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23/6/13

«Tú eres el Cristo de Dios»

XII DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO

Lecturas: Libro de Zacarías 12,10-11.13,1 // Salmo 62(61) // Carta de San Pablo a los Gálatas 3,26-29 // Evangelio según San Lucas 9,18-24

Queridos hermanos:

Las lecturas de este domingo, nos invitan a recordar a Jesucristo como Mesías. Fijémonos en el Evangelio cuando el Señor pregunta a sus Apóstoles quién creen ellos que es El. Y Pedro, inspirado directamente por el Espíritu Santo, reconoce al Señor como el Mesías, como Aquél a quien todo el pueblo de Israel -el Pueblo de Dios- había estado esperando por siglos.

“Mesías” significa “Ungido”. Pero el significado de la palabra “Mesías” es mucho más profundo que esto. Desde los primeros libros de la Sagrada Escritura vemos que el Pueblo de Dios esperaba al Mesías prometido. Y Dios va renovando y recordando esa promesa a lo largo de todo el Antiguo Testamento.

¿Qué sucedió? ¿Por qué Dios prometió al Mesías? ¿Por qué tanta expectación?
Recordemos que Dios había diseñado un plan maravilloso al colocar a la primera pareja humana en un sitio y un estado ideal de felicidad: el Paraíso Terrenal o Jardín del Edén. Pero nuestros primeros progenitores se rebelaron contra Dios, su Creador, y perdieron ellos, y nosotros sus descendientes, esa inicial condición de felicidad perfecta en que Dios los había colocado.

En ese estado de felicidad inicial los seres humanos gozábamos de privilegios especiales. Entre otras cosas, ni sufríamos, ni nos enfermábamos, ni moríamos. Además nos era más fácil hacer el bien y teníamos un mejor conocimiento de Dios, lo cual nos ayudaba a tener una mayor intimidad con El.

Pero Dios, que nos creó para que pudiéramos disfrutar para siempre de su Amor Infinito, no quiso abandonarnos, ni dejarnos en la situación en que quedamos, sino que preparó y diseñó un Plan de Salvación para la humanidad.

Pero, ¿Por qué plantea Jesús a los discípulos el asunto de su identidad? Porque había llegado el momento en que tenía que plantearles lo de su sufrimiento, muerte y resurrección, porque ya esto era inminente. Eso iba a suceder unos pocos días después, en cuanto llegaran a Jerusalén. Era muy importante, entonces, que supieran que –efectivamente- El era el Mesías esperado … aunque fuera apresado, aunque sufriera y muriera, Ellos mismos –en boca de Pedro- lo habían reconocido así. Pero, aunque les aseguró que resucitaría al tercer día, ni se dieron cuenta de esto que era lo más importante del anuncio.

Como los Apóstoles ya lo reconocían como el Salvador, el Mesías, debían saber y entender que no hay salvación si no se pasa por el sufrimiento. De allí que enseguida les informa –y nos informa- que también nosotros debemos recorrer el mismo camino: “Si alguno quiere acompañarme, que no se busque a sí mismo, que tome su cruz de cada día y me siga”.

Los sufrimientos de Jesús y su muerte en cruz, nos da la medida del precio de nuestro rescate: nada menos que la vida misma del Mesías. En efecto, Jesucristo, el Hijo de Dios hecho Hombre, paga nuestro rescate a un altísimo precio: con su Vida, Pasión, Muerte y posterior Resurrección.

Y ¿qué obtiene el género humano del Mesías?

El sacrificio de Jesucristo, el Mesías prometido y esperado, el Mesías reconocido por Pedro, ése que esperaban desde había siglos, nos consigue de nuevo el derecho a heredar la felicidad eterna en el Cielo. (Eso lo habíamos perdido).

Ahora bien, ya tenemos de nuevo el derecho a llegar al Cielo. Pero ¿cómo íbamos a cobrar esa herencia? Aprovechando todas las gracias que puso a nuestra disposición para llegar a allí.

El cristiano tiene abiertas las puertas del cielo, Cristo nos ha salvado y nos ha dicho que nos espera en su Reino. Esas puertas las cerramos nosotros con nuestros pecados, egoismos, faltas de fe, faltas de Amor a Dio...

Cristo nos dice hoy a cada uno de nosotros: ¿y para tí quién soy yo?

Con nuestro corazón abierto en su presencia vamos a contestarle sinceramente, vamos a decirle de verdad a Jesús, quién es Él para cada uno de nosotros. Vamos a decirselo con nuestras obras, con nuestra vida, con nuestro testimonio.

Pido a Dios todos los días por cada uno de los fieles que formamos Beato Álvaro de Córdoba para que deseemos ardientemente vivir la Gracia de Dios en nuestra vida, para que vivamos el Evangelio cada día y para que dediquemos tiempo a la oración cada jornada de nuestra existencia.

Que Dios os bendiga a todos. Feliz domingo.

Tomás Pajuelo Romero. Párroco.

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18/6/13

La Parroquia de Beato Álvaro devuelve la Visita al Señor Obispo

El pasado domingo nuestro párroco, D. Tomás Pajuelo, el coro parroquial y fieles de la parroquia asistieron a la misa dominical de la Santa Iglesia Catedral como devolución de la visita que el Señor Obispo realizó a nuestra parroquia el pasado año. Dejamos a continuación el vídeo de la celebración que fue acompañada por los cantos de nuestro coro.

   

11/6/13

Distracciones en la Misa

Muchas veces cuando participamos en la eucaristía podemos notar que el sacerdote ese día no está celebrando con total devoción. Muchas veces lo fácil es acusarle de distraerse en la misa, de no celebrar con unción, que le falta fe... o cosas peores...

Pero me gustaría compartir esta reflexión que he encontrado en internet:
Las distracciones pueden venir de dos sitios. El primero, del propio señor cura, porque quién sabe si este buen señor que está celebrando tiene algún problema gordo y esta tratándose algo que los feligreses desconocen. No es mi caso, pero vamos a suponer cosas.

No sabemos si el celebrante está enfermo, está pendiente de un diagnóstico o prueba de cuidado, si están detectándole algo malo. Tampoco si está sufriendo por algún problema en su familia, la enfermedad grave de sus padres, un hermano, quién sabe si se encuentra esperando un fatal desenlace de alguien muy cercano. Puede suceder que haya tenido un serio conflicto en la parroquia, un desencuentro con un compañero, unas palabras con el obispo, que esté sufriendo por una calumnia. Recuerdo un caso, gente que me decía “vaya misa que ha dicho hoy don Fulano, estaba en otra parte, así no se puede celebrar, te quita la devoción", y yo sabía que acababan de detectarle un tumor maligno y sin esperanzas.

Por eso cuando un cura parezca que en misa se distrae, que no se centra, si no ocurre nada especial en la celebración, no echemos tan fácilmente la culpa a su escasa espiritualidad o pocas ganas. Quién sabe si el pobre no tendrá en su cabeza algo que le esté agobiando. Ya, ya sé que todo debe superarse en el Señor, pero entiendo que querrán hombres, no ángeles, y a los hombres a veces nos pasan estas cosas.

Pero piensen también si esta aparente falta de ganas no puede venir también de la misma celebración. Y aquí voy a poner un poco de humor y a narrar cómo se ven las cosas desde el otro lado del altar. Porque no se crean que siempre es fácil celebrar.
Imaginen la misa de doce. Doce en punto y el sacerdote sale de la sacristía. Eso sí, hasta las doce y veinte la gente sigue entrando en el templo de forma continuada, y además haciendo ruido, según esa vieja fórmula de que al cine, cuando llegas tarde, entras de puntillas pero en la iglesia taconeando. Tres o cuatro móviles que suenan durante la celebración, uno incluso con el politono de Paquito el chocolatero, que solo falta que la gente responda agachándose y con el ey, ey, ey…. Pero es que además en un caso hasta han cogido la llamada: “oye que luego te llamo, que estoy en misa, sí, todos bien, me alegro, vale, pues luego hablamos". Sigue la misa y justo en medio de la consagración un niño de en torno a un añito suelta un chillido agudo y penetrante como si le estuvieran circuncidando. A partir de ese momento, para que esté tranquilo, mamá entrará y saldrá de la iglesia con el niño no menos de tres o cuatro veces. La señora María se levanta de vez en cuando y va echando monedas a los lampadarios con el consiguiente “cloc, cloc” de cada moneda porque es su costumbre. Eso sí, señor cura, usted no haga caso y a celebrar con mucha unción. Pues hombre, uno lo intenta, pero reconozcan que no siempre nos lo ponen fácil.


Cuando lo leía me preguntaba ¿No podemos poner todos (sacerdotes y fieles) de nuestra parte para que la Celebración de la Eucaristía sea el momento más importante en nuestra vida? Recemos a Dios para que así sea.
Tomás.

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28/5/13

Prevista adoración única de la Iglesia universal al Santísimo Sacramento el 2 de junio

La Iglesia universal realizará un gesto único el 2 de junio, día de Corpus Christi, de 17:00 a 18:00 (hora española) por el Año de la Fe, hora a la que en nuestra diocesis, el Obispo Demetrio, en comunión con el Papa Francisco, presidirá dicha adoración Eucarística.

«El papa Francisco, con motivo del Año de la Fe, ha convocado a toda la Iglesia a un gesto único: que en la tarde del domingo 2 de junio, día en que la mayor parte de la Iglesia Católica celebra la solemnidad del Corpus Christi, y a la misma hora, todos los católicos del mundo nos unamos en un gesto unánime de comunión con el Señor, y también de comunión con el Vicario de Cristo, con todo el Colegio Episcopal, y con toda la Iglesia extendida por toda la tierra, en una hora de adoración al Santísimo Sacramento»

26/5/13

Solemnidad de la Santísima Trinidad 2013

SOLEMNIDAD DE LA SANTÍSIMA TRINIDAD

Lecturas: Libro de los Proverbios 8,22-31 // Salmo 8 // Carta de San Pablo a los Romanos 5,1-5 // Evangelio según San Juan 16,12-15

Celebramos hoy la Solemnidad de la Santísima Trinidad: el misterio de un solo Dios en Tres Personas. Y las lecturas de hoy nos invitan a meditar sobre la esencia de Dios.

