Lucas 1,1-4.4,14-21.

Uno de los pasajes más impactantes de la Escritura es el que nos trae el Evangelio de hoy (Lc. 1, 1-4 y 4, 14-21). Es impactante, pero pasa bastante inadvertido, muy probablemente por la discreción de Jesús. Es aquel momento en que Jesús dice que es a El a quien se refiere la profecía de Isaías que anuncia la labor del Mesías.

S. Lucas nos dice en el Evangelio de hoy, que Jesús, habiendo ya realizado su primer milagro en Caná de Galilea, comenzó a enseñar en las Sinagogas. Es importante notar que existía un solo Templo, el de Jerusalén, donde se celebraban las grandes fiestas judías y habían ceremonias en que los Sacerdotes ofrecían sacrificios. Pero cada pueblos tenía su propia Sinagoga, donde cada Sábado, se celebraba un oficio litúrgico en el que era fácil participar para leer y comentar la Palabra de Dios. Y Jesús cumpliendo la ley de Dios que nos manda en su tercer mandamiento:"santificar las fiestas" acudía cada sábado a la Sinagoga. Podríamos decir que era practicante.

Así fue como Jesús comenzó a darse a conocer: leyendo y enseñando en las Sinagogas sobre todo de Galilea. Nos dice San Lucas que “todos lo alababan y su fama se extendió por toda la región”.

Jesús, entonces, decide ir a Nazaret, el pueblo donde había crecido y vivido. Y ese Sábado -no por casualidad, sino seguramente porque como Dios, así lo dispuso- le tocó “el volumen de Profeta Isaías y encontró el pasaje en que estaba escrito” lo que se refería a la misión del Mesías: “El Espíritu del Señor está sobre Mí, porque me ha ungido para llevar a los pobres la buena nueva ...”

Siempre que se leía este trozo, la gente pensaba en ese personaje misterioso tan esperado por todo el pueblo de Israel. Esperaban al Mesías enviado por dios para salvarles. Pero ese día en que Jesús lee lo dicho sobre El, se le ocurre rematar la lectura diciendo: “Hoy mismo se ha cumplido este pasaje de la Escritura que acaban de oír”. Que es lo mismo que decir: “Ese de quien habla Isaías soy Yo”.

Hoy Jesús también nos dice a nosotros: “Ese de quien habla Isaías soy Yo”. el es el Salvador, nuestro Redentor. Por eso nosotros cada domingo santificamos el día acudiendo a Misa y reuniéndonos para celebrar al Señor, al Mesías nuestro Salvador. Nosotros hoy debemos cumplir el tercer mandamiento, lo mismo que hizo el propio Jesús, acudiendo con alegría, fe y gozo, a celebrar la Santa Misa. Para encontrarnos con Cristo Resucitado que nos convoca, nos instruye con su Palabra y nos alimenta con su Cuerpo y con su Sangre.

Y nosotros ... ¿creemos en Jesucristo? ¿Y creemos en todo lo que nos ha dicho y dispuesto? ¿Creemos que El es el Mesías que vino a salvarnos? ¿Aprovechamos la salvación que El nos trajo? ¿Deseamos hacer todo lo necesario para salvarnos?

Que Dios os bendiga a todos. Feliz día del Señor.

Tomás Pajuelo Romero. Párroco.

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20/1/13

"Haced lo que el os diga..."

II DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO

Lecturas: Isaías 62, 1-5 // Salmo 95 // 1ª Corintios 12, 4-11 // Juan 2, 1-11.

Bodas de CanáQueridos hermanos, en este segundo domingo del tiempo ordinario, la liturgia de la Palabra nos ofrece unos textos de una inmensa riqueza para nuestra vida cristiana. Tres reflexiones me gustaría compartir con vosotros este domingo:

La santificación del trabajo en la vida ordinaria. Comenzamos el lunes 14 de enero el Tiempo Ordinario, este tiempo litúrgico abarca 34 semanas del año. Es el tiempo en el que no celebramos ningún misterio de la vida de Cristo en especial (Cuaresma, Semana Santa, Adviento, Navidad, Pascua...). Si nos fijamos en la vida de Jesús o la nuestra, la mayor parte del tiempo de nuestra vida transcurre en la cotidianidad de las tareas de cada día. Nuestros trabajo, nuestra familia, nuestros estudios, nuestro ocio... Normalmente no estamos continuamente celebrando fiestas, acontecimientos únicos. Creo que si somos sinceros el 80% de nuestra vida transcurre en el anonimato de nuestras vidas escondidas. Así fue también Jesús, conocemos de Él de una manera precisa y amplia los tres últimos años de su vida, los treinta años anteriores pasaron sin que tengamos apenas conocimientos de ellos. Vivió en Nazaret, con san José y María. Trabajó, rezó, llevó la vida normal de un judío de su época.
Lo importante es que descubramos que en esa vida escondida y callada que vivimos es donde nos santificamos, dónde nos jugamos nuestra vida eterna, dónde podemos experimentar el Amor de Dios, el amor de los hermanos. Donde podemos crecer y entregarnos sin reservas al camino que nos presenta el evangelio.

La segunda reflexión brota de la segunda lectura: "La Inmensidad y Grandeza de la Iglesia. Es importante, muy importante, que los carismas, los movimientos, los caminos que hay en la Iglesia son muchos y plurales. El Espíritu Santo ha suscitado infinidad de Dones pero UNA sola FE, infinidad de caminos de vida cristiana, pero UNA sola FE. Debemos aprender a respetar, querer, amar, rezar a los demás carismas que existen en la Iglesia. No podemos empecinarnos en creer que el camino que a cada uno de nosotros nos sirve para llegar a Dios es único. Debemos darnos cuenta que el Señor se vale de muchas cosas para atraer a todos a la Salvación. Si una persona que le gustan las Hermandades cree que ese es el único camino para llegar a Dios, estaría en contra de la voluntad del Señor. Si una persona cree que su camino es el único y piensa que el que está en las hermandades no llegará a Dios, estaría cayendo en el mismo error que denuncia. Si otra persona cree que siendo catequista, o voluntario de Cáritas, o miembro de un catecumenado, o simplemente participando en la Eucaristía diaria o dominical pues Bendito sea Dios, porque ha conseguido encontrar un camino, un medio para amar cada día más al Señor y a los hermanos. Pero os pido por favor que no caigáis en la trampa del mal de pensar que ese modo concreto es el único y que el que no lo sigue se condenará. El Espíritu de Dios sopla donde quiere y cómo quiere pero siempre dentro de UNA misma FE. El que cree que sin practicar la fe se salvará ese tenga cierto que se engaña porque ese carisma NO ES del Espíritu Santo.