La Primera Lectura (Prov. 8, 22-31), tomada de uno de los llamados “libros sapienciales” de la Sagrada Escritura, el de los Proverbios, nos habla de la Sabiduría. Y al hablar de la Sabiduría se nos va mostrando en bellísima poesía el inmenso poder de Dios con frases como éstas: “jugando con el orbe de la tierra... afianzaba los cielos ... colgaba las nubes en lo alto”.

Y es curioso apreciar cómo también esta poesía nos presenta la Sabiduría como si fuera un personaje, como si fuera una creatura de Dios: “El Señor me poseía desde el principio, antes que sus obras más antiguas ... Antes que las montañas y las colinas quedaran asentadas, nací yo”.

Sin embargo, en esta otra frase podemos intuir que la poesía bíblica señala a la Sabiduría como si fuera Dios mismo: “Quedé establecida desde la eternidad, desde el principio”. En efecto, en otro de los libros sapienciales, el de la Sabiduría, se nos dice que por la Sabiduría “los hombres se salvarán” (Sb. 9, 18). También: “la Sabiduría es una emanación pura de la gloria de Dios” (Sb. 8, 25).

Es importante notar que en este caso, como en otros cuantos, el lenguaje de la Biblia no es literal. Estas bellísimas metáforas que nos comunican con claridad, aunque en lenguaje poético, la idea de la magnificencia y del poder de Dios, no son lenguaje literal.

El cristiano reconoce en estas citas que la Sabiduría es una figura de Cristo, que es la imagen de la excelencia de Dios y reflejo de su actividad, porque Cristo es la Palabra -es decir, la expresión misma de Dios. (Jn. 1,1)

Siendo la Fiesta de la Santísima Trinidad, en el Evangelio (Jn. 16, 12-15) Jesús nos habla de sí mismo, y también del Padre y del Espíritu Santo. Habla de éste como el “Espíritu de Verdad”.

Y nos dice: “El los irá guiando hasta la verdad plena ... recibirá de Mí lo que les vaya comunicando. Todo lo que tiene el Padre es mío... tomará de lo mío y se lo comunicará”. Perfecta unión entre las Tres Personas, cuya Sabiduría es comunicada a nosotros.

Dicho en palabras de San Atanasio: “El Padre da a todos por el Hijo lo que el Espíritu Santo distribuye a cada uno”. Es decir: todo nos viene del Padre, por la gracia del Hijo, y todo es repartido por el Espíritu Santo.

De allí la frase de San Pablo (cf. 2 Cor. 13, 14) con que se inicia la Santa Misa: “La gracia de nuestro Señor Jesucristo, el Amor del Padre y la comunión del Espíritu Santo esté con todos ustedes”.

En la Segunda Lectura (Rm. 5, 1-5) también San Pablo nos explica el funcionamiento de la Santísima Trinidad para con nosotros. “Por mediación de nuestro Señor Jesucristo hemos obtenido la fe, la entrada al mundo de la Gracia... Dios ha infundido su Amor en nuestros corazones, por medio del Espíritu Santo, que El mismo nos ha dado”.

Quiere decir esto que el Padre es Amor, el Hijo es la Gracia. El Espíritu Santo es la comunicación del Amor y la Gracia. Es decir, el Amor del Padre y la Gracia del Hijo nos son comunicadas por el Espíritu Santo, el cual las infunde en nuestros corazones. ¡Maravilla operacional del Dios Uno y Trino, del Dios Vivo y Verdadero.

Y si Dios es así, si Dios funciona así para con nosotros sus creaturas, y si Dios es todo Amor y todo Gracia ¿por qué nos empeñamos en desfigurar a Dios?

Veamos: Un dios que no ama es la antítesis de Dios, pues esencialmente “Dios es Amor” (1 Jn. 4, 16).

Sin embargo, algunos en nuestros días se están construyendo un “dios” a su manera, a su medida, a su antojo... y, sin darse cuenta, se están construyendo un “dios” que no puede amar.

Un Dios “spray”, ha llamado el Papa Francisco a este “dios” inventado, por el “new-age” que creen es simplemente “energía”. Y una simple “energía”, por más grande que pueda ser, no es capaz de amar.

"¿Cuántas veces?" -se preguntó el Papa- la gente dice que en el fondo cree en Dios, pero "¿en qué Dios?. Un Dios difuso, un Dios-spray, que está un poco por doquier pero no se sabe qué es”. (18-4-13)

Para los católicos -y también para los demás cristianos- Dios es todopoderoso, infinitamente poderoso, pero no es una simple energía. Para nosotros Dios no es mera fuerza nebulosa: es un Ser, que conoce y que nos conoce a cada uno de nosotros en forma particular.

Es un Ser que se relaciona con nosotros, y nosotros con El. Es un Ser que ama, y nos ama a cada uno de manera especial, tan especial que nos ama a cada uno como si cada uno fuera único, porque cada una de sus creaturas es única para El.

Más aún, sabemos que Dios es un Ser tri-personal. De eso se trata el misterio de la Santísima Trinidad: Dios es uno, pero hay tres Personas en Dios.

Imposible de entender. Difícil de explicar. Aunque hay similitudes en nuestro mundo que nos ayudan a entender el concepto de Dios Uno y Trino: tres velas unidas en una sola llama, por ejemplo, nos dan una idea de la Trinidad.

“Nosotros creemos en Dios que es Padre, que es Hijo, que es Espíritu Santo. Nosotros creemos en personas, y cuando hablamos con Dios hablamos con Personas: o hablo con el Padre, o hablo con el Hijo, o hablo con el Espíritu Santo. Esta es la fe", dijo el Papa Francisco. (18-4-13)

Y esas Tres Personas que son cada una el mismo y único Dios, se aman entre sí y nos aman a nosotros con un Amor que es Infinito, como Infinito es Dios.

Pero esas Tres Personas no están incluidas en el monigote de dios que se está creando esta civilización. ¿Cómo es ese monigote de dios?

Jesucristo, Segunda Persona de la Santísima Trinidad, ni siquiera es considerado Dios. Es simplemente un profeta más, equiparado con Buda, Mahoma o Laotsé, Gandhi...

Los del New Age tienen la audacia de considerarlo un hombre que se dio cuenta que podía llegar a ser un dios. Para estos equivocados, Jesucristo no es el Dios-hecho-Hombre del Cristianismo, sino el hombre-hecho-dios que nos propone el post-modernismo, siguiendo la corriente panteísta, según la cual todo es dios y nosotros formamos parte de ese dios “spray”, por lo cual podemos pretender llegar nosotros también a ser dioses. ¡La tentación original: ser como dioses! Al final caemos en lo mismo que Adán y Eva, ¡Creernos dioses!

El Espíritu Santo ni siquiera aparece en este nuevo y errado concepto de Dios. Dentro de esta corriente, cuando se habla de “espíritu”, en nada se refiere a la Tercera Persona de la Santísima Trinidad, que nace del Amor del Padre y del Hijo y que comunica ese Amor a los seres humanos.

En fin, con este dios inventado no hay posibilidad de relacionarse, pues más bien se cree que todos formamos parte de esa “divinidad energética” a la que llaman dios.

Parece, incluso, que esa pretendida unidad de todos formando parte del dios energía, fuera lo mismo que la unión o comunión con el Dios único y verdadero que pregona el cristianismo y que, efectivamente, Dios nos ofrece. Pero es muy distinto. En la verdad y realidad cristianas, Dios se da a los seres humanos y espera que nosotros nos demos a El. El nos comunica su Amor y desea que le amemos a El (por cierto, sobre todas las demás cosas y personas). El nos ama para que nosotros le amemos y para que nos amemos entre nosotros con ese Amor con que El nos ama.

Y en ese Amor de Dios a nosotros, de nosotros a Dios y de nosotros entre sí, se da la unión. “Que todos sean uno como Tú, Padre, estás en Mí y Yo en Ti. Sean también ellos uno en Nosotros” (Jn. 17, 21).

Si amamos a Dios como El desea ser amado por nosotros y si nos amamos entre nosotros con ese amor con que Dios nos ama, estaremos unidos a Dios para toda la eternidad.

Pero aún en el más allá, cuando esa unión se dará a plenitud, y los que hayamos obrado bien estaremos resucitados en cuerpo y alma gloriosos en unión plena en Dios, Dios seguirá siendo Dios y nosotros seguiremos siendo nosotros.

Dios seguirá siendo Tres Personas y nosotros seguiremos siendo también personas. ¡¡Gracias a Dios que no seremos todos “spray” "espiritu informe gaseoso"!!

Feliz día del Señor. Que Dios os bendiga a todos.

Tomás Pajuelo Romero. Párroco.

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Aviso - Horarios de verano 2013 - Atención al cambio

A partir del próximo miércoles 1 de junio (hasta el 1 de septiembre) se modifican los horarios en nuestra Parroquia del Beato Álvaro y pasan a ser los siguientes:

MISAS:

  • LUNES a VIERNES: 21h.
  • SÁBADOS: 21:00h
  • DOMINGOS: 10h, 12h y 21:00h. 
Atención al cambio de horario: Las misas de tarde de Sábado y Domingo pasan de 21:30h en años anteriores, a las 21:00h en este año
EXPOSICIÓN SANTÍSIMO
  • Martes de 20h a 21 h.

CONFESIONES:
  • Todos los días 1 hora antes de la misa en despacho parroquial.
  • Sábados y Domingos: Durante las misas.
  • Martes durante la Exposición.

DESPACHO PARROQUIAL:
  • Todos los días 1 hora antes de misa.

19/5/13

«Recibid el Espíritu Santo»

DOMINGO DE PENTECOSTES

Lecturas: Hechos de los Apóstoles 2, 1-11 // Salmo 104 // 1ª Corintios 12, 3-7.12-13 // Juan 20, 19-23

Queridos hermanos y hermanas:

Un fresco de Pentecostés de Giotto di Bondone, de entre 1303 y 1305Estamos celebrando “Pentecostés”, cincuenta días después de la Resurrección. De esa cifra, “50”, viene la palabra “Pentecostés”, día de la venida del Espíritu Santo a los Apóstoles, reunidos en oración con la Santísima Virgen María.

Jesús había hablado de esto en varias oportunidades y había asegurado a los Apóstoles que después de irse, vendría el Espíritu Santo. Una de las personas a quien habló Jesús sobre el Espíritu Santo fue a Nicodemo.

Nicodemo era un judío, perteneciente al grupo religioso de los Fariseos, que tenía una preocupación sincera por conocer la Verdad acerca de Dios y acerca de Jesús. Era maestro de la Ley, pero quería aprender del verdadero Maestro. De allí que un día fue de noche, a escondidas, a ver a Jesús, para aprender de él (Jn. 3, 1-9). Tanto aprendió y tanto creyó en Jesús que fue uno de los pocos “valientes” que estuvo para el momento de la sepultura de Cristo (Jn. 19, 39). En esa noche de enseñanza, Nicodemo le pregunta sorprendido a Jesús: “¿Cómo puede volver a nacer un hombre ya viejo?” (Jn. 3, 4). ¡Claro! Tenía que sorprenderse: el Maestro le acababa de decir esto: “En verdad te digo, nadie puede ver el Reino de Dios si no nace de nuevo, de arriba”.

Ante el asombro de Nicodemo, Cristo le explica: “El que no renace del agua y del Espíritu Santo, no puede entrar en el Reino de Dios... Por eso no te extrañes que te haya dicho que necesitas nacer de nuevo, de arriba” (Jn. 3, 3-7).
Y ¿qué es nacer de nuevo, de arriba? Para entender esto, no hay más que ver a los Apóstoles antes y después de Pentecostés (Hech. 2, 1-11 y 5, 17-41). Antes eran torpes para entender las Sagradas Escrituras y aún para entender las enseñanzas que recibieron directamente del Señor. También eran débiles en su fe, deseosos de los primeros puestos y envidiosos entre ellos. Eran, además, temerosos para presentarse como seguidores de Jesús, por miedo a ser perseguidos.

Pero luego de recibir el Espíritu Santo en Pentecostés, cambiaron totalmente: se lanzaron a predicar sin ningún temor, llenos de sabiduría divina, con un poder de comunicación especial dado por el Espíritu Santo. En el idioma que fuera necesario, llamaban a todos -judíos y extranjeros- a la conversión.

A los que creían en el mensaje de Jesucristo Salvador, los iban bautizando. Así comienzan a formar nuevos discípulos y comunidades de cristianos, sin dejar de asistir a los necesitados.

Los torpes de antes comienzan a actuar con la Sabiduría de Dios. Los envidiosos de antes asume cada uno el lugar que le corresponde en la Iglesia de Cristo. Los temerosos de antes sufren persecuciones y llegan incluso a sufrir el martirio.

Así comenzó la primera evangelización. Ahora en nuestros días, al comienzo de este Tercer Milenio, los Papas (Juan Pablo II, Benedicto XVI y Francisco) y los Obispos nos están llamando a realizar una “nueva evangelización”. Pero para eso necesitamos ser transformados por el Espíritu Santo, como los Apóstoles en Pentecostés.

Nos dijo el Papa Juan Pablo II que el objetivo prioritario de la “Nueva Evangelización” es el fortalecimiento de la fe y del testimonio de los cristianos (TMA 42). Y Benedicto XVI ha creado el Pontificio Consejo para la Nueva Evangelización, para impulsar la re-evangelización del mundo, comenzando por Europa, Estados Unidos y Latinoamérica. Y el Papa Francisco continúa con los planes para la nueva evangelización en este Año de la Fe y también después.

Y... ¿en qué consiste dar testimonio de Cristo? Es ser y vivir, pensar y actuar como Cristo lo haría si estuviera en nuestro lugar. Precisamente en esto consiste evangelizar. Básicamente en eso consiste la “nueva evangelización” a la cual el Papa Juan Pablo II nos llamó, y la re-evangelización que quiso impulsar Benedicto XVI y que continúa el Papa Francisco.

Pero, para poder ser y actuar como Cristo, tenemos que “volver a nacer”; es decir, tenemos que nacer del Espíritu Santo. ¿Cómo sabemos que hemos nacido del Espíritu Santo? Veamos algunos síntomas:
  • Quien ha nacido del Espíritu Santo se da cuenta de que Dios es lo más importante en su vida.
  • Quien ha nacido del Espíritu Santo se da cuenta de que quiere vivir para Dios y para lo que Él le indique.
  • Quien ha nacido del Espíritu Santo se da cuenta de que, aunque se ocupe de todo lo que tiene que ocuparse, (trabajo, estudios, familia, amigos, etc.) toda su vida está centrada en Dios.
  • Quien ha nacido del Espíritu Santo sabe que va caminando hacia Dios su encuentro definitivo con El, que tendrá lugar al fin de los tiempos o nos llega en el momento de nuestra muerte.
  • Quien ha nacido del Espíritu Santo, además, siente necesidad de comunicarlo a los demás.
¿Cómo volver a nacer? ¿Cómo nacer del Espíritu Santo? ¿Cómo puede suceder esa trasformación? Veamos qué hicieron los Apóstoles.

En primer lugar creyeron y obedecieron el anuncio del Señor. En segundo lugar perseveraban en la oración junto con María, la Madre de Jesús. “Todos ellos perseveraban en la oración con un mismo espíritu... en compañía de María, la Madre de Jesús... Acudían diariamente al Templo con mucho entusiasmo” (Hech. 1, 12-14 y 2, 46).

El secreto es la oración, la oración con la Santísima Virgen María, la oración diaria y perseverante, como los Apóstoles antes de Pentecostés.

Para “volver a nacer” hay que creer en Dios, obedecerlo y orar. Así “seremos bautizados en el Espíritu Santo”.

Este domingo, después de 15 años como capellán de camino, no estaré en el Rocío porque tengo exámenes el 20, 21 y 22 de mayo. Por este motivo, por primera vez en 15 años "presidiré" como párroco las misas de Pentecostés en la Parroquia. Celebraré la del Sábado y las de las 10h y las 12h del domingo. Que Dios os bendiga a todos. Feliz día del Señor.

Tomás Pajuelo Romero. Párroco.

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12/5/13

¡Él es el Rey del Universo!

SOLEMNIDAD DE LA ASCENSIÓN DEL SEÑOR

Lecturas: Hechos de los Apóstoles 1,1-11 // Salmo 47(46) // Carta a los Hebreos 9,24-28.10,19-23 // Evangelio según San Lucas 24,46-53

Celebramos hoy la Fiesta de la Ascensión de Jesucristo nuestro Señor al Cielo. Y esta Fiesta nos provoca sentimientos de alegría, pues el Señor asciende para reinar desde el Cielo (¡El es el Rey del Universo!). Pero también evoca sentimientos de nostalgia, pues Jesucristo se va ya de la tierra.

Recordemos que Jesucristo había resucitado después de una muerte que fue ¡tan traumática! -traumática para El por los sufrimientos intensísimos a que fue sometido- ... y traumática también para sus seguidores, para sus Apóstoles y discípulos, que quedaron estupefactos ante lo sucedido el Viernes Santo

Luego viene para ellos la sorpresa de la Resurrección. Al principio no creyeron lo que les dijeron las mujeres, luego el mismo Señor Resucitado se les apareció varias veces, y entonces recordaron y creyeron lo que El les había anunciado. La verdad es que los Apóstoles no entendían bien a Jesús cuando les anunciaba todo lo que iba a suceder: lo de su muerte, su posterior resurrección y luego también lo de su Ascensión al Cielo.

De muchas maneras les anunció el Señor lo que hoy celebramos: su Ascensión. Y en esos anuncios se notaban en Jesús sentimientos de nostalgia por dejar a sus Apóstoles.

Después de su Resurrección, el Señor pasa unos cuarenta días apareciéndose en la tierra a sus discípulos, a sus Apóstoles, a su Madre, para fortalecerles la Fe.

La Primera Lectura del Libro de los Hechos de los Apóstoles nos dice: “Se les apareció después de la pasión, les dio numerosas pruebas de que estaba vivo y durante cuarenta días se dejó ver por ellos y les habló del Reino de Dios. Un día, les mandó: ‘No os alejéis de Jerusalén. Aguardad aquí a que se cumpla la promesa de mi Padre, de la que ya os he hablado ... Dentro de pocos días seréis bautizados con el Espíritu Santo’” (Hch. 1, 3-5).

La promesa del Padre era el Espíritu Santo, el Consolador, que vendría unos días después, en Pentecostés.

Entonces, los llevó a un sitio fuera y luego de darles las últimas instrucciones y bendecirlos, se fue elevando al Cielo a la vista de todos los presentes.

El impacto de este misterio fue tal, que aún después de haber desaparecido Jesús, los Apóstoles y discípulos seguían en éxtasis, mirando fijamente al Cielo.

Fue, entonces, cuando dos Ángeles interrumpieron ese éxtasis colectivo de amor, de nostalgia, de admiración al Señor, cuyo cuerpo radiantísimo había ascendido al Cielo, y les dijeron los dos Ángeles al unísono:

“¿Qué hacéis ahí mirando al cielo? Ese mismo Jesús que os ha dejado para subir al Cielo, volverá como lo habéis visto alejarse” (Hech. 1,11).

Como enseñanza de la Ascensión es importante recordar ese anuncio profético de los Ángeles sobre la Segunda Venida de Jesucristo: nos dicen los Ángeles que Cristo volverá de igual manera como se fue; es decir, en gloria y desde el Cielo. Jesucristo vendrá en ese momento como Juez a establecer su reinado definitivo.

Así lo reconocemos cada vez que rezamos el Credo: de nuevo vendrá con gloria para juzgar a vivos y muertos, y su Reino no tendrá fin.

El misterio de la Ascensión de Jesucristo es, también, un misterio de fe y esperanza en la vida eterna. La misma forma física en que se despidió el Señor -subiendo al Cielo- nos muestra nuestra meta, ese lugar donde El está, al que hemos sido invitados todos, para estar con El.

Ya nos lo había dicho al anunciar su partida: “En la Casa de mi Padre hay muchas mansiones, y voy allá a prepararles un lugar ... Volveré y los llevaré junto a mí, para que donde yo estoy, estén también ustedes” (Jn. 14,2-3).

La Ascensión de Jesucristo al Cielo en cuerpo y alma gloriosos nos despierta el anhelo de Cielo, la esperanza de nuestra futura inmortalidad.

Las Ascensión proclama no sólo la inmortalidad del alma, sino también la de cuerpo.

Recordemos que nuestra esperanza está en resucitar en cuerpo y alma gloriosos como El, para disfrutar con El y en El de una felicidad completa, perfecta y para siempre.