La tercera reflexión me brota de la lectura del Evangelio, y me da mucha paz porque sé que tengo a mi Madre la Virgen María que está intercediendo por nosotros. Con que delicadeza y convicción se acerca a su Hijo para pedirle que ayudará a aquellos novios que se había quedado sin vino. Intercedió por ellos y además nos dice algo muy importante para nuestras vidas: "haced lo que el os diga". Si en nuestra vida procuramos hacer siempre lo que Jesús nos dice en el Evangelio,viviremos plenamente nuestras vidas. Viviremos la felicidad aquí en nuestro mundo y la plena en el Cielo.

Que Dios os bendiga a todos. Feliz domingo. Tomás Pajuelo Romero. Párroco.

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17/1/13

Reportaje Gráfico de "Una Navidad con Estrellas"

El pasado 22 de Diciembre, jóvenes y niños de la parroquia representaron en el Salón Parroquial la obra teatral "Una Navidad con Estrellas" a beneficio de Cáritas Parroquial. Podéis ver el reportaje gráfico de la representación realizado por nuestro amigo Francisco Genis pinchando aquí.

16/1/13

Harían falta tres eternidades para celebrar dignamente la Eucarístía

Harían falta tres eternidades para celebrar dignamente la misa: 
   - una eternidad para prepararse
   - una eternidad para celebrarla

   - y una eternidad para dar gracias
Beato San Juan Eudes (1601-1680),
sobre la grandeza de la Eucaristía 
y la pequeñez del ser humano para celebrar con dignidad este gran Misterio

13/1/13

Fiesta del Bautismo del Señor - 2013

Fiesta del Bautismo del Señor - 2013

Lecturas: Libro de Isaías 40,1-5.9-11 // Salmo 104(103) // Carta de San Pablo a Tito 2,11-14.3,4-7 // Evangelio según San Lucas 3,15-16.21-22

Este domingo celebramos la fiesta del Bautismo del Señor. Con esta fiesta concluimos el tiempo de Navidad.

Durante siglos hemos escuchado de labios de los no creyentes, decir que si Dios existe por qué no se manifiesta, se muestra para que todos, viéndolo, crean... Es algo que se ha repetido a lo largo de la historia. Ciertamente podría ser un argumento lógico si fuese cierto, pero parte de una falsedad, pretender afirmar que Dios no se ha manifestado. En el evangelio de hoy podemos comprobar como Dios se nos manifestó de una manera histórica y concreta y con miles de testigos en el día del bautismo del Señor. Leemos hoy en el Evangelio, que Jesús se acercó al río Jordán, dónde estaba predicando y bautizando Juan Bautista y le pidió que le bautizara. Juan Bautista, delante de todos los que esperaban para bautizarse, bautizó a Jesús. Y en ese momento se oyó una Voz del Cielo que Dijo: "Tú eres mi Hijo, el amado, el predilecto.” Es Dios Padre que habló, que se manifestó, que demostró su existencia... Dios Hijo que es presentado como Hijo de Dios por el Padre, el Hijo está recibiendo el bautismo en el Jordán. Y Dios Espíritu Santo que bajó sobre él en forma en paloma.

Está muy claro que aquel día hace 1983 años (2013 menos 30, la edad de Cristo en ese momento), Dios Padre, Hijo y Espíritu Santo, se manifestó delante de los hombres para que creyeran en Él. Que Dios se ha hecho parte de nuestra historia para que nosotros vivamos en Él, Dios se hecho hombre para que el hombre llegue, al final de sus días, a Dios.

Creo que tenemos que hacer fuerte nuestra fe, que tenemos que recordar que Dios ha nacido, como hemos celebrado en esta Navidad, ha venido a Salvarnos, quiere demostrarnos que nos Ama de un modo Infinito y Eterno. Que está a nuestro lado siempre, desde nuestro bautismo hasta nuestro paso definitivo a su Gloria.

Creo que es hora de dejarnos de dudas, de cantos de sirenas que intentan alejarnos de nuestra fe y ponernos en serio a vivir nuestra vida cristiana. A vivir la Santidad en nuestras vidas, a preocuparnos de verdad por ser creyentes y coherentes. Que si decimos que creemos en Cristo Nuestro Dios y Señor, se manifieste en cada acción, palabra, opción, en cada detalle de nuestras vidas. Que el Espíritu Santo que hemos recibido todos en nuestro Bautismo, de una manera plena y santificante en nuestra Confirmación, haga de nosotros testigos creíbles de nuestra fe.

Es hora de dejar el anonimato y mostrar al mundo con nuestras palabras y obras, que queremos a Jesús, que queremos a los hermanos, que creemos en Dios y que nuestras vidas, nuestra felicidad, todo lo que somos lo ponemos en sus manos de Padre.
Que Dios os bendiga a todos. Que tengáis un maravilloso y feliz día del Señor. Un abrazo.

Tomás Pajuelo Romero.

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6/1/13

Solemnidad de la Epifanía del Señor - 2013

Solemnidad de la Epifanía del Señor

Lecturas: Isaías 60,1-6 // Salmo 72(71) // Efesios 3,2-3a.5-6 // Mateo 2,1-12

Queridos hermanos os ofrezco esta reflexión sobre la Epifanía del Señor:


La Epifanía es una de las fiestas litúrgicas más antiguas, más aún que la misma Navidad. Comenzó a celebrarse en Oriente en el siglo III y en Occidente se la adoptó en el curso del IV. Epifanía, voz griega que a veces se ha usado como nombre de persona, significa "manifestación", pues el Señor se reveló a los paganos en la persona de los magos.

Para los occidentales, que, como queda dicho más arriba, aceptaron la fiesta alrededor del año 400, la Epifanía es popularmente el día de los reyes magos. En la antífona de entrada de la misa correspondiente a esta solemnidad se canta: "Ya viene el Señor del universo. En sus manos está la realeza, el poder y el imperio". El verdadero rey que debemos contemplar en esta festividad es el pequeño Jesús. Las oraciones litúrgicas se refieren a la estrella que condujo a los magos junto al Niño Divino, al que buscaban para adorarlo.

Precisamente en esta adoración han visto los santos padres la aceptación de la divinidad de Jesucristo por parte de los pueblos paganos. Los magos supieron utilizar sus conocimientos -en su caso, la astronomía de su tiempo- para descubrir al Salvador, prometido por medio de Israel, a todos los hombres.

El sagrado misterio de la Epifanía está referido en el evangelio de san Mateo. Al llegar los magos a Jerusalén, éstos preguntaron en la corte el paradero del "Rey de los judíos". Los maestros de la ley supieron informarles que el Mesías del Señor debía nacer en Belén, la pequeña ciudad natal de David; sin embargo fueron incapaces de ir a adorarlo junto con los extranjeros. Los magos, llegados al lugar donde estaban el niño con María su madre, ofrecieron oro, incienso y mirra, sustancias preciosas en las que la tradición ha querido ver el reconocimiento implícito de la realeza mesiánica de Cristo (oro), de su divinidad (incienso) y de su humanidad (mirra).

A Melchor, Gaspar y Baltasar -nombres que les ha atribuido la leyenda, considerándolos tres por ser triple el don presentado, según el texto evangélico- puede llamárselos adecuadamente peregrinos de la estrella. Los orientales llamaban magos a sus doctores; en lengua persa, mago significa "sacerdote". La tradición, más tarde, ha dado a estos personajes el título de reyes, como buscando destacar más aún la solemnidad del episodio que, en sí mismo, es humilde y sencillo. Esta atribución de realeza a los visitantes ha sido apoyada ocasionalmente en numerosos pasajes de la Escritura que describen el homenaje que el Mesías de Israel recibe por parte de los reyes extranjeros.

La Epifanía, como lo expresa la liturgia, anticipa nuestra participación en la gloria de la inmortalidad de Cristo manifestada en una naturaleza mortal como la nuestra. Es, pues, una fiesta de esperanza que prolonga la luz de Navidad.

Esta solemnidad debería ser muy especialmente observada por los pueblos que, como el nuestro, no pertenecen a Israel según la sangre. En los tiempos antiguos, sólo los profetas, inspirados por Dios mismo, llegaron a vislumbrar el estupendo designio del Señor: salvar a la humanidad entera, y no exclusivamente al pueblo elegido.
Con conciencia siempre creciente de la misericordia del Señor, construyamos desde hoy nuestra espiritualidad personal y comunitaria en la tolerancia y la comprensión de los que son distintos en su conducta religiosa, o proceden de pueblos y culturas diferentes a los nuestros.

Sólo Dios salva: las actitudes y los valores humanos, la raza, la lengua, las costumbres, participan de este don redentor si se adecuan a la voluntad redentora de Dios, "nunca" por méritos propios. Las diversas culturas están llamadas a encarnar el evangelio de Cristo, según su genio propio, no a sustituirlo, pues es único, original y eterno.

Es una solemnidad impresionante porque nos manifiesta la universalidad de la Salvación que Cristo nos trae. El pueblo judio pretendía que la Salvación que traía el Mesías era sólo para sus habitantes. La Fiesta de la Epífania nos muestra como Cristo viene a Salvar a todos los pueblos y razas. Los Magos representan a todas las razas y culturas, que vienen a adorar a Cristo y a mostrar su fe. La fe de todos los pueblos.
Nosotros debemos ponernos a los pies del Señor y ser los que ahora adoremos a Cristo con nuestra fe, con nuestra vida entregada y con nuestra santidad.

Tomás Pajuelo Romero.

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30/12/12

"¿Por qué me buscabais? ¿No sabíais que yo debía estar en la casa de mi Padre?"


FIESTA DE LA SAGRADA FAMILIA

Lecturas: Eclesiástico 3, 2-6.12-14 // Salmo 128 // Colosenses 3, 12-21 // Lucas 2, 41-52.
Queridos hermanos y hermanas:

El Hallazgo del Salvador en el Templo. 1854-1860. William Holman HuntLa Iglesia nos coloca la Fiesta de la Sagrada Familia enseguida de la Navidad, para ponernos de modelo a la Familia en que Dios escogió nacer y crecer como Hombre.

Jesús, María y José. Tres personajes modelo, formando una familia modelo. Y fue una familia modelo, porque en ellos todo estaba sometido a Dios. Nada se hacía o se deseaba que no fuera Voluntad del Padre.
El Evangelio (Lc. 2, 41-52) nos narra el incidente de la pérdida de Jesús durante tres días y de la búsqueda angustiosa de José y María, que culmina con aquella respuesta desconcertante de Jesús: “¿No sabían que debo ocuparme de las cosas de mi Padre?”. El Padre y las cosas del Padre de primero. Así, en la casa de Nazaret todo estaba sometido al Padre. Jesús mismo pertenece al Padre Celestial, antes que a María y José.

La familia está hoy en crisis. Y seguirá estándolo mientras los esposos y los hijos no tengan como modelo a Jesús, María y José. Todo en ellos giraba alrededor de Dios. Como en la Sagrada Familia, con los esposos debe haber un “tercero” que debe estar siempre de “primero”: Dios. Entre padres e hijos, debe estar ese mismo “tercero”, (Dios) pero siempre de “primero”. De otra manera las relaciones entre los miembros de la familia pueden llegar a ser muy difíciles y hasta imposibles.

La presencia de Dios en el hogar, entre los miembros de la familia, es lo único que garantiza la permanencia de la familia y unas relaciones que, sin ser perfectas, como sí lo fueron en la Sagrada Familia, sean lo más parecidas posibles al modelo de Nazaret.

Por eso Dios elevó el matrimonio a nivel de Sacramento, para que la unión matrimonial fuera fuente de gracia para los esposos y para los hijos. Pero... ¿qué sucede, entonces?

Para responder, cabe hacernos otras preguntas: ¿Dónde está Dios en las familias? ¿Qué lugar se le da a Dios en las familias? ¿Es Dios el personaje más importante en las familias? ¿Se dan cuenta las parejas que se casan ante el altar, que para cumplir el compromiso que están haciendo al mismo Dios, deben poner a ese Dios de primero en todo? ¿Se recuerdan de esto a lo largo de su vida de casados? ¿Ponen a Dios de primero entre sus prioridades? ¿Enseñan esto a sus hijos?

¿Rezan los esposos? ¿Rezan con los hijos? “Familia que reza unida permanece unida” es el lema de la Campaña del Rosario en Familia. ¿Rezan unidas las familias? Sin la oración, nada es posible, menos aún la unión familiar y las buenas relaciones entre los miembros de una familia.

¿Cómo, entonces, poder cumplir con las exigencias del amor cristiano, que piensa primero en el otro antes que en uno mismo, que complace al otro antes de complacerse a sí mismo?

¿Cómo cumplir con los consejos que San Pablo nos da en la Segunda Lectura: “Sean compasivos, magnánimos, humildes, afables y pacientes. Sopórtense mutuamente y perdónense cuando tengan quejas contra otro. Y sobre todas estas virtudes, tengan amor, que es el vínculo de la perfecta unión”? (Col. 3, 12-21).