La Ascensión de Jesucristo nos recuerda también la promesa que hizo a los Apóstoles -y nos la hace a nosotros también- sobre la venida del Espíritu Santo.

Es el Espíritu Santo -el Espíritu de Dios- quien nos enseña y quien recuerda todo lo que Cristo nos dijo. Su venida la celebraremos el próximo Domingo.

Por eso, este tiempo previo a Pentecostés debiera ser un tiempo de oración, como lo tuvieron los Apóstoles después de la Ascensión. Ellos se reunían diariamente a orar con la Madre de Jesús, quien los consolaba y los animaba para cumplir la misión que el Señor les había encomendado.

Así estamos nosotros hoy también. Tenemos una misión que nos han encomendado Jesucristo y nos lo han recordados los Papas Juan Pablo II, Benedicto XVI y Francisco.

En su Carta Apostólica, Nuovo Millennio Ineunte (Al comienzo del nuevo milenio), el Papa Juan Pablo II nos pidió reforzar e intensificar la Nueva Evangelización y nos dio sus instrucciones: santidad, oración, primacía de la gracia, vida sacramental, escucha de la Palabra de Dios, para luego anunciar la Palabra de Dios.

Y tengamos en cuenta, además, lo que llama el Papa en su Carta “la primacía de la gracia”. Se refiere a nuestra respuesta a la gracia, recordándonos que “sin Cristo, nada podemos hacer”.

Y para poder vivir esa verdad tan olvidada, de que nada somos sin la gracia de Cristo, el Papa nos insiste en la necesidad de la oración.

Nadie puede dar lo que no tiene. Tenemos que llenarnos de Dios para llevarlo a los demás. Tenemos que llenarnos de la Palabra de Dios, para poder anunciarla a los demás. Bien decía Santa Teresa de Jesús: “Orar es llenarse de Dios para darlo a los demás”. Y Santo Domingo de Guzmán lo abreviaba aún más: “Contemplad y dad lo contemplado”.

Y no tengamos la idea equivocada de que la oración nos hace perder tiempo necesario para la acción: muy por el contrario, la oración nos hace mucho más eficientes en la acción.

El Papa Francisco dijo que todos los cristianos, los que han recibido la fe "debemos transmitirla, debemos proclamarla con nuestra vida, con nuestra palabra" para que más personas conozcan la "fe en Jesús Resucitado”. Y transmitir esto nos pide a nosotros ser valientes: el coraje de transmitir la fe, porque “la misión de la Iglesia es anunciar el Evangelio a todo el mundo sin tenerle miedo a las cosas grandes, pero manteniendo siempre la humildad”. (Fco, 3/5/13 y 25/4/13)

Que la Ascensión del Señor nos despierte, entonces, el deseo de responder a su llamada a evangelizar que nos hizo Jesús precisamente justo antes de subir al Cielo y que nos siguen pidiendo sus Vicarios aquí en la tierra que son los Papas.

Los Apóstoles, discípulos y primeros cristianos realizaron la Primera Evangelización. Nosotros, los cristianos de este tercer milenio, estamos llamados a realizar la Nueva Evangelización porque este mundo de hoy necesita ser re-evangelizado.

Que el Espíritu Santo nos renueve interiormente en su próxima Fiesta de Pentecostés para cumplir el mandato de Cristo y la llamada de la Iglesia a evangelizar. Que tengáis un feliz día del Señor. Que Dios os bendiga.

Tomás Pajuelo Romero. Párroco.

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5/5/13

VI DOMINGO DE PASCUA

Lecturas: Hechos de los Apóstoles 15, 1-2.22-29 // Salmo 67 // Apocalipsis 21, 10-14.22-23 // Juan 14, 23-29

Queridos hermanos y hermanas:

Pablo y BernabéEl que me ama guardará mi palabra y mi Padre lo amará y vendremos a él y haremos morada en él. Estas palabras de Jesús se han hecho realidad en muchas personas profundamente cristianas, a lo largo de los siglos. Todos hemos conocido a personas buenas, muy buenas, en las que hemos descubierto la imagen y la presencia de Dios. Fueron personas bondadosas y entregadas a los demás, capaces de sacrificarse y de gastarse y desgastarse por amor al prójimo. ¡Qué fácil era descubrir en ellas la bondad de Dios! Dios es amor y toda persona que ama de verdad está en Dios y vive en Dios, es Dios mismo quien vive en él. El amor verdadero no es una simple palabra humana, o un simple gesto humano; el amor verdadero es Dios. Cristo fue el amor de Dios encarnado en una persona humana y este mismo amor es el que Cristo quiere que sus discípulos le tengan a él. Toda persona que, mediante este amor, vive en comunión con Cristo, vive igualmente en comunión con el Padre. Ya sabemos que para san Juan, redactor de este evangelio de Jesús, el amor de Dios se manifiesta siempre en el amor al prójimo: el que dice que ama a Dios, pero no ama a su prójimo, es un mentiroso. Por tanto, si queremos vivir en comunión con Dios, si queremos que Dios habite en nosotros, amemos a Dios y manifestemos este amor en nuestro amor al prójimo. La habitación de Dios en el alma de las personas que aman de verdad es una de las promesas más consoladoras que Cristo hizo a sus discípulos. Pero también es una de las más difíciles de cumplir, por la debilidad y el egoísmo de nuestro corazón. Porque se trata de amar como Cristo nos amó, con un amor gratuito y sacrificado, que llega hasta la muerte de uno mismo para dar vida a los demás. Sólo con la gracia de Dios podremos amar de esta manera. Pidamos al Señor que nos conceda siempre esta gracia.
La paz os dejo, mi paz os doy. Cuando terminamos nuestras eucaristías saludamos y despedimos a los fieles diciéndoles “podéis ir en paz”. Durante la eucaristía, también es muy importante el momento en el que nos deseamos mutuamente la paz, “démonos mutuamente la paz”. Jesús saludaba a sus discípulos diciéndoles “la paz esté con vosotros” y es que la palabra paz, en el mundo hebreo, significaba el bien total de la persona: el bienestar físico, social y espiritual. Tener a Cristo, amar a Cristo, es tener paz. El bien de la paz es un bien maravilloso que Dios da a los que le aman. “Daría todos mis versos por un alma en paz”, decía el poeta bilbaíno Blas de Otero, al final de sus días. Los grandes santos sí fueron personas con una gran paz interior, en medio de sus muchas luchas y dificultades. “El que a Dios tiene nada le falta, sólo Dios basta”, decía santa Teresa. El amor de Dios, la inhabitación de Dios en nosotros, debe darnos paz, la paz de Dios, la paz de Cristo. Cristo no nos da su paz como nos la da el mundo, porque la paz del mundo no está cimentada en el amor de Dios, sino en intereses creados por nosotros. Pidamos a Cristo que nos dé su paz, la paz que brota y se fundamenta en el amor de Dios.

Amor, paz, alegría, fe… son los signos de la presencia de Dios en nosotros y entre nosotros. Hoy miramos nuestra vida y podemos revisar cómo se dan estos signos, si los estamos viviendo y en qué medida, si Dios verdaderamente ha hecho morada en nosotros y está en nuestro corazón, o por el contrario, nuestra vida es pura “fachada”. Precisamente para que la fe no fuera algo “exterior”, un mero cumplimiento de normas, la Iglesia convocó el primer Concilio de la historia, el Concilio de Jerusalén, allá por el año 50, para solucionar el problema de si los judíos que se convertían al cristianismo debían circuncidarse y seguir cumpliendo las normas judías o no. La Iglesia decide conservar el depósito de la fe, pero también adaptarse a las nuevas circunstancias y a la realidad de sus miembros. También valora el amor por encima de las normas y leyes. Porque, en el fondo, si lo que hacemos no pasa por el corazón, no sirve para nada.

Todos los domingos venimos a Misa. Pero si la Misa es un mero cumplimiento y no pasa por nuestro corazón, y nos lleva a trabajar por un mundo mejor, se queda solo en un ritualismo vacío. El verdadero encuentro con el Señor Resucitado ha de transformarnos interiormente y llevarnos al compromiso con nuestros hermanos. Que el amor, la paz, la alegría y la fe se transformen en instrumentos para construir un mundo mejor y unas mejores relaciones entre las personas que lo habitamos. Y que el Espíritu Santo que Jesús nos envía en su nombre nos ayude en esta tarea. En estas últimas semanas de Pascua la Iglesia entera suplica la venida del Espíritu Santo que se nos dará en Pentecostés.

Que Dios os bendiga a todos. Feliz domingo.

Tomás Pajuelo Romero. Párroco.

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24/4/13

Criterio práctico para distinguir si hacemos bien o mal


"Pues todo el que obra perversamente detesta la luz y no se acerca a la luz, para no verse acusado por sus obras. En cambio, el que realiza la verdad se acerca a la luz, para que se vea que sus obras están hechas según Dios." (Evangelio según San Juan 3,20-21)

En estas palabras de Jesús tenemos un criterio que nos puede servir cuando a veces nos entra la duda de si lo que vamos a hacer está bien o está mal. Y el criterio es este: Si lo vieran otras personas esto ¿me llenaría de vergüenza? Si es así, debemos pensar que lo que vamos a hacer algún día lo va a ver toda la humanidad en el Juicio Final. Si no lo haría delante de todos, tampoco lo hago aunque nadie se entere. Que todos nosotros obremos siempre para la luz, en la luz; dejemos las tinieblas para los que obran las cosas que prefieren que queden ocultas y que nadie conozca.

José Antonio Fortea Cucurull (Barbastro, España, 1968),
sacerdote y teólogo,
en uno de sus sermones.

21/4/13

“No perecerán jamás; nadie las arrebatará de mi mano”

IV DOMINGO DE PASCUA

Lecturas: Libro de los Hechos de los Apóstoles 13,14.43-52 // Salmo 100(99) // Apocalipsis 7,9.14b-17 // Evangelio según San Juan 10,27-30

La Liturgia nos presenta esta bella imagen del rebaño y el buen pastor una vez al año, en el Domingo Cuarto de Pascua, el cual dedica la Iglesia al Buen Pastor.

En el Evangelio vemos a Jesús como ese Buen Pastor que da su vida por sus ovejas. Y sus ovejas somos todos: los de este corral y los de fuera del corral. Dice Jesús: (Jn. 10, 27-30).