¿Cómo ser así los miembros de la familia si no obtienen las gracias necesarias a través de la oración? ¿Cómo poder ser así si Dios no está de primero en la vida de cada uno?

La Primera Lectura del libro del Eclesiástico o de Sirácide (Eclo 3, 3-7.14-17) nos trae consejos muy prudentes y oportunos sobre las relaciones entre los miembros de la familia,haciendo un desarrollo muy apropiado del Cuarto Mandamiento: honrar padre y madre.

Cuando los miembros de la familia ponen a Dios en primer lugar y buscan a Dios en la oración, es posible seguir estos antiguos consejos que siempre están vigentes. Con la oración, la vida familiar se hace más fácil, los hijos honran a sus padres, éstos se aman y se comprenden mutuamente, aman a los hijos y los educan para que Dios sea también el “primero” en sus vidas.

Ese es el secreto de la felicidad familiar.

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Horarios de las misas de Año Nuevo - 2013

Recordatorio de las misas de Año Nuevo (Solemnidad de Santa María Madre de Dios - precepto):

DÍA 31 DE DICIEMBRE

20'00 h.

DÍA 1 DE ENERO

12'00 h y 20'00 h (No habrá Misa a las 10'00 h. de la mañana)

29/12/12

Peregrinación a Montilla - Enero 2013

Con motivo del Año Jubilar de San Juan de Ávila se va a realizar una peregrinación a Montilla el próximo día 12 de enero de 2013. Los interesados pueden informarse y apuntarse en la sacristía.

25/12/12

¡FELIZ NAVIDAD 2012!


Desde la Parroquia del Beato Álvaro de Córdoba os deseamos a todos una

 ¡FELIZ NAVIDAD!.
¡Que Jesús llene vuestras vidas, os ilumine y acompañe siempre!


23/12/12

Misas de Navidad

Las misas de las fiestas de Navidad tendrán el siguiente horario:

DÍA 24 DE DICIEMBRE

20'00 h y 24'00 h (Misa del Gallo).

DÍA 25 DE DICIEMBRE

12'00 h y 20'00 h (No habrá Misa a las 10'00 h. de la mañana)

DÍA 31 DE DICIEMBRE

20'00 h.

DÍA 1 DE ENERO

12'00 h y 20'00 h (No habrá Misa a las 10'00 h. de la mañana)

¡Bendita tú entre las mujeres!

IV DOMINGO DE ADVIENTO

Lecturas: Miqueas Mi 5, 1-4 // Salmo 79 // Hebreos 10, 5-10 // Lucas 1, 39-45


Escena de la Visitación de María a su prima Santa Isabel1. María se puso en camino. Es consolador y estimulante imaginarse a María subiendo cuestas, sorteando piedras y arbustos, con el alma en vilo, caminando apresurada para ayudar a su prima Isabel que estaba en estado de buena esperanza. María, la prima joven de Nazaret, está ya a la puerta, saludando a su prima con el grito amoroso de paz, Shalom. Isabel se sintió, de golpe, rejuvenecida por dentro y hasta el pequeño Juan saltó de alegría en el vientre de su madre. ¡Qué hermosos son los pies del mensajero que anuncia la paz! Con el ejemplo de María, en este cuarto domingo de Adviento, cuando ya estamos a las puertas de la Navidad, es bueno que nos propongamos hacer de nuestra vida un camino hacia el prójimo, para ofrecerles ayuda, para llevarles un mensaje de paz. Al final, lo que quedará de nuestra vida, a los ojos de Dios, es lo que hayamos hecho por el prójimo. El egoísmo es una gran fuerza centrípeta, que nos empuja a caminar siempre en dirección hacia nosotros mismos, mientras que el amor es la gran fuerza centrífuga, que nos empuja a caminar en dirección a los demás. Dios quiere que también nosotros, como María, vivamos siempre caminando hacia el prójimo, dando a los demás en cada momento lo mejor de nosotros mismos. Vivir el Adviento como un camino de amor hacia el prójimo es una forma muy cristiana de prepararse para la Navidad.
2. Dichosa tú que has creído, porque lo que te ha dicho el Señor se cumplirá. ¡Qué bonita esta Bienaventuranza que Isabel le dedica a María! La fe de María la hace feliz, dichosa, bienaventurada. La fe de María no fue una fe racional, nacida de una comprensión completa de las palabras del ángel, no, la fe de María fue una fe vivencial, nacida del amor y de la confianza en el Dios que le hablaba a través de su mensajero. Así es siempre la fe verdadera, la que mueve montañas y la que hace milagros. La razón no enciende, por sí sola, el fuego creyente del corazón, porque la fe sin amor es una fe fría y estática. La fe que nos hace felices es la fe que brota del corazón creyente, la fe que se apoya en esas razones que tiene el corazón y que la razón no entiende, como nos dijo Pascal.

3. Se mostrará grande hasta los confines de la tierra, y este será nuestra paz. El profeta Miqueas sabe que lo que es pequeño a los ojos del mundo puede ser grande a los ojos Dios, que de la pequeña aldea de Belén de Efrata puede salir el Mesías, el Salvador. Este Mesías, este Salvador, será nuestra paz, una paz grande y verdadera que nos llenará el alma y nos hará vivir dichosos. Todos nosotros somos pequeños, pequeñísimos, ante Dios, pero la grandeza de Dios puede hacer obras grandes a través de nosotros. Porque miró la humildad de su esclava el Señor hizo obras grandes en María. De la humilde María, como de la pequeña aldea de Belén, salió el jefe de Israel, el Mesías, el Señor.

4. Tú no quieres sacrificios ni ofrendas… Entonces yo dije lo que está escrito en el libro: “Aquí estoy, oh Dios, para hacer tu voluntad “. El autor de esta carta a los Hebreos nos lo repite una vez más: no son nuestros sacrificios, ni nuestras ofrendas las que nos salvan, es el sacrificio único de Cristo el que nos ha reconciliado con Dios. Cristo se ofreció a sí mismo al Padre, le ofreció el sacrificio de sí mismo, como víctima de propiciación por nuestros pecados. Ofrezcamos también nosotros al Padre el sacrificio de nosotros mismos, obedeciendo siempre su voluntad. Y hagámoslo uniendo el sacrificio de nosotros mismos unido al sacrificio de Cristo.