Es cierto, Jesús ha dado su vida por nosotros para que tengamos Vida Eterna. Privilegio inmenso que no merecemos ninguno de nosotros. Privilegio que requiere una condición exigida por el mismo Jesús en este trozo evangélico: “Mis ovejas oyen mi voz ... y me siguen”.

¿Cómo escuchar la voz de Dios para poder seguirlo a El y sólo a El? Porque ... hay muchas voces a nuestro derredor: los medios de comunicación, las malas compañías, los enemigos de la Iglesia, los que cuestionan la Verdad, los mentirosos, los ilegítimos, los seguidores del New Age, las mayorías equivocadas ...y los peores los que lo hacen desde dentro de la Iglesia.

Ya nos puso en guardia Jesús acerca de esos falsos pastores que no son El: “Huyen ante el lobo, porque no son suyas las ovejas, no le importan las ovejas y las abandona. Y el lobo las agarra y las dispersa” (Jn. 10, 11-13). ¿Y quién es el lobo? Nada menos que el Enemigo de Dios, el Diablo.

Por eso hay que saber escuchar la voz del Buen Pastor, de Aquél que sí “da la vida por sus ovejas”, de Aquél que sí las cuida bien. ¿Cómo reconocer esa voz? ¿Cómo reconocerla para seguirla, sabiendo que es la única que nos lleva a la Vida Eterna?

Quien oye la voz de Jesús, acepta y sigue su Palabra contenida en su Evangelio. Y la acepta en su totalidad y sin suavizarla, ni disminuirla; mucho menos, discutirla o cambiarla en alguna de sus partes.

Quien oye la voz de Jesús, oye la voz del Papa, quien es su Vicario, su Representante aquí en la tierra, y también, la voz de los Obispos y de los Sacerdotes que están en plena comunión con el Papa.

Quien oye la voz de Jesús oye la voz de aquellas otras ovejas que están en el corral y que están siguiendo la voz del Buen Pastor.

Quien oye la voz del pastor practica la obediencia, que no priva de la libertad, más bien la plenifica al optar libremente por nuestra obediencia a Dios y a su Iglesia.

El buen pastor es necesario, por eso debemos orar por nuestros pastores: El Papa Francisco, nuestro Obispo Demetrio y nuestros párrocos. Pero es muy necesario que oremos todos por los fieles, por ese rebaño de Dios, para que sepan escuchar, obedecer y seguir, la voz de los pastores. Que nos dejemos de caprichos y desobediencias gratuitas para justificar nuestra mediocridad. Qué facil es echarle siempre la culpa al cura...y no asumir nuestra dejadez y tibieza en el seguimiento de Cristo.

Ofrezcamos hoy la Eucaristía por nuestros pastores.

Tomás Pajuelo Romero. Párroco.

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17/4/13

Aviso de Cáritas Parroquial: Mercadillo benéfico de Primavera el 21 de abril

MERCADILLO BENÉFICO DE PRIMAVERA 2013

Como en años anteriores el próximo domingo día 21 después de misa de 12, en la puerta principal de la parroquia, Cáritas Parroquial expondrá un mercadillo en el que se pondrán a la venta artículos confeccionados, casi todos, por las voluntarias del taller de Cáritas. Entre ellos se encuentran: camisetas pintadas a mano, abalorios, canastos, etc. Como muestra presentamos una fotografía a continuación:


Por favor, contribuye generosamente con las personas que necesitan más que nosotros.

Caritas Parroquial Beato Álvaro de Córdoba

14/4/13

Cursillos prematrimoniales 2013 en la Parroquia del Beato

El pasado fin de semana, los días 12, 13 y 14 de abril, se celebraron en nuestra Parroquia los Cursillos de Preparación al Matrimonio en su edición de 2013, con la asistencia de unas veinticinco parejas de jóvenes de nuestra ciudad.

Durante el fin de semana todos hemos compartido nuestra vivencia de una fe común, desde la alegría del encuentro. Quiera Dios que les sea de utilidad esta experiencia que humildemente tanto catequistas como sacerdote ponemos en sus manos para bien de sus futuros matrimonios, familias cristianas y de la sociedad en general.

7/4/13

Divina Misericordia

II DOMINGO DE PASCUA

Lecturas: Hechos 5, 12-16 // Salmo 117 // Apocalipsis 9, la. 12-13. 17-19 // Juan 20, 19-31.

Queridos hermanos y hermanas:

Cuadro de la Divina Misericordia que está colgado en nuestra ParroquiaCelebramos en la Iglesia Católica la Fiesta de la Divina Misericordia, correspondiendo al Segundo Domingo de Pascua. Y es interesante observar que el Evangelio de este Domingo siempre es el mismo, pues no cambia según el Ciclo A, B o C; pero, además, siempre se usó el mismo texto evangélico antes de la reforma litúrgica post-conciliar, cuando este domingo se conocía como “Domingo In Albis”.

En efecto, el Evangelio es el texto de San Juan (Jn. 20, 19-31) que nos narra la primera aparición de Jesús a sus Apóstoles el mismo día de su gloriosa resurrección, al anochecer, mientras estaban la puertas cerradas.

¡Qué alegría sentirían estos hombres que habían quedado tan confundidos, tan apesadumbrados y atemorizados por la horrorosa muerte de Jesús! ¡Qué alegría al ver a ese mismo Jesús resucitado glorioso, mostrándoles las heridas de las manos y del costado, como para asegurarles que era El mismo!

Y acto seguido, nos dice San Juan Evangelista, el Señor “sopló sobre ellos y les dijo: ‘Recibid el Espíritu Santo. A los que perdonéis los pecados, les quedarán perdonados; y a los que no se los perdonéis, les quedarán sin perdonar”.

Es decir, Cristo, nada más salir del sepulcro, habiendo vencido a la muerte, al demonio y al pecado, lo primero que hace es dejarnos a nosotros los seres humanos, el medio efectivo para ser perdonados de nuestros pecados. Instituye en ese mismo momento el Sacramento de la Confesión, del Perdón.

¡Con razón Cristo ha querido declarar este Domingo Segundo de Pascua como la Fiesta de su Divina Misericordia! ¡Con razón el Papa Juan Pablo II, al declarar este día como el Domingo de la Divina Misericordia, tal como Jesús pidió a Santa Faustina Kowalska, ha dispuesto que se conserven los mismos textos en las Lecturas Litúrgicas! ¡Con razón siempre ha sido el mismo texto evangélico para este domingo, antes de la reforma litúrgica última y ahora se conserva el mismo texto evangélico para los tres Ciclos A, B y C!
El Sacramento de la Confesión es el Sacramento de la Divina Misericordia, llamado por el mismo Jesús, en sus revelaciones a Santa Faustina Kowalska, el “Tribunal de la Misericordia”. Y ¡qué Tribunal!

No se parece en nada a los tribunales terrenos, en los que los culpables son declarados culpables y tienen que pagar su pena. No así con Cristo. En su Tribunal funciona sólo la Misericordia, no la Justicia. Por justicia tendríamos que ser condenados. Pero en la Confesión, no se nos condena ... se nos perdona. Sólo basta estar arrepentidos y confesar la ofensa.

Sobre el arrepentimiento debemos decir que éste es condición indispensable para recibir el perdón en el Sacramento de la Confesión. Pero es importante destacar que podemos arrepentirnos de manera perfecta o de manera imperfecta.

El arrepentimiento perfecto o contrición consiste en arrepentirnos porque hemos ofendido a Dios. Este arrepentimiento perfecto puede ser con dolor o no. Y el dolor –es bueno recordar- es un regalo de Dios para el alma arrepentida; no lo podemos provocar nosotros mismos.

El arrepentimiento imperfecto o atrición consiste en arrepentirnos por miedo a las consecuencias de nuestros pecados, es decir, por miedo a la condenación y al infierno, o a las consecuencias de nuestro pecado. Aunque debemos siempre tratar de arrepentirnos de manera perfecta -por haber ofendido a Dios- el arrepentimiento imperfecto también sirve para recibir el perdón en la Confesión sacramental. Porque nos acerca con arrepentimiento y fe a recibir el sacramento.

¡Qué más podemos pedir! Cristo, enseguida de resucitar, dejó instaurado su Tribunal de Misericordia en el Sacramento de la Confesión. “Allí tienen lugar los milagros más grandes y se repiten constantemente”, dijo el mismo Cristo a Santa Faustina. “Basta acercarse con fe a los pies de mi representante (el Sacerdote) y confesarle con fe su miseria. Entonces, el milagro de la Misericordia se manifestará en toda su plenitud” (Diario 1448).

Y no importa la gravedad de las faltas confesadas. Dice el Señor: “Aunque el alma fuera como un cadáver descomponiéndose, de tal manera que desde el punto de vista humano no existiera esperanza alguna de restauración y todo estuviese ya perdido, no es así para Dios. El milagro de la Divina Misericordia restaura esa alma en toda su plenitud” (Diario 1448).

Tales son los milagros que allí suceden: almas muertas en vida, a nivel de cadáveres en descomposición, por culpa del pecado, restauradas plenamente para poder optar a la vida de gracia aquí en la tierra y a la vida eterna en el Cielo.

Y no creamos que la Confesión es sólo para los pecados mortales, pecados tan graves que matan la vida del alma y que la llevan a la podredumbre de la descomposición. La Confesión es también para los pecados menos graves, los llamados veniales, que también dañan el alma, ofenden a Dios y perjudican a las demás personas y también a la Iglesia.

El Papa Juan Pablo II supo esto muy bien. Por eso promovió la Confesión con tanto ahínco. En su Encíclica “Reconciliación y Penitencia” (#32) recomienda a los Sacerdotes: “Es necesario educar a los fieles a recurrir al Sacramento de la Penitencia, incluso sólo para los pecados veniales ... pues la gracia propia del Sacramento contribuye a quitar las raíces mismas del pecado”. Es como el trabajo del jardinero que extrae la hierba mala una y otra vez, cada vez que sale, hasta que va desapareciendo por completo.