Por Gabriel González del Estal

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16/12/12

Oración y vigilancia es lo que nos pide el Señor

TERCER DOMINGO DE ADVIENTO

Lecturas: Libro de Sofonías 3,14-18. // Libro de Isaías 12,2-3.4.5-6. // Carta de San Pablo a los Filipenses 4,4-7. // Evangelio según San Lucas 3,10-18.

Ya más entrado el Adviento, las lecturas nos hablan de alegría, pues ya está más cerca la venida del Señor.

La Primera Lectura (So. 3, 14-18). “Alégrate, hija de Sión, da gritos de júbilo ... No temas ... el Señor tu Dios está en medio de tí. El se goza y se complace en ti”. ¿Por qué hemos de estar alegres? Porque “el Señor ha levantado la sentencia contra ti, ha expulsado a todos tus enemigos”. Es la salvación realizada por Cristo lo que se nos anuncia aquí. Tanto es así que el Arcángel Gabriel hace eco de estas palabras cuando anuncia a la Santísima Virgen María la Encarnación del Hijo de Dios en su seno: “Alégrate, el Señor está contigo ... No temas María, porque has encontrado el favor de Dios ... concebirás y dará a luz a un Hijo” (Lc. 1, 28 y 30).

Desde que Jesús vino al mundo como Dios verdadero y como Hombre también verdadero, podemos decir con San Pablo en la Primera Lectura (Flp. 4, 4-7): “el Señor está cerca”, porque cada día que pasa nos acerca más a la venida del Señor. «Sí, vengo pronto», nos dice el final del Apocalipsis (Ap 22, 20)

¿Cuándo será ese momento? Nadie, absolutamente nadie, lo sabe con certeza. Eso nos lo ha dicho Jesús. Pero también nos ha dado algunos signos que Él mismo nos invita a observar: (Mt 24, 4-51; Lc 21, 5-36)

1.) Muchos tratarán de hacerse pasar por Cristo.

2.) Sucederán guerras y revoluciones que no son aun el final.

3.) Se levantará una nación contra otra y un reino contra otro.

4.) Terremotos, epidemias y hambres.

5.) Señales prodigiosas y terribles en el cielo.

6.) Persecuciones y traiciones para los cristianos.

7.) El Evangelio habrá sido predicado en todo el mundo.

8.) La mayor parte de la humanidad estará imbuida en las cosas del mundo y habrá perdido la fe.

9.) Después se manifestará el anti-Cristo, que con el poder de Satanás realizará prodigios con los que pretenderá engañar a toda la humanidad.

¿Cómo volverá Jesucristo? Primeramente aparecerá en el cielo su señal -la cruz-; vendrá acompañado de Ángeles y aparecerá con gran poder y gloria. (Mt. 24, 30-31)

Entonces ... ¿qué hacer? También nos lo dice el mismo Jesús: «Por eso estén vigilando y orando en todo momento, para que se les conceda escapar de todo lo que debe suceder y estar de pie ante el Hijo del Hombre.» (Lc 21, 36).

¿Qué más hacer? Con la oración como punto de partida, la Misa dominical que no debe faltar, arrepentimiento y Confesión sacramental de nuestros pecados y la Comunión lo más frecuente posible, debemos realizar el ideal del cristiano que conocemos.

Sin embargo, el Evangelio nos presenta a un personaje muy central de esta temporada de Adviento, preparatoria a la Navidad. Se trata de San Juan Bautista, el precursor del Mesías. El era primo de Jesús, recibió el Espíritu Santo aun estando en el vientre de su madre, cuando la Santísima Virgen la visitó enseguida de la Encarnación del Hijo de Dios.

Llegado el momento, San Juan Bautista comenzó su predicación para preparar el camino del Señor; es decir, para ir preparando a la gente a la aparición pública de Jesús.

Y al Bautista le preguntaban “¿qué debemos hacer?” (Lc. 3, 10-18). Y él les daba ya un programa de vida que parecía un preludio del mandamiento del amor que Jesús nos traería. “Quien tenga dos túnicas que dé una al que no tiene ninguna, y quien tenga comida, que haga lo mismo”.

Es así como la Navidad o primera venida del Mesías continúa siendo un recordatorio y un anuncio de su segunda venida. Que la venida del Señor esta Navidad no sea inútil, de manera que la celebración de su primera venida nos ayude a prepararnos a su venida final en gloria, para ser contados como trigo y no como paja.

Oración y vigilancia es lo que nos pide el Señor: orar y actuar como si hoy -y todos los días- fueran el último día de nuestra vida terrena.

Lo importante no es saber el cómo. Lo importante no es saber el cuándo. Lo importante es estar siempre preparados. Lo importante es vivir cada día como si fuera el último día de nuestra vida en la tierra.

Tomás Pajuelo Romero. Párroco.

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10/12/12

Cáritas parroquial: Mercadillo benéfico - Navidad 2012

MERCADILLO BENEFICO DE NAVIDAD 2012


Como complemento a la recogida de alimentos, vamos a llevar a cabo
un Mercadillo Benéfico de Navidad. Mercadillo que es el tercer año consecutivo que se celebra, en el que se ponen a la venta una variedad de artículos hechos a mano por personas que colaboran con Caritas.

Este año además, jóvenes que han recibido la Confirmación en nuestra parroquia y han decidido prolongar con catequesis de Pos-Confirmación su crecimiento en la Fe de Cristo, han decidido colaborar activamente elaborando ellos mismos artículos que se pondrán a la venta y cuyo beneficio han decidido donar a Caritas.

A todos les damos las gracias por su colaboración, y os emplazamos al domingo día 16 y 23 de Diciembre por la mañana, antes y después de misa, en la puerta de la Parroquia.

Que El Señor os bendiga a todos y nos colme de Amor y Paz esta Navidad. 

Caritas Parroquial Beato Álvaro de Córdoba


9/12/12

Volver a casa

SEGUNDO DOMINGO DE ADVIENTO

Lecturas: Libro de Baruc 5,1-9. // Salmo 126(125) // Carta de San Pablo a los Filipenses 1,4-6.8-11 // Evangelio según San Lucas 3,1-6

Estamos comenzando la Segunda Semana de Adviento. En este domingo, en la Primera Lectura del Profeta Baruc (Ba. 5, 1-9), encontramos la descripción de la ciudad de Jerusalén vacía y triste porque sus habitantes no están allí, sino en el exilio. Pero el Profeta invita a Jerusalén a alegrarse porque sus hijos desterrados volverán a la ciudad y serán conducidos del destierro a través del desierto por el mismo Dios.

Ahora bien, Jerusalén siempre es también símbolo de la Iglesia, que tiene muchos hijos también en exilio, fuera de sus muros, fuera de su influencia, alejados de ella. ¿Cómo se han exilado? Por el pecado, por la oposición a Dios y a sus leyes y designios. Por la falta de práctica religiosa. Y la Iglesia, la nueva Jerusalén, no deja de llamarnos a todos, especialmente en este tiempo de preparación que es el Adviento. LLamarnos a volver a casa.

Y Dios prepara ese camino, como nos dice el Profeta Baruc, “bajando montañas y colinas, rellenando los valles hasta allanar la tierra, para que Israel (el pueblo de Dios, su Iglesia) camine seguro bajo la gloria de Dios”. Además, “los bosques y los árboles le darán sombra por orden de Dios ... escoltándolo con su misericordia y su justicia.”

El Profeta anunciaba la preparación que Dios iba a hacer en el camino de regreso a través del desierto para que los desterrados pudieran volver a Jerusalén. Pero cuando San Juan Bautista, un siglo después de Baruc, comienza su predicación para preparar y anunciar la llegada del Mesías, retoma las palabras del Profeta y le da a las mismas un sentido espiritual.

En el Evangelio de hoy (Lc. 3, 1-6) San Lucas nos da al principio datos muy precisos de tiempo y lugar para ubicar con exactitud histórica al Bautista. También define a San Juan Bautista como “la voz que resuena en el desierto” anunciada por el Profeta Isaías (Is. 40, 3-5) quien también describe como Baruc el terreno que ha de allanarse en el desierto.

O sea que San Juan Bautista, el Precursor, anunciador del Mesías, quien era su primo Jesús de Nazaret, utiliza las palabras de los Profetas antiguos para realizar su misión, la de “preparar” el camino del Señor:

Preparad el camino del Señor, allanad sus senderos; elévense los valles, desciendan los montes y colinas; que lo torcido se enderece, lo escabroso se iguale.
Y todos verán la salvación de Dios ¿qué significa eso de enderezar, rellenar y rebajar y aplanar el terreno del desierto? ¿Qué obra de ingeniería vial es ésa, mediante la cual “todos los hombres verán la salvación de Dios”?

Es la obra de ingeniería divina que Dios realiza con su gracia en nuestras almas. Nuestras almas son un desierto irrigado por la gracia divina, un desierto irregular con picos y hondonadas; sinuoso, con curvas y recovecos; su superficie es áspera con huecos y salientes. Y el Señor tiene que uniformarlo, hacerlo recto en todas sus dimensiones a lo ancho y largo, a lo alto y profundo, de un lado a otro.

El Señor tiene que enderezar las curvas torcidas de nuestra mente, que busca sus propios caminos equivocados de racionalismo y engreimiento. El Señor tiene que rellenar las hendiduras de nuestras bajezas, cuando preferimos comprar lo que nos vende el Demonio, en vez de optar por la Voluntad de Dios. El Señor tiene que tumbar y rebajar las colinas y montañas de nuestro orgullo, cuando creemos que podemos ser como Dios, al pretender decidir por nosotros mismos lo que es bueno o malo; o cuando creemos poder cuestionar a Dios sus planes para nuestra vida, sin darnos cuenta que El -nuestro Creador y Padre- es quien sabe lo que nos conviene a cada uno. El Señor tiene que suavizar con su Amor la superficie de nuestra alma, para quitar la aspereza de nuestro egoísmo, cuando no sabemos amarlo ni a El ni a los demás, sino que nos amamos sólo a nosotros mismos.

Aparece este domingo la figura de S. Juan Bautista, el precursor, que desde la humildad, la sencillez y la austeridad, preparó el camino del Señor. El Adviento debe ser para nosotros un tiempo en el que con humildad, sencillez, austeridad y determinación, preparemos el camino al Señor y nos preparemos de verdad para vivir cristianamente la Navidad. Que Dios os bendiga a todos. Feliz Día del Señor.

Tomás Pajuelo Romero. Párroco.

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8/12/12

La Inmaculada Concepción: Los orígenes de la Fiesta

LA INMACULADA CONCEPCIÓN
Los orígenes de la Fiesta

 

En la Constitución Ineffabilis Deus de 8 de Diciembre de 1854, Pío IX pronunció y definió que la Santísima Virgen María «en el primer instante de su concepción, por singular privilegio y gracia concedidos por Dios, en vista de los méritos de Jesucristo, el Salvador del linaje humano, fue preservada de toda mancha de pecado original». De esta manera proclamaba como dogma de fe de forma definitiva lo que la tradición popular había sostenido desde los comienzos de la Iglesia.
 
1. LA SAGRADA ESCRITURA
  
  
En la Sagrada Escritura encontramos algunas referencias (aunque no directas)  a la Virgen.
El primer pasaje escriturístico que contiene la promesa de la redención menciona también a la Madre del Redentor: “Yo pondré enemistad entre ti y la mujer y su estirpe; ella aplastará tu cabeza cuando tú aceches para morderle su talón” (Génesis 3:15).
Por otra parte en el evangelio de San Lucas, el saludo del ángel Gabriel (Cfr. Lucas 1:28) Dios te salve, llena de gracia , “chaire kecharitomene”, indica una alabanza a la abundancia de gracia, un sobrenatural estado del alma agradable a Dios, que encuentra explicación sólo en la Inmaculada Concepción de María.
También se han visto referencias a la Virgen María en el libro de los Proverbios, el Eclesiático y el Cantar de los Cantares (Cfr. Cant. 4:7).
 
2. LOS PADRES DE LA IGLESIA
  
  
 Respecto de la impecabilidad de María, los antiguos Padres son muy cautelosos, aunque insisten en dos puntos sobre todo: la absoluta pureza de María y su posición como segunda Eva (Cfr. 1 Cor 15:22).
Esta celebrada comparación entre Eva, por algún tiempo inmaculada e incorrupta -no sujeta al pecado original- y la Santísima Virgen es desarrollado por varios Padres de la Iglesia: San JustinoSan Ireneo de LyonTertulianoSan Cirilo de Jerusalén y Sedulio entre otros.
Los escritos patrísticos sobre la absoluta pureza de María son muy abundantes: Orígenes la llama «digna de Dios, inmaculada del inmaculado, la más completa santidad, perfecta justicia, ni engañada por la persuasión de la serpiente, ni infectada con su venenoso aliento». San Ambrosio dice que «es incorrupta, una virgen inmune por la gracia de toda mancha de pecado». San Agustín declara que todos los justos han conocido verdaderamente el pecado «excepto la Santa Virgen María, de quien, por el honor del Señor, yo no pondría en cuestión nada en lo que concierne al pecado».
Los Padres sirios nunca se cansaron de ensalzar la impecabilidad de MaríaSan Efrén describe la excelencia de la gracia y santidad de María: «La Santísima Señora, Madre de Dios, la única pura en alma y cuerpo, la única que excede toda perfección de pureza, única morada de todas las gracias del más Santo Espíritu [..], mi Señora santísima, purísima, sin corrupción, la solamente inmaculada».
 