Otro punto importante es que en el Sacramento del Perdón se dan beneficios espirituales infinitos y también beneficios humanos indiscutibles. No hay mejor liberación que una buena confesión, porque el confesionario es el sitio donde verdaderamente se deja la culpa, cuando la asumimos en toda su verdad y con toda sinceridad. Cuando nos sentimos culpables de algo ¿no tenemos la tendencia a desahogarnos con alguien? ¿Qué mejor sitio que el confesionario, donde no solamente podemos desahogarnos, sino también sentirnos verdaderamente perdonados?

Porque la Confesión Sacramental es el instrumento que Dios instituyó para dejarnos su perdón en forma visible, tangible, audible. El Señor ha escogido, en el caso de la Confesión y en los otros sacramentos, continuar su obra en la tierra a través de los hombres. A través de personas escogidas por Dios para darnos su perdón, podemos experimentar la Misericordia de Jesús, cuando oímos las palabras de absolución de boca del Sacerdote.

En efecto, Jesús le explicó a Santa Faustina que la fuente de su Misericordia era el Sacramento de la Confesión: “Cuando vayas a confesarte debes saber esto: Yo mismo te espero en el confesionario. Sólo que estoy escondido en el Sacerdote, pero Yo mismo actúo en el alma. Aquí la miseria del alma encuentra al Dios de la Misericordia”.

Para vivir así el sacramento de la confesión es imprescindible una fe profunda, recia, verdaderamente anclada en el encuentro de Amor con Cristo Resucitado. La verdad es que muchísimas veces nuestra "fe" es como la de Tomás, "si no meto mis dedos..." Exigimos a Dios pruebas palpables. ¿Qué mayor prueba que el perdón?

Tomás Pajuelo Romero. Párroco.

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24/3/13

“Me amó a mí y se entregó a sí mismo por mí”

DOMINGO DE RAMOS EN LA PASIÓN DEL SEÑOR

Lecturas: Libro de Isaías 50,4-7 // Salmo 22(21) // Carta de San Pablo a los Filipenses 2,6-11 // Evangelio según San Lucas 22,14-71.23,1-56

Estamos ya entrando a la Semana Santa. En efecto, este Domingo de Ramos se da inicio formal a la Semana de la Pasión de Jesús. Su persecución y condenación a muerte ya se había estado planeando desde antes, pero la revivificación de Lázaro en Betania, a poca distancia de Jerusalén que era el centro del poder civil y religioso, fue la gota que colmó el vaso, hasta tal punto que inclusive consideraron dar muerte también a Lázaro.

La entrada triunfal de Jesús a Jerusalén, que precisamente hoy recordamos, fue un impresionante recibimiento, pues la población lo aclamó como el Mesías, el esperado por tanto tiempo por el pueblo de Israel. Esta aclamación de Jesús por la mayoría del pueblo fue ciertamente provocada por el apoteósico milagro realizado pocos días antes: el haber vuelto a la vida a un muerto ya sepultado y en franco proceso de deterioro.

Hoy, Domingo de Ramos, además de recibir las palmas benditas, la Liturgia nos introduce en los detalles de la Pasión de Cristo. En efecto este año leemos la Pasión según la narra San Lucas (Lc. 22, 14 - 23, 56).
Meditar la Pasión del Señor es siempre un ejercicio muy provechoso para nuestra vida espiritual. Y resulta más provechoso cuando podemos personalizar los efectos de la Pasión, es decir, cuando podemos percatarnos de que cada sufrimiento de Jesús fue por mí y para mí. Caer en la cuenta de que yo personalmente estuve en el corazón y en la mente de Cristo en esos momentos es muy conveniente para aprovechar las gracias de redención que emanan de la Pasión salvadora de Jesús.

Parece que así lo reconoce San Pablo cuando escribe en primera persona: “me amó a mí y se entregó a sí mismo por mí” (Gal. 5, 2). Y se entregó al extremo, de manera que su cuerpo mortal quedó vacío de toda sangre y agua, al punto de que sus huesos podían verse y contarse a través de su piel (Sal. 22, 18).

El domingo de Ramos expresa perfectamente la dualidad de nuestra vida, somos capaces de lo mejor...y a la vez de lo peor. La multitud aclama a Jesús como Mesías y pocos días después, el Viernes Santo, grita ¡¡CRUCIFÍCALO!!

El domingo de Ramos es el pórtico de la Semana Santa, la lectura de la Pasión nos sumerge en los Misterios que vamos a vivir en estos días santos, Meditemos la Pasión, recemos con Cristo, vivamos los Misterios Esenciales de nuestra fe.

Tomás Pajuelo Romero. Párroco.

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22/3/13

Horario de Celebraciones Litúrgicas de Semana Santa 2013

A continuación detallamos los horarios de los distintos actos litúrgicos que se celebrarán en nuestra parroquia durante la Semana Santa 2013:

V SABADO DE CUARESMA
  • Sábado 23/mar, después de misa de las 20h, será el Via Crucis en Beato.
DOMINGO DE RAMOS
  • Misas: 10h, 12h y 20h.
MARTES SANTO
  • Misa Crismal en la CATEDRAL: 12h
JUEVES SANTO
  • Salida Procesional de la Hermandad de la Sagrada Cena: 16'00 h.
  • Misa de la Cena del Señor: 20:00 h.
  • Hora Santa ante el Monumento: 23'00 h.
VIERNES SANTO
  • Hora Santa ante el Monumento: 12'00 h.
  • Santos Oficios de Viernes Santo: 18'00 h.
  • La Parroquia estará abierta de 10'30 h. a 14 h.
SÁBADO SANTO
  • Solemne Vigilia Pascual: 23'00 h.
DOMINGO DE PASCUA
  • Misas del Domingo de Pascua: 10'00 h., 12'00 h. y 20'00 h.

14/3/13

Salida para recoger potitos y aportaciones

Tal como avisamos en el anterior informe de Cáritas Parroquial, el próximo Domingo 16 de marzo, los miembros de Cáritas Parroquial Beato Álvaro de Córdoba saldrán con los chicos y chicas de catequesis de Confirmación por todo el barrio (farmacias, supermercados etc.) solicitando a los vecinos una aportación en potitos.

10/3/13

Aviso - Exposición del Santísimo y oración los domingos de Cuaresma

Todos los domingos de Cuaresma (3, 10 y 17 de marzo) a las 19h tendremos Exposición del Santisimo y oracion, para ayudar a vivir este tiempo de preparación desde la oración y la adoración a Jesucristo. Será, como se ha indicado, durante 1 hora antes de la misa de tarde dominical.

7/3/13

Informe de Caritas Parroquial Beato Álvaro de Córdoba - Marzo de 2012

Queridos hermanos y amigos de la parroquia del Beato Álvaro de Córdoba os informamos a continuación de las próximas actividades de nuestra Cáritas Parroquial que tienen lugar en este periodo de Cuaresma y posterior. No os perdáis el testimonio de compromiso con Jesucristo, de amor por la persona necesitada, de comunidad de Iglesia y de sencillez con que estos hermanos y hermanas nos trasladan sus iniciativas y las necesidades que, confiando en el Señor, se esfuerzan por atender:

Hemos comenzado la campaña de Cuaresma de recogida de alimentos. Este año a petición del comedor social de los Padres Trinitarios hemos solicitado sobre todo para los bocadillos que les preparan para las cenas embutidos embuchados o enlatados, o bien envasados al vacío con algún mes de caducidad hasta que los entreguemos, igualmente vienen bien latas de conservas, etc. y también productos de higiene pues allí pueden asearse y les dan ropa limpia.

Este año hemos hecho coincidir con esta campaña la recogida de potitos que venimos haciendo anualmente para entregarlos en Cáritas parroquial del Polígono Gualdalquivir. Y el día 16 de marzo, saldremos con los chicos y chicas de catequesis de Confirmación por todo el barrio (farmacias, supermercados etc.) solicitando a los vecinos una aportación en potitos.

Avisamos que vamos a encargar papeletas para el sorteo de un traje de gitana como el del año pasado (o mejor aún) hecho a medida con el fin de poder recaudar algo de dinero para poder contribuir también económicamente con quienes lo necesitan.

Como a veces no somos conscientes de lo cerca que tenemos a personas necesitadas de ayuda, es bueno saber que también estamos repartiendo alimentos periódicamente a personas de nuestra propia parroquia, así como otro tipo de ayudas. No sabemos a qué puerta puede llamar el infortunio.

Sabemos que la situación actual para todos es bastante difícil y quizás sea mucho esfuerzo para quienes colaboren, pero afortunadamente esta parroquia y las personas que pertenecen a ella son una bendición de Dios y responden siempre. Por eso ahora que estamos en la Cuaresma cuando para convertirnos se nos pide oración, ayuno y limosna tenemos que ser conscientes de las grandes carencias, y cada vez más desgraciadamente, de muchas personas e intentar, dentro de las posibilidades de cada cual, ayudar en la medida de lo posible.

Desde Cáritas Parroquial sólo podemos aportar nuestra dedicación y trabajo, pero no somos nada ni nadie sin todos vosotros y toda la comunidad, que es la verdaderamente importante, nosotros solo somos obreros al servicio de Dios, sin recibir nada a cambio, solo satisfacción y esperemos que la Gracia de Dios, con eso nos conformamos.

Por todo ello es necesario que se conozcan estas necesidades y esta labor que hacemos entre todos, para intentar mover una vez más a la generosidad los buenos corazones que hay en el barrio, para atender a Cristo en la figura del hermano o hermana necesitado.


Usaremos los carteles que pueden verse a lo largo de estas líneas y que hemos confeccionado para estas campañas; ya se encuentran en las puertas de la parroquia.

Caritas Parroquial Beato Álvaro de Córdoba

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3/3/13

«Señor, déjala todavía este año»

III DOMINGO DE CUARESMA

Lecturas: Libro del Exodo 3,1-8a.13-15 // Salmo 103(102) // Carta I de San Pablo a los Corintios 10,1-6.10-12 // Evangelio según San Lucas 13,1-9

El Evangelio ofrece la parábola de la higuera estéril. La esterilidad de la higuera se refiere a la esterilidad de nuestra vida cuando no damos frutos espirituales.

Dios nos planta (nos crea), nos cuida (nos da todas las gracias que necesitamos). ¿Y nosotros? ¿Damos fruto? ¿O nos parecemos más bien a esas plantas muy frondosas llenas de hojas, pero sin ningún fruto en sus ramas, sólo hojas, hojas provenientes de nuestro egoísmo, hipocresía, falta de rectitud de intención, vanidad, auto-suficiencia, autonomía, racionalismo, orgullo, etc., etc.?
Dios espera frutos de santidad en nosotros mismos y frutos de santidad en los demás, por el servicio que espera de nosotros para la extensión de su Reino. Pero ¿qué hacemos? Nos creemos dueños de nosotros mismos.