3. EL ORIGEN DE LA FIESTA
  
  
La antigua fiesta de la Concepción de María (Concepción de Santa Ana), que tuvo su origen en los monasterios de Palestina a final del siglo VII, y la moderna fiesta de la Inmaculada Concepción no son idénticas en su origen, aunque la fiesta de la Concepción de Santa Ana se convirtió con el paso del tiempo en la de la Inmaculada Concepción.
Para determinar el origen de esta fiesta debemos tener en cuenta los documentos genuinos que poseemos. El más antiguo es el canon de la fiesta, compuesto por San Andrés de Creta, quien escribió su himno litúrgico en la segunda mitad del siglo VII.
En la Iglesia Oriental la solemnidad emergió de comunidades monásticas, entró en las catedrales, fue glorificada por los predicadores y poetas, y eventualmente fue fijada fiesta en el calendario de Basilio II, con la aprobación de la Iglesia y del Estado.
En la Iglesia Occidental la fiesta aparece cuando en el Oriente su desarrollo se había detenido. El tímido comienzo de la nueva fiesta en algunos monasterios anglosajones en el siglo XI, en parte ahogada por la conquista de los normandos, vino seguido de su recepción en algunos cabildos y diócesis del clero anglo-normando.
El definitivo y fiable conocimiento de la fiesta en Occidente vino desde Inglaterra; se encuentra en el calendario de Old Minster, Winchester, datado hacia el año 1030, y en otro calendario de New Minster, Winchester, escrito entre 1035 y 1056. Esto demuestra que la fiesta era reconocida por la autoridad y observada por los monjes sajones con considerable solemnidad.
Después de la invasión normanda en 1066, el recién llegado clero normando abolió la fiesta en algunos monasterios de Inglaterra donde había sido establecida por los monjes anglosajones. Pero hacia fines del siglo XI, a través de los esfuerzos de Anselmo el Joven, fue retomada en numerosos establecimientos anglo-normandos.
Durante la Edad Media la Fiesta de la Concepción de María fue comúnmente llamada la «Fiesta de la nación normanda», lo cual manifiesta que era celebrada en Normandía con gran esplendor y que se extendió por toda la Europa Occidental.
Por un Decreto de 28 de Febrero de 1476Sixto IV adoptó por fin la fiesta para toda la Iglesia Latina y otorgó una indulgencia a todos cuantos asistieran a los Oficios Divinos de la solemnidad. Para poner fin a toda ulterior cavilación, Alejandro VII promulgó el 8 de Diciembre de 1661 la famosa constitución «Sollicitudo omnium Ecclesiarum» en la que declaró que la inmunidad de María del pecado original en el primer momento de la creación de su alma y su infusión en el cuerpo eran objeto de fe.
Desde el tiempo de Alejandro VII hasta antes de la definición final, no hubo dudas por parte de los teólogos de que el privilegio estaba entre las verdades reveladas por Dios. Finalmente Pío IX, rodeado por una espléndida multitud de cardenales y obispos, promulgó el dogma el 8 de Diciembre de 1854.
 
Fuente: FREDERICK G. HOLWECK

Solemnidad de la Inmaculada Concepción de la Virgen María

Acto de Veneración a la Inmaculada en la Plaza de España
Discurso del Santo Padre Benedicto XVI

Sábado, 8 de diciembre de 2012

¡Queridos hermanos y hermanas!

Siempre es un placer especial reunirnos aquí, en la Plaza de España, en la fiesta de María Inmaculada. Reunirnos juntos – romanos, peregrinos y visitantes – a los pies de la estatua de nuestra Madre espiritual, nos hace sentirnos unidos en el signo de la fe. Me gusta subrayarlo en este Año de la fe que toda la Iglesia está viviendo. Os saludo con afecto y me gustaría compartir con vosotros algunos simples pensamientos, sugeridos por el Evangelio de esta solemnidad: el Evangelio de la Anunciación.

En primer lugar, nos sorprendente siempre, y nos hace reflexionar, el hecho de que el momento decisivo para el futuro de la humanidad, el momento en que Dios se hizo hombre, está rodeado de un gran silencio. El encuentro entre el mensajero divino y la Virgen Inmaculada pasa totalmente desapercibido: nadie sabe, nadie habla de ello. Es un acontecimiento que, si hubiera sucedido en nuestro tiempo, no dejaría huella en los periódicos y en las revistas, porque es un misterio que sucede en el silencio. Lo que es realmente grande a menudo pasa desapercibido y el silencio apacible se revela más fructífero que la frenética agitación que caracteriza nuestras ciudades, pero que – con las debidas proporciones – se vivía ya en las grandes ciudades de entonces, como Jerusalén. Aquel activismo que nos impide detenernos, estar tranquilos, escuchar el silencio en el que el Señor hace oír su voz discreta. María, el día que recibió el anuncio del Ángel, estaba recogida y al mismo tiempo abierta a la escucha de Dios. En ella no había obstáculo alguno, ninguna pantalla, nada que la separara de Dios. Este es el significado de su ser sin pecado original: su relación con Dios está libre de la más mínima imperfección, no hay separación, no hay sombra de egoísmo, sino una sintonía perfecta: su pequeño corazón humano está perfectamente “centrado” en el gran corazón de Dios. Así que, queridos hermanos y hermanas, venir aquí ante este monumento a María, en el centro de Roma, nos recuerda en primer lugar, que la voz de Dios no se reconoce en el ruido y la agitación; su diseño en nuestra vida personal y social no se percibe quedándose en la superficie, sino yendo a un nivel más profundo, donde las fuerzas no son de índole económica o política, sino morales y espirituales. Es allí, donde María nos invita a ir y a sintonizar con la acción de Dios.