No comprendemos que el árbol es del Señor. No comprendemos que estamos “ocupando la tierra inútilmente”.

No comprendemos que Dios quiere que su árbol, plantado y cuidado por El, dé frutos y los dé en abundancia. Pero ¡qué desperdicio! Ocupamos espacio inútilmente, sin dar el fruto esperado. Y el Dueño de la plantación después de tanto esperar, desea cortar la higuera estéril.

Pero siempre, como bien lo indica la parábola, Dios nos da otra oportunidad. Interviene de inmediato la Misericordia Divina, infinita como todas sus cualidades, para darnos más gracias aún. A pesar de nuestra esterilidad, nos dice el Evangelio que, antes de cortarla, espera un año más,“afloja la tierra alrededor y le echa abono, para ver si da fruto. Si no, el año que viene la cortaré”.

El Señor no nos “quema” al contario, nos dice que a pesar de llevar tantos años sin dar los frutos que el espera de nosotros, nos da otra nueva oportunidad... otra vez prepara la tierra de nuestros corazones con su Gracía, quita las malas hierbas de nuestros pecados con la confesión, remueve la tierra de nuestra pereza y desidia con el ayuno y la abstinencia, y en definitiva nos da la oportunidad de dar frutos de una vez por todas. La cuaresma es tiempo propicio para poder preparar la tierra, de preparar de verdad nuestros corazones a la conversión y de comenzar a dar frutos de Santidad.

Que Dios os bendiga.

Tomás Pajuelo Romero. Párroco.

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23/2/13

«Maestro, que bien se está aquí...»

II DOMINGO DE CUARESMA

Lecturas: Génesis 15, 5-12. 17-18 // Salmo 128 // Filipenses 3,17-4, 1 // Lucas 9, 28-36.

Queridos hermanos y hermanas:

Icono. Transfiguración del SeñorLa Liturgia de este Domingo nos habla de la Transfiguración del Señor. Nos habla de cómo serán nuestros cuerpos cuando seamos resucitados al final de los tiempos y al comienzo de la eternidad, porque en ese momento maravilloso seremos transformados, seremos también transfigurados.

Es lo que nos dice San Pablo en la Segunda Lectura (Flp. 3,17 - 4,1). Nos habla del momento de cuando vuelva Jesús del Cielo, en que “transformará nuestro cuerpo miserable en un cuerpo glorioso, semejante al suyo”.

Y ¿cómo es ese cuerpo glorioso de Jesús? El momento en que pudo verse mejor esa gloria divina en Jesús fue en el Monte Tabor cuando, en virtud de su poder, se transfiguró ante Pedro, Santiago y Juan.

Entonces ¿dónde podemos saber cómo seremos al ser resucitados? Entre otros pasajes de la Escritura, lo sabemos por boca ellos tres, que fueron los testigos de ese milagro maravilloso: la Transfiguración del Señor. Ese milagro fue preludio de la Resurrección de Cristo y es a la vez anuncio de nuestra propia resurrección.
Nos cuenta el Evangelio (Lc. 9, 28-36) que Jesús se llevó a esos tres discípulos al Monte Tabor. Allí se puso a orar y, estando en oración, sucedió ese milagro de su gloria: “su rostro resplandeció como el sol y sus vestiduras se hicieron blancas y fulgurantes”. Se entreabrió -por así decirlo- la cortina del Cielo y se nos mostró algo del esplendor de la gloria divina, la cual conocemos por el testimonio de los allí presentes.

Y decimos que se vio “algo” del esplendor de Dios, pues ningún ser humano hubiera podido soportar la visión completa de Dios.

Recordemos una de las experiencias de Moisés en el Monte Sinaí (Ex. 33, 7-11 y 18-23; Dt. 5, 22-27). Moisés le pidió a Dios que quería ver su gloria y Yahvé le contestó: “Mi cara no la podrás ver, porque no puede verme el hombre y seguir viviendo... tú, entonces, verás mis espaldas, pero mi cara no se puede ver”.

Ahora bien, Jesús invitó a Pedro, Santiago y Juan a subir con El al monte porque días antes les había hecho el anuncio de su próximo juicio, Pasión, Muerte y posterior Resurrección. Era necesario, entonces, reforzar la fe de sus más allegados, mostrándoles el fulgor y el poder de su gloria divina. Era necesario reforzar la fe en la próxima Resurrección de Cristo y la fe en la futura resurrección de los seres humanos, fe que los Apóstoles transmitirían en sus enseñanzas.

Ciertamente, seremos resucitados. Pero para ser así transformados, el camino es el mismo de Cristo, el que El comunicó a los Apóstoles con la Transfiguración y con el anuncio previo de su Pasión y Muerte: primero la cruz y luego la resurrección. Calvario y Tabor van juntos. Rostro herido y desfigurado por la Pasión, y rostro refulgente en la Transfiguración. Cuerpo ensangrentado y desangrado en la Cruz, y cuerpo cuya luz transforma su rostro y traspasa sus vestiduras en la Transfiguración.

Todos nosotros estamos llamados como los apóstoles a contemplar la gloria de dios pero el Señor nos recuerda en este tiempo de cuaresma que debemos abrazar con amor nuestra cruz. La cruz es el único camino para subir a nuestro monte Tabor.

Es cierto que en nuestros días no está de moda hablar de la cruz, del sacrificio, de la renuncia, de la persecución...pero sería traicionar los cimientos de nuestra fe NO hacerlo. Creo que hacemos un flaco favor cuando NO predicamos y anunciamos la CRUZ, por miedo a desentonar en la sociedad que vivimos. Estaríamos traicionando el mensaje del Evangelio, que es mensaje de PAZ, AMOR, PERDÓN, CRUZ y RESURRECCIÓN.

Pido a Dios todos los días fuerzas para vivir, aceptar y amar la Cruz que me manda y pido por toda la parroquia para que asumamos cada uno la Cruz como camino de la Gloria.

Feliz día del Señor. Tomás Pajuelo Romero. Párroco.

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17/2/13

Pertrechándonos para la lucha espiritual

PRIMER DOMINGO DE CUARESMA

Lecturas: Deuteronomio 26,4-10 // Salmo 91(90) // Carta de San Pablo a los Romanos 10,8-13 // Evangelio según San Lucas 4,1-13

La Cuaresma, que comenzamos con el Miércoles de Ceniza, nos invita a pertrecharnos para la lucha espiritual. ¿Cuáles son nuestras armas? Los medios que nos ofrece la Iglesia en este tiempo cuaresmal son: la oración, la penitencia, los ayunos, las limosnas; medios todos que nos ayudan a la conversión o cambio interior que requerimos para ir ganando este combate.

Los ejercicios del ayuno como respuesta a la sensualidad, de la limosna para atajar la avaricia, y de la oración contra la autosuficiencia, quieren ayudarnos a desprendernos de lo que impide la acción de Dios en nosotros.

La Liturgia de Cuaresma se nos abre precisamente con la batalla espiritual que Cristo libró contra el Demonio después de haber pasado cuarenta días de ayuno y oración en el desierto, en preparación para su vida pública de predicación al pueblo de Israel, entregándose a la Voluntad del Padre, en una misión que en poco tiempo lo llevaría a la muerte.

Y ¿qué es el desierto? Según la Sagrada Escritura, el desierto es el sitio privilegiado para encontrarse con Dios, para dejarse transformar por El. Hacer desierto es hacer silencio, retiro, etc... es buscar elencuentro con Dios.

Tal fue el caso del pueblo de Israel que vivió cuarenta años en el desierto. Y el desierto no sólo fue la travesía para llegar a la tierra prometida, sino también fue el sitio donde Yahvé fue moldeando al pueblo escogido para hacerlo depender sólo de El.

Sin embargo, el desierto, que para nosotros puede significar lugar de retiro, de silencio, de oración, no sólo es lugar de encuentro con Dios, sino también de lucha con el Demonio. Porque, a veces un encuentro privilegiado con Dios puede ir precedido de una lucha fuerte contra el Maligno, que se opone por todos los medios a ese encuentro nuestro con el Señor. Porque cuando estamos en la paz del silencio y de la rertirada del mundo, el demonio sabiendo que nos vamos a acercar más a Dios, nos tentará con fuerza. Nos dirá que la oración es tiempo perdido,que tenemos muchas cosas que hacer, nos vendrán a la mente un montón de cosas que no hemos hecho y que podríamos hacer...etc. Porque el quiere alejarnos del silencio y la oración. Pero no hay que temer. Recordemos: nunca seremos tentados por encima de nuestras fuerzas (cfr. 1 Cor. 10, 13). Jesús, al terminar su retiro, nos dice el Evangelio de hoy, “fue tentado por el Demonio” (Lc. 4, 1-13). Pero no vencido por el demonio.

Allí en el desierto, Jesús hizo que Satanás probara su derrota, derrota que completó con su Cruz y su Resurrección. Y esa derrota será plena y terminante el día de su venida gloriosa, cuando venga a establecer su reinado definitivo y ponga a todos sus enemigos bajo sus pies.

Nos dice el Catecismo de la Iglesia Católica (394) que el Demonio pretendió desviar a Cristo de su misión. ¡Qué osadía! Y pretendió esto con tres tentaciones: una de poder, otra de gloria y triunfo, y otra de bienestar material.

El Demonio intentará que nosotros también dejemos el plan de Dios pero con la oración, el ayuno, la limosna, la confesión, los sacramentos venceremos y conseguiremos no caer en la tentación.

Que Dios nos conceda a todos vivir la Cuaresma como un tiempo profundo de desierto interior en el que nos encontremos con Dios.

Que Dios os bendiga a todos. Feliz día del Señor.

Tomás Pajuelo Romero. Párroco.

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10/2/13

Avisos - Horarios Miércoles de Cenizas y celebración Solemnidad del Beato Álvaro


  1. El miercoles 13 de Febrero es Miercoles de Cenizas. Habrá misa a las 18h y a las 20h.
  2. Los dias 14, 15 y 16 habrá Triduo en honor al Beato Álvaro con el siguiente horario: Misa las 20h y después Exposición del Santísimo los tres días.
  3. El domingo 17 es la Solemnidad del Beato Álvaro y misa de 12h, a la que estamos todos invitados.