Hay una segunda cosa, aún más importante, que la Inmaculada nos dice cuando estamos aquí, y es que la salvación del mundo no es obra del hombre – de la ciencia, de la tecnología, de la ideología –, sino es por la Gracia. ¿Qué significa esta palabra? Gracia significa el Amor en su pureza y belleza, es Dios tal como se revela en la historia de la salvación narrada en la Biblia y cumplida en Jesucristo. María es llamada la “llena de gracia” (Lc 1,28) y esta identidad nos recuerda el primado de Dios en nuestra vida y en la historia del mundo, nos recuerda que el poder del amor de Dios es más fuerte que el mal, puede llenar los vacíos que el egoísmo provoca en la historia de las personas, de las familias, de las naciones y del mundo. Estos vacíos pueden convertirse en infiernos, donde la vida humana es como si se tirara hacia lo bajo y hacia la nada, perdiendo el sentido y la luz. Las falsas soluciones que ofrece el mundo para llenar esos vacíos – emblemática es la droga – de hecho ensanchan el abismo. Sólo el amor nos puede salvar de esta caída, pero no un amor cualquiera: un amor que tenga en él la pureza de Gracia – de Dios que transforma y renueva – y que pueda poner en los pulmones intoxicados nuevo oxígeno, aire limpio, energía nueva de vida. María nos dice que, por mucho que pueda caer el hombre, nunca es demasiado bajo para Dios, que descendió hasta los infiernos; por mucho que nuestro corazón ande por mal camino, Dios es siempre “más grande que nuestro corazón” (1Juan 3,20). El soplo suave de la Gracia puede dispersar las nubes más negras, puede hacer la vida más hermosa y llena de significado incluso en las situaciones más inhumanas.

Y aquí viene la tercera cosa que nos dice María Inmaculada: nos habla de la alegría, la verdadera alegría que se extiende en el corazón liberado del pecado. El pecado trae consigo una tristeza negativa, que (induce a encerrarse en sí mismo) nos induce a encerrarnos en nosotros mismos. La Gracia trae la verdadera alegría, que no depende de la posesión de las cosas, sino que tiene sus raíces en lo más íntimo, en lo más profundo de la persona, y que nada ni nadie puede quitar. El Cristianismo es esencialmente un “evangelio”, una “buena noticia”, aunque algunos piensen que es un obstáculo a la alegría, porque ven en él una serie de prohibiciones y reglas. En realidad, el Cristianismo es el anuncio de la victoria de la Gracia sobre el pecado, de la vida sobre la muerte. Y si implica algunos sacrificios y una disciplina de la mente, del corazón y del comportamiento, es precisamente porque en el hombre está la raíz venenosa del egoísmo, que perjudica a sí mismo y a los demás. Por tanto, debemos aprender a decir no a la voz del egoísmo y a decir sí a la del amor auténtico. La alegría de María está plena, porque en su corazón no hay sombra de pecado. Esta alegría coincide con la presencia de Jesús en su vida: Jesús concebido y llevado en el vientre, después niño confiado a sus cuidados maternos, adolescente y joven, y hombre maduro; Jesús que parte de casa, seguido a distancia con la fe hasta la Cruz y la Resurrección: Jesús es la alegría de María y la alegría de la Iglesia, de todos nosotros.

Que en este tiempo de Adviento, María Inmaculada nos enseñe a escuchar la voz de Dios que habla en el silencio; (que nos enseñe) a recibir su Gracia, que nos libera del pecado y del egoísmo, para gozar así la verdadera alegría. ¡María, llena de gracia, ruega por nosotros! (Traducción del italiano: Eduardo Rubió. Radio Vaticana)


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7/12/12

El Adviento en los Santos Padres de la Iglesia

Las dos venidas de Cristo

Anunciamos la venida de Cristo, pero no una sola, sino también una segunda, mucho más magnífica que la anterior. La primera llevaba consigo un significado de sufrimiento; esta otra, en cambio, llevará la diadema del reino divino. Pues casi todas las cosas son dobles en nuestro Señor Jesucristo. Doble es su nacimiento: uno, de Dios, desde toda la eternidad; otro, de la Virgen, en la plenitud de los tiempos. Es doble también su descenso: el primero, silencioso, como la lluvia sobre el vellón; el otro, manifiesto, todavía futuro. En la primera venida fue envuelto con fajas en el pesebre; en la segunda se revestirá de luz como vestidura. En la primera soportó la cruz, sin miedo a la ignominia; en la otra vendrá glorificado, y escoltado por un ejército de ángeles.

No pensamos, pues, tan sólo en la venida pasada; esperamos también la futura. Y, habiendo proclamado en la primera: Bendito el que viene en nombre del Señor, diremos eso mismo en la segunda; y, saliendo al encuentro del Señor con los ángeles, aclamaremos, adorándolo: Bendito el que viene en nombre del Señor.

El Salvador vendrá, no para ser de nuevo juzgado, sino para llamar a su tribunal a aquellos por quienes fue llevado a juicio. Aquel que antes, mientras era juzgado, guardó silencio refrescará la memoria de los malhechores que osaron insultarle cuando estaba en la cruz, y les dirá: Esto hicisteis y yo callé.

Entonces, por razones de su clemente providencia, vino a enseñar a los hombres con suave persuasión; en esa otra ocasión, futura, lo quieran o no, los hombres tendrán que someterse necesariamente a su reinado.

De ambas venidas habla el profeta Malaquías: De pronto entrará en el santuario el Señor a quien vosotros buscáis. He ahí la primera venida.

Respecto a la otra, dice así: El mensajero de la alianza que vosotros deseáis: miradlo entrar -dice el Señor de los ejércitos-. ¿Quién podrá resistir el día de su venida? ¿quién quedará en pie cuando aparezca? Será un fuego de fundidor, una lejía de lavandero: se sentará como un fundidor que refina la plata.

Escribiendo a Tito, también Pablo habla de esas dos venidas, en estos términos: Ha aparecido la gracia de Dios que trae la salvación para todos los hombres; enseñándonos a renunciar a la impiedad y a los deseos mundanos, y a llevar ya desde ahora una vida sobria, honrada y religiosa, aguardando la dicha que esperamos: la aparición gloriosa del gran Dios y Salvador nuestro, Jesucristo. Ahí expresa su primera venida, dando gracias por ella; pero también la segunda, la que esperamos.

Por esa razón, en nuestra profesión de fe, tal como la hemos recibido por tradición, decimos que creemos en aquel que subió al cielo, y está sentado a la derecha del Padre; y de nuevo vendrá con gloria para juzgar a vivos y muertos, y su reino no tendrá fin. Vendrá, pues, desde los cielos, nuestro Señor Jesucristo. Vendrá ciertamente hacia el fin de este mundo, en el último dia, con gloria. Se realizará entonces la consumación de este mundo, y este mundo, que fue creado al principio, será otra vez renovado.

De la Catequesis de San Cirilo de Jerusalén, Obispo
(Catequesis 15, 1-3: PG 33, 870-874)

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