Aunque indignos, fueron escogidos por Dios. Como nosotros

V DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO

Lecturas: Libro de Isaías 6,1-2a.3-8 // Salmo 138(137) // Carta I de San Pablo a los Corintios 15,1-11 // Evangelio según San Lucas 5,1-11

Las tres lecturas de hoy nos presenta a tres hombres: Isaías, Pedro y Pablo. Tres personas ... como cualquiera de nosotros. Escogidos por Dios, llamados por Dios, que supieron responder a Dios.

“Aquí estoy, Señor. Envíame”, le respondió Isaías, a quien vemos en la Primera Lectura (Is. 6, 1-8).

En el Evangelio vemos a Pedro, acompañado de Santiago y Juan. “Desde hoy serás pescador de hombres”, le dijo Jesús a Pedro. Entonces, “llevaron las barcas a tierra, y dejándolo todo, lo siguieron (Pedro, Santiago y Juan)” (Lc. 5, 1-11).

En la Segunda Lectura vemos a Pablo. Y recordamos la lectura del día que celebramos su conversión (25 de enero) cuando, respondiendo a la luz y la voz que oye camino a Damasco, pregunta:“¿Qué debo hacer, Señor?” (Hech. 22, 3-16).

Nos cuenta el Evangelio que Jesús se subió a la barca de Pedro, con quien -por cierto- ya había tenido un contacto previo (cfr. Jn. 1, 35-42), y le pide alejarse un poco de tierra, para predicar desde allí. Al final de la predicación les ordena ir más adentro para pescar.

Pedro, pescador experimentado, dice que no hay pesca, que ya han probado, pero “confiado en tu palabra, Señor, echaré las redes”. Sucedió, entonces, la llamada “pesca milagrosa”: atraparon tantos peces que “las barcas casi se hundían”.

Al ver la manifestación del poder de Dios, a Pedro le sucede como a Isaías: se reconoce pecador e indigno y siente ese temor reverencial, que no es miedo. “¡Apártate de mí, Señor, porque soy un pecador!”. “No temas. Desde ahora serás pescador de hombres”, le dice el Señor. Y nos cuenta el Evangelio que llevaron las barcas a tierra y, dejándolo todo, lo siguieron.

A San Pablo le sucede lo mismo, cuando camino a Damasco para perseguir cristianos, la luz divina lo tumba al suelo y queda enceguecido.

Su sentimiento de indignidad lo resume en una palabra terrible, que nos trae la Segunda Lectura de hoy: “Finalmente se me apareció también a mí, que soy como un aborto. Porque yo perseguí a la Iglesia de Dios y por eso soy el último de los apóstoles e indigno de llamarme apóstol” (1 Cor. 15, 1-11).

Aunque indignos, fueron escogidos por Dios. Ahora bien ... ¡todos somos indignos, todos somos incapaces! Pero cuando Dios llama, purifica, prepara y equipa al escogido para la misión que le encomienda.

Dios nos llama a TODOS a una vocación común: "LA SANTIDAD". Seamos lo que seamos, curas, obispos, Papa, seglares, monjes, monjas, misioneros, colaboradores...lo que sea...TODOS tenemos que ser SANTOS. Tenemos que vivir plenamente según nuestro estado y condición, el evangelio, los mandamientos, la oración, la caridad...

Feliz domingo. Que Dios os bendiga a todos.

Tomás Pajuelo Romero. Párroco.

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8/2/13

Miércoles de Cenizas y Propósitos para Cuaresma

Con la imposición de las cenizas, se inicia una estación espiritual particularmente relevante para todo cristiano que quiera prepararse dignamente para la vivir el Misterio Pascual, es decir, la Pasión, Muerte y Resurrección del Señor Jesús.

Este tiempo vigoroso del Año Litúrgico se caracteriza por el mensaje bíblico que puede ser resumido en una sola palabra: "metanoeiete", es decir "Convertíos". Este imperativo es propuesto a la mente de los fieles mediante el rito austero de la imposición de ceniza, el cual, con las palabras "Convertíos y creed en el Evangelio" y con la expresión "Acuérdate que eres polvo y al polvo volverás", invita a todos a reflexionar acerca del deber de la conversión, recordando la inexorable caducidad y efímera fragilidad de la vida humana, sujeta a la muerte.

La sugestiva ceremonia de la ceniza eleva nuestras mentes a la realidad eterna que no pasa jamás, a Dios; principio y fin, alfa y omega de nuestra existencia. La conversión no es, en efecto, sino un volver a Dios, valorando las realidades terrenales bajo la luz indefectible de su verdad. Una valoración que implica una conciencia cada vez más diáfana del hecho de que estamos de paso en este fatigoso itinerario sobre la tierra, y que nos impulsa y estimula a trabajar hasta el final, a fin de que el Reino de Dios se instaure dentro de nosotros y triunfe su justicia.

Sinónimo de "conversión" es así mismo la palabra "penitencia"... Penitencia como cambio de mentalidad. Penitencia como expresión de libre y positivo esfuerzo en el seguimiento de Cristo.

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Propósitos para cuaresma:

  • Miércoles de Ceniza: Asistiré con toda mi familia a la iglesia para recibir la ceniza.
  • Jueves después de Ceniza: Leeré un pasaje del evangelio sobre la Pasión de Jesús para conocer más de Él.
  • Viernes después de Ceniza: Haré un sacrificio en la comida por amor a Jesús.
  • Sábado después de Ceniza: Rezaré un misterio del Rosario por todos los que están alejados de Jesús.
  • 1er Domingo de Cuaresma: Me confesaré con mucha devoción para renovar mi amistad con Jesús.
  • Lunes I semana de Cuaresma: Cumpliré con mis responsabilidades con alegría y sin quejarme.
  • Martes I semana de Cuaresma: Haré un acto de caridad con alguien más sin que nadie se de cuenta.
  • Miércoles I semana de Cuaresma: Hablaré sólo cosas buenas y positivas de los demás.
  • Jueves I semana de Cuaresma: Rezaré un Padrenuestro con toda mi familia antes de comer pidiendo por las familias que no están unidas.
  • Viernes I semana de Cuaresma: Haré un sacrificio por amor a Jesús.
  • Sábado I semana de Cuaresma: Rezaré un misterio del Rosario ofreciéndolo por los que están en pecado mortal.

  • II Domingo de Cuaresma: Visitaré a Jesús durante 15 minutos en el sagrario.
  • Lunes II semana de Cuaresma: Daré algo mío a alguien que lo necesite más que yo.
  • Martes II semana de Cuaresma: Cumpliré con mis responsabilidades con alegría y sin quejarme.
  • Miércoles II semana de Cuaresma: Haré un acto de caridad sin que nadie se de cuenta.
  • Jueves II semana de Cuaresma: Leeré un pasaje del evangelio sobre la Pasión de Jesús para conocer más de Él.
  • Viernes II semana de Cuaresma: Rezaré el Vía Crucis.
  • Sábado II semana de Cuaresma: Rezaré un misterio del Rosario por los sacerdotes y misioneros.

  • III Domingo de Cuaresma: Invitaré a misa a algún familiar o amigo que esté alejado de Dios.
  • Lunes III semana de Cuaresma: Ordenaré aquella área de mi casa que tengo más descuidada.
  • Martes III semana de Cuaresma: En la comida platicaremos de las cosas buenas que hemos recibido de Dios.
  • Miércoles III semana de Cuaresma: Haré un acto de caridad por alguien más sin que se den cuenta.
  • Jueves III semana de Cuaresma: Hablaré sólo cosas buenas y positivas de los demás.
  • Viernes III semana de Cuaresma: Perdonaré de corazón a todas las personas con las que pueda estar enojada o alejada.
  • Sábado III semana de Cuaresma: Rezaré un misterio del Rosario ofreciéndolo por todos los que aún no están bautizados.

  • IV Domingo de Cuaresma: Comulgaré con mucha devoción.
  • Lunes IV semana de Cuaresma: Leeré un pasaje del evangelio sobre la Pasión de Jesús para conocer más de Él.
  • Martes IV semana de Cuaresma: Cumpliré con mis responsabilidades con alegría y sin quejarme.
  • Miércoles IV semana de Cuaresma: Daré algo mío a alguien que lo necesite más que yo.
  • Jueves IV semana de Cuaresma: Rezaremos en familia antes de ir a dormir pidiendo por las familias desunidas.
  • Viernes IV semana de Cuaresma: Rezaré el Vía Crucis.Sábado IV semana de Cuaresma: Rezaré un misterio del Rosario ofreciéndolopor los que están en pecado mortal.

  • V Domingo de Cuaresma: Visitaré a Jesús durante 15 minutos en el sagrario.
  • Lunes V semana de Cuaresma: Haré un sacrificio en la comida por amor a Jesús.
  • Martes V semana de Cuaresma: Cumpliré con todas mis responsabilidades con alegría y sin quejarme.
  • Miércoles V semana de Cuaresma: Compartiré un consejo con alguien que lo necesite.
  • Jueves V semana de Cuaresma: Rezaré un Padrenuestro por el Santo Padre.
  • Viernes V semana de Cuaresma: Haré tres sacrificios ofreciéndolos por el arrepentimiento de los pecadores.
  • Sábado V semana de Cuaresma: Rezaré un misterio del Rosario por el arrepentimiento de las personas que ofenden a Dios

  • Domingo de Ramos: Participaré de los oficios del Domingo de Ramos.
  • Lunes Santo: Escribiré una carta para cada uno de los miembros de mi familia agradeciéndoles por su amor.
  • Martes Santo: Haré un sacrificio en la comida por amor a Jesús.
  • Miércoles Santo: Haré un acto de caridad sin que nadie se de cuenta.
  • Jueves Santo: Asistiré a los oficios para agradecer a Jesús que se quedó en la Eucaristía.
  • Viernes Santo: Rezaré el Vía Crucis en una iglesia.
  • Sábado Santo: Rezaré un Rosario para acompañar a María en su dolor.
  • Domingo de Resurrección: ¡ALEGRÍA! Asistiré a misa para celebrar la victoria de Jesús sobre el pecado.

